Blog, Stephen King

Sangre en las duchas


Primer capítulo del libro “Mientras no escribo: La verdad sobre ‘Carrie’ y ‘El Resplandor’ de Stephen King” (“On watching. The truth about Stephen Kings’s youth masterpieces“), del historiador y periodista canadiense Buck Richman, traducido al español. Título del capítulo: ‘Blood in the shower’.

Sangre en las duchas

Era mediodía del tercer sábado de septiembre de 1963. Los muchachos de undécimo grado del Instituto Lisbon Falls de Maine habían celebrado un entrenamiento matutino de baloncesto, que terminó con un partidillo informal entre ellos. Los chicos se estaban vistiendo en el vestuario tras una reparadora ducha y comentaban los planes para la tarde, entre risas y bromas. Probablemente irían a ver una película de miedo al cine de reestreno y acabarían en casa de alguno de ellos para comentar la película acaloradamente. Es lo que hacían todos los sábados. Aquellos no eran los muchachos más populares del instituto. Años atrás, el equipo de baloncesto era el más popular de todos los equipos de Lisbon Falls. Pero había perdido ese honor en favor del equipo de fútbol americano. La culpa la tuvo un joven llamado Brad Tailor. “Braddie”, como se le conocía popularmente, era un estudiante promedio, con un don prodigioso para el baloncesto. Su entrenador decía que era tan extraordinario jugando a aquel deporte que sin duda llegaría a triunfar en las ligas universitarias. Un día, en una inspección rutinaria, encontraron un kilo de marihuana en la taquilla de “Braddie”, escondida tras los libros de educación cívica. Y la joven promesa fue apartada del equipo sine díe. Aquella semana, el Lisbon Falls debía disputar la clasificación para la final del campeonato escolar. Las súplicas del entrenador no ablandaron al director del instituto, que se negó rotundamente a conmutarle el castigo. El equipo jugó contra el Stanton y perdió por 104 a 48. Un desastre. Pero lo peor no fue el resultado. En el cuarto tiempo del partido, “Braddie” Tailor, evidentemente despechado, organizó un tumulto en la grada que terminó con cuatro personas hospitalizadas. Entre ellas, el director del instituto, quien fue golpeado en la cabeza con un botiquín. No se supo quién lo hizo. Se sospecha que fue “Braddie” Tailor, pero no pudo comprobarse. Lo que sí se supo es que Tailor cayó en descrédito, y también el equipo de baloncesto, y los muchachos más populares se fueron decantando desde entonces por deportes menos estigmatizados, como el fútbol americano o el béisbol.

El baloncesto, en 1963, era un deporte “relajado”, por usar la expresión que empleaban los propios miembros del equipo. “Es el deporte en el que menos te cansas”, afirmó un día Josh Walters, el capitán del equipo, un muchacho orondo de sonrisa permanente, que sentía más querencia por los donuts de la pastelería que por el aro del equipo rival. Las películas, los comics, el programa televisivo The Twilight Zone y los refrescos completaban las aficiones de aquellos muchachos poco llamados a derramar sudor en la cancha. Entre sus aficiones no se encontraban las chicas.

Antes de ver una película de miedo, los chicos solían especular acerca del número de muertes que verían en pantalla y, particularmente, sobre la forma en que se producirían esas muertes. Y jugaban a escenificarlas. Josh Walters sugirió de repente una muerte por aplastamiento y se lanzó sobre Frankie Raguso, el escuálido base del equipo, que no pudo esquivar los casi cien kilos de ingenio de Walters. El resto de muchachos reían y terminaban de vestirse. Uno de los chicos, sin embargo, continuaba en la ducha. Era el más alto de todos, el pívot del equipo. “Con visión telescópica de serie”, solía decir Walters, porque el muchacho llevaba siempre gafas de pasta, incluso para jugar al baloncesto. Las llevaba puestas también bajo el agua, en aquel momento. Estaba tan absorto en sus pensamientos que había olvidado quitárselas antes de acceder al habitáculo de las duchas. El chico estaba allí parado, en soledad, con la cabeza inclinada, dejando que el agua se precipitara sobre su cuerpo y cayera al suelo. Gotas de sangre formaban círculos del tamaño de una moneda, que luego se diluían en la corriente hasta perderse por el desagüe. Sangraba abundantemente. Y también derramaba lágrimas. “¡Eh, Stevie!”, gritó uno de sus compañeros desde el vestuario. “¿Estás bien?” “Sí”, respondió el chico, tratando de secar su llanto por debajo de las gafas empañadas. “¿Quieres que te acompañemos a la enfermería?”, preguntó otro desde la distancia, sin que ninguno hiciera amago de acercarse. El chico había recibido un balonazo en el entrenamiento, y su nariz había cedido. Quizá se había roto. “¡No, estoy bien!”, gritó desde la ducha. “¡Ya dejó de sangrar! ¡Marchad sin mí! ¡Luego nos vemos!” Los compañeros no insistieron. Se fueron entre bromas y el vestuario quedó en silencio, permitiendo que cobraran fuerza los ecos y el ruido subterráneo del chapoteo del agua sobre las baldosas. El muchacho lloró entonces abiertamente. Se llamaba: Stephen King.

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Mientras no escribo: Agradecimientos


Hoy, domingo 10 de marzo, arranca la publicación por fascículos de la biografía literaria de Stephen King, centrada en los primeros años de carrera del escritor más exitoso del siglo XX. Su título: “On watching. The truth about Stephen King’s youth masterpieces” (‘Mientras no escribo: la verdad sobre ‘Carrie’ y ‘El Resplador’ de Stephen King). Su autor: Buck Richman. La publicación se está llevando a cabo en el sitio web personal de Buck Richman. Publicaremos los fascículos aquí, traducidos al español.

Primer fascículo: Agradecimientos (Aknowledgement).

Agradecimientos

La mayor parte de los materiales de este libro proceden de mis propias observaciones. Para hacerlas posibles me trasladé a Maine y viví en aquel hospitalario Estado de la costa Este durante más de dos años, como un lugareño más. En ese tiempo entrevisté a cientos de personas. A gente mayor básicamente. Porque son los viejos de lugar quienes vivieron los años objeto de mi estudio, las que conocieron de manera directa los hechos que quería investigar, porque, en algunos casos, fueron incluso parte de la historia que pretendía desenterrar. Muchas entrevistas fueron informales. Tan informales que más solían parecer charlas entre amigos que el trabajo de un periodista de investigación. A todos ellos, mis nuevos amigos de Maine, por vuestra desinteresada colaboración, gracias.

La base documental la obtuve de archivos oficiales. Es de justicia que agradezca su generosa disposición a Logan Perry, Jefe de la Policía de Maine, que me abrió los archivos de la Jefatura Policial del Estado de Maine; a James Finney, presidente de la Universidad Estatal de Maine, por permitirme el libre acceso a la ingente base documental administrativamente adscrita a tan prestigiosa institución; a Patrick McCain, presidente de la cámara de comercio del Estado de Maine, por proporcionarme diligentemente cuantos datos le solicité, y fueron muchos; y a Edgar Laymon, subdirector del Porland Press Herald por regalarme literalmente su tiempo y memoria guiándome por las inabarcables hemerotecas del Porland Press Herald y del Maine Sunday Telegram.

Deseo, por último, mostrar mi agradecimiento más especial a algunos profesionales sin cuya ayuda habría sido imposible la elaboración de este libro: a August E. Douglas, abogado, por su asesoramiento en asuntos legales; a Christie Kiernan, doctora en Psiquiatría, por compartir conmigo sus conocimientos en el ámbito de la mente humana; y al señor Peter Sturgeon, editor de Watergate Books por animarme a emprender este proyecto, a priori descabellado, y ofrecerme toda la ayuda humana, material y económica que han hecho posible convertirlo en realidad.      

                                                                                                                 Buck Richman

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Noticias, Stephen King

‘ON WATCHING’ ya tiene fecha de publicación


El historiador canadiense Buck Richman anunció ayer en rueda de prensa que la esperadísima biografía de juventud de Stephen King, que lleva cinco años escribiendo, verá la luz, por fin, en septiembre de 2019. Es decir, dentro de a penas seis meses. Sensacional noticia. El libro, que en España y Latinoamérica se titulará “Mientras no escribo. La verdad sobre ‘Carrie’ y ‘El Resplandor’ de Stephen King” (‘On watching. The truth about Stephen King’s youth masterpieces‘), aborda los inicios literarios del genio de Maine desde un punto de vista absolutamente novedoso. ”Esta biografía”, declaró Richman, “desvela informaciones inéditas que permitirán conocer por fin las circunstancias reales que llevaron a King a escribir sus dos novelas más famosas: Carrie y El Resplandor”. Y esto, sin duda, causará polémica. Los pocos privilegiados que tuvimos ocasión de leer las galeradas de este libro en las jornadas sobre Metaficción Literaria, celebradas en Toronto en enero del año pasado, damos fe de ello.

Para quien no lo conozca, Richman ya se mostró al mundo como un biógrafo polémico cuando cuestionó la versión oficial del asesinato de Kennedy con su controvertido libro “JFK. Un homicidio involuntario” (‘JFK. An involuntary manslaughter’), en el que sostenía que el ex-presidente de Estados Unidos había muerto de forma accidental. Un posicionamiento que causó un terremoto mediático y le reportó a Richman innumerables críticas y elogios.

Ahora se anuncia un nuevo seísmo. Y ya tenemos fecha.

Siendo la fecha de aparición de “On watching” una buena noticia, no obstante, la novedad importante de la rueda de prensa ayer fue otra: que habrá un avance del libro en internet. Richman publicará los capítulos de su nueva biografía, de manera gratuita, en su sitio web personal. Así, los más impacientes, podrán leer por fascículos “On watching” antes de que aparezca el libro en formato e-book o en papel, en septiembre. Y lo hará al sorprendente precio de cero dólares. Y es que Richman afirmó no querer ganar dinero con esta biografía. “Ya soy suficientemente rico”, respondió a preguntas de un periodista, “Sólo pretendo que el público conozca la verdad que hay detrás de las dos novelas más influyentes del último tercio del siglo XX”.

Yo, humildemente, me comprometo a traducir esos fascículos según vayan apareciendo y a publicarlos aquí, en este sitio web, en español, para que los fans hispanohablantes de Stephen King puedan acceder a esa polémica biografía antes incluso de que llegue a las librerías en septiembre, para que conozcan de primera mano las informaciones que, sin duda, cambiarán la visión que se tenía hasta ahora del genio del terror.

Noticias, Stephen King

Buck Richman indaga en la juventud de Stephen King


Stephen King, en la presentación de un libro (imagen de archivo)

El historiador canadiense Buck Richman está punto de lanzar una nueva biografía, que promete ser polémica. Y esta vez le ha tocado a Stephen King. El libro, que en España y Latinoamérica se titulará “Mientras no escribo. La verdad sobre ‘Carrie’ y ‘El Resplandor’ de Stephen King” (‘On watching. The truth about Stephen King’s youth masterpieces‘), se sumerge en los comienzos literarios del genio de Maine desde un punto de vista absolutamente novedoso. Según palabras del propio Richman, esta biografía “desvela informaciones inéditas que permitirán conocer por fin los verdaderos motivos que llevaron a Stephen King a escribir sus dos novelas más famosas: Carrie y El Resplandor”. El historiador canadiense ha avanzado que esta nueva biografía va a sacudir los foros de debate del fandom de King en el mundo entero.

Richman ya sacudió foros de debate de medio mundo cuando cuestionó la versión oficial del asesinato de Kennedy con su polémico libro “JFK. Un homicidio involuntario” (‘JFK. An involuntary manslaughter’), que sostenía la tesis de que el ex-presidente de Estados Unidos había muerto de forma accidental.

Todavía no hay fecha de publicación para esta última biografía de Richman, pero sí se sabe que en breve se lanzará un avance del primer capítulo. Los fans de Stephen King estaremos atentos.

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El verdadero origen de “El resplandor” y “Carrie” de Stephen King


Dicen que a Stephen King se le ocurrió la idea de Carrie después de trabajar limpiando el vestuario de chicas de un instituto. Lo dice el propio Stephen King.

Pero no es verdad.

Dicen que a Stephen King se le ocurrió la idea de El resplandor después de hospedarse en el hotel Stanley de Colorado. Lo dice el propio Stephen King,

Pero no es verdad.

La verdad sobre el origen de El resplandor Carrie… va a ver la luz.

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Una crítica “nada feroz”


(04/10/2018) Trece años después se me ha ocurrido traducir la única crítica que recibió el montaje del estreno de A mi manera, en 2005. La traduzco porque la crítica fue escrita en catalán. Su autor es Aleix Cabrera. Y apareció publicada en La finestra digital. Es una crítica… “nada feroz”. La reproduzco aquí:

A la manera de los Atic 3

En su décimo aniversario, el Versus Teatre de Barcelona presenta A mi manera, una comedia agridulce con sólo dos intérpretes (Gemma Argilés y Ferran Vergés) que acompañan al público por el terreno de la insatisfacción, las confidencias y las esperanzas. Con guion original de Marc Egea –también director de la obra– la compañía Atic 3 da el primer paso en los escenarios profesionales, y lo hace por la puerta pequeña, con discreción, sin pretensiones, pero dejando el listón bien alto.

A la salida, el público se deshace en elogios. La interpretación, la historia… A mi manera les ha tocado el corazón, porque en ella se mezclan realidad y ficción, ficción y realidad. Es una obra que habla de lo que nos rodea, de nosotros, de nuestros deseos y de nuestros miedos. Habla de ti, que lees estas líneas, de mí y de -incluso- aquel desconocido con el que te cruzaste hace dos días.

El relato nos presenta a dos jóvenes que se conocen en un chat donde se hacen toda clase de confidencias. Se cuentan sus sueños y cada uno, a su manera, empuja al otro a dar el paso para hacerlos realidad. Poco a poco, sus universos empiezan a confluir. El universo cinéfilo de él, con la película Casablanca como trasfondo, y el universo de ella, representado por Sinatra.

Palabras milimetradas y silencios con eco

El guion de Marc Egea hace avanzar a los personajes por una cadena de acciones, emociones y suspiros hacia un clímax que el espectador puede intuir, aunque mantiene la incertidumbre hasta el último desenlace. Parece que todo esté calculado al milímetro, las palabras, como explica uno de los personajes de la obra, incluso los silencios. Esos silencios que se ensanchan, que tienen su propio eco y que manienen el corazón del espectador encogido hasta que se rompen.

La obra se completa con una interpretación fluida y veraz que viste el guion. Gemma Argilés (Leticia de Peter Shaffer) y Ferran Vergés dan vida a los dos desconocidos que se conocen a través de internet y demuestra que para atrapar al público no son necesarios grandes decorados. Su versatilidad en cambiar de registro te hará sentir como alguien que se esconde tras la mirilla de la puerta para saber qué pasa en el rellano.

El éxito de A mi manera ha llevado a la compañía Atic 3 a prorrogar hasta el 4 de diciembre. Lo que vendrá después no lo sabe ninguno de ellos “Somos muy nuevos en esto”, comenta Ferran Vergés a las puertas del Versus Teatre. El teatro que hace diez años que acoge actores y directores emergentes. Su director, Ever Blanchet, se refiere a él en la revista Teatre BCN como “un espacio de autoría, de signo propio, que programa contenidos contemporáneos con una opción clara de renovación, originalidad y compromiso estético”. A mi manera reúne estos requisitos y pone la guinda al pastel de los diez años de Versus. Es hora de soplar las velas.

A propósito de esta crítica…

Alguna vez me han preguntado si existió una obra titulada Extraños en la noche. La respuesta es… Sí. Extraños en la noche existió. La escribí. Y se llegó a representar. Un vez. En un pase doble especial, junto con A mi manera, el 7 de octubre de 2007 (dos años después del estreno de A mi manera). Pero no se representó en Madrid. Se representó en Barcelona, en un centro cívico. Aquel pase fue la única vez que se llevó a escena Extraños en la noche. Después no se volvió a representar. Nunca más. El pase se tituló “Manera extrañas”.

También me han preguntado dónde está el libreto de Extraños en la noche. No se encuentra ninguna información de esa obra en toda la página web. ¿El motivo? Extraños en la noche cobra sentido con A mi manera. Una cosa lleva a la otra.

Llevará.

 

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Cómo atraer público a tu obra de microteatro


Te cuento una historia que quizá conoces:

Eres actor, actriz o director y te hace ilusión montar una obra de microteatro. Cuentas con los recursos humanos, técnicos y artísticos. Así que te lanzas. Eliges la obra cuidadosamente. Presentas candidatura en una sala de microteatro. Resultas seleccionado. Preparas, ilusionado, la obra (ensayos, vestuario, maquillaje, atrezzo, escenografía, iluminación…), hasta que por fin llega el día del estreno. Y es un éxito total. Público, crítica. Esa noche, a penas puedes moverte por los pasillos de la cantidad de gente que se acerca a felicitarte. Estás en una nube. Al día siguiente, vuelves al teatro, feliz  porque tienes nuevas funciones por delante. Pero te encuentras con que sólo acuden 2 ó 3 espectadores a los pases. O incluso menos. ¿Qué ha pasado aquí?

¿Te resulta familiar esta historia? Por desgracia, sucede más veces de las deseadas. Si te ocurrió a ti, seguro que en ese momento te preguntaste: “¿Qué hemos hecho mal?” Pues la respuesta es que probablemente no hicisteis nada mal. Pero sí es cierto que hay algunas cosas que se pueden hacer mejor. Aquí van 4 sencillos consejos que te ayudarán a maximizar los espectadores de tu obra de microteatro:

1. Cartel (afiche) de la obra

Muchos espectadores asisten a las salas de microteatro sin saber qué obra van a ver. La asistencia a las salas de microteatro, a menudo, más cerca de ser una actividad social  (una excusa para encontrarse con amigos y tomar unas copas) que un actividad cultural. Un cartel (afiche) atractivo que llame la atención entre copas puede decantar la elección en el último momento.

2. Vestuario y escenografía

Escenografía, vestuario y atrezzo son, sin duda, los aspectos del montaje más costosos, tanto si lo medimos en dinero como en tiempo. Pero sugerimos que no los menosprecies. Al público no le gustan las soluciones de compromiso. Si tu montaje tiene una ambientación especialmente cuidada, la noticia correrá como la pólvora en el vestíbulo del microteatro. Y no tienes por qué gastarte mucho dinero. Es una cuestión de imaginación.

3. Fotos con el público

Anima a los espectadores a fotografiarse contigo al finalizar la función. Recuerda que el microteatro es una actividad muy social. La mayoría de las veces estarán encantados de hacerlo. Esas fotos irán a las redes sociales y servirán para animar a nuevos amigos a ver tu obra.

4. Redes sociales

Hoy en día, elaborar material promocional es muy barato. Sólo es cuestión de dedicarle un poco de tiempo. Abre una página en Facebook y en Twitter dedicada a tu obra de microteatro y aliméntala diariamente con fotos, vídeos, comentarios, etc. Conéctala con las redes sociales de la sala de microteatro y con las de tus amigos y conocidos. Te sorprenderá la cantidad de gente sabrá de tu obra en muy poco tiempo. Si tienes cuentas Blogger, WordPress o parecidas, no descartes crear también una página web. Da imagen de profesionalidad.

 

En fin. Que es una lástima que una buena obra -bien dirigida por el director y bien interpretada por los actores- pase desapercibida en un recinto de microteatro solo porque los vecinos de sala supieron atraer mejor al público. La próxima vez, ten en cuenta estos aspectos y empiézalos a trabajar desde el primer día. Verás cómo vale la pena.

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¿Por qué nadie ha oído hablar de “Estocolmo mon amour”?


¿Por qué nadie ha oído hablar de “Estocolmo mon amour“?

Quizá la mejor manera responder a esta pregunta sea repasar el recorrido que ha tenido esta obra de teatro. Para ello hay que retroceder hasta el año 2003.

Escribí “Estocolmo mon amour” hace catorce años, cuando tomé la decisión de convertirme en dramaturgo profesional. Como me faltaban “padrinos” en el mundillo teatral, sabía que tenía que dar la campanada con un brillante primer golpe. Y así concebí “Estocolmo mon amour”. Como un golpe. La obra debía convertirse en mi particular “Reservoir dogs”, no tanto por sus semejanzas con la película de Tarantino sino por el papel que deseaba que desempeñara en mi carrera.

Siguiendo el guión que se repite en las mejores biografías, lo siguiente que debía hacer era encontrar la productora que llevara “Estocolmo mon amour” a la cartelera y, de ahí, a la senda del éxito. Como sabía que nadie estaría interesado en leer el libreto de un autor novel, decidí montar yo mismo un pase de muestra en mi ciudad natal, e invitar a todas las empresas teatrales de la zona a verlo. Pedí ayuda a mis mejores amigos de la universidad para que hicieran de actores y, gracias a la sorprendente implicación de todos ellos, conseguimos, tras largos meses de trabajos, alzar todos juntos por primera vez el telón de “Estocolmo mon amour”, en un pequeño teatro del barrio de Gracia de Barcelona. Al final no fue un pase, sino cuatro, debido al éxito. Pero no importó demasiado. Ningún productor fue a verla.

Probé entonces el camino inverso. Y apunté más alto. Imprimí cientos de copias de “Estocolmo mon amour” y las envié a todas las productoras y compañías españolas que había en ese momento (o al menos a aquellas de las que tuve constancia en unos tiempos en que internet no estaba tan desarrollado como ahora). A todas las que pude, les  llevé yo mismo el libreto. Así recorrí muchos kilómetros. Literal. En algunos casos pude ver cómo, tras la respuesta amable de la secretaria de turno, el libreto iba a encabezar una montaña de papeles, preocupantemente cerca de la papelera.

No recibí ninguna respuesta.

Se me ocurrió entonces ampliar horizontes. Así que traduje y adapté la obra al inglés y la envié (también en papel, mediante correo postal) a todas las productoras británicas y norteamericanas de las que tuve conocimiento. Y el panorama se iluminó un poco. Recibí respuestas. Pero la mayoría de ellas para decirme que ésa no era forma de promocionar un trabajo y que, por tanto, no iban a leer siquiera el libreto. Fue más de lo que obtuve de las productoras españolas, ciertamente. Pero era muy poco. Y bastante decepcionante. La manera de hacer llegar obras a una productora anglosajona pasaba inevitablemente por tener un agente o representante en Reino Unido y Estados Unidos. Y eso era imposible para mi bolsillo, que estaba adelgazando a una velocidad asombrosa. Eso hizo que empezaran a surgirme pensamientos negativos. ¿Y si habían leído de la obra y no les había gustado? ¿Y si “Estocolmo mon amour” no era tan buena como yo pensaba?

Habían pasado tres años y seguía estancado en la casilla de salida. Así que empaqueté “Estocolmo mon amour” y la guardé en un cajón para el resto de los tiempos. Fue entonces cuando escribí mi segunda obra, titulada “A mi manera”. Una obra visceral, en parte autobiográfica, lo suficientemente pequeña como para poder producirla yo mismo. Así que monté “A mi manera” y conseguí llevarla a la cartelera profesional. Y fue sólo en ese momento cuando me consideré por fin dramaturgo. Desde entonces, el camino ha sido duro, pero también bonito. He tenido la suerte de ver cómo algunas de mis obras llegaban a los escenarios. Y eso es lo máximo que puede pedir alguien que se dedica a escribir obras de teatro para el público.

Mientras tanto, todos estos años, “Estocolmo mon amour” ha dormido en un cajón.

Hasta que un buen día, no hace mucho tiempo, a un director argentino, Daniel Di Rubba, le llamó la atención aquel extraño título de mi currículum. Me pidió que le dejara leer “Estocolmo mon amour”, y yo se la mandé. Unos días después, Di Rubba me confirmaba que su compañía iba a comenzar los trabajos para poner en pie un montaje argentino de “Estocolmo mon amour”. La entrañable producción de Di Rubba llegó a representarse en la emblemática calle Corrientes de Buenos Aires y, posteriormente, incluso hizo gira por distintas ciudades de Argentina.

Sin conexión con este hecho, un año después, la casualidad hizo que el director de fotografía español, César Pujol Montegrifo, llegara a mi web buscando un guionista que le escribiera una escena dialogada para unas pruebas de cámara. Tras el afortunado episodio con Di Rubba, “Estocolmo mon amour” había salido de la oscuridad y el libreto lucía por primera vez en mi web, a disposición de todo aquel que quisiera leerlo. César Montegrifo lo leyó y decidió que aquel iba a ser el material con que debutaría como director de cine. Dicho y hecho. Un año después, a petición suya, empecé a trabajar en la conversión de “Estocolmo” a guión cinematográfico. Y desde entonces hasta ahora, todo ha ido muy rápido. Actualmente, la película se encuentra ya en fase de post-producción y su estreno está previsto para finales de 2017. El largometraje cuenta con Antonio Garrido, Marian Aguilera e Ingrid García Jonsson como cabeza de cartel y todo hace pensar que llegará al gran público.

Y es en estos momentos cuando recuerdo que a penas nadie ha visto la obra de teatro. Al menos en España. Porque, aunque película y obra se parecen mucho, no son lo mismo. El cine es una cosa y el teatro otra. Me habría gustado que todo hubiera ido de otra manera: que un productor se hubiese enamorado de ella, nada más verla, el día que la presenté en aquel pequeño teatro de Gracia, junto con mis amigos de la universidad, hace catorce años. No por afán de dinero y fama rápidos, sino por el deseo sincero de compartirla con el público desde el primer instante. Parece que ahora se presenta una nueva ocasión, tras el estreno de la película. Me aconsejan que, aprovechando su lanzamiento en las salas de cine, dé carta blanca a la producción de un montaje teatral de “Estocolmo mon amour” en España. El primero. Su estreno oficial.

Y apuesto por ello. Pronto se abrirá el proceso para elegir productora. Y la elección está completamente en mis manos. No quiero para “Estocolmo mon amour” la productora más importante, ni la más grande, ni la más famosa. Sino la idónea. Una productora que reúna las cualidades de quienes creyeron en esta obra en el pasado: el atrevimiento de César Montegrifo, el cariño de Daniel Di Rubba y el entusiasmo de mis viejos amigos de universidad.

En homenaje y agradecimiento a todos ellos deseo que, dentro de unos años, sean muchas las personas que puedan decir que un día vieron en un teatro… “Estocolmo mon amour”.

Marc Egea

Barcelona, 25 de abril de 2017

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No han hecho la película ¿porque no se atreven con ella?


Steven Spielberg va a llevar al cine la novela distópica “Ready Player One”, de Ernest Cline. Ridley Scott va a llevar al cine la novela de ciencia ficción “Marciano”, de Andy Weir. ¿Quién llevará al cine la novela “Los alucinantes viajes en el tiempo de los EE.UU.”, de Rafferty Z. Jackson?

Seguramente, nadie. Y, para mí, esta última novela, que fusiona los géneros de las dos anteriores, es quizá la más rompedora.

Igual se deba a que su controvertido autor está en busca y captura por la CIA y el FBI. Y a Hollywood no le gustan los problemas. Pero me atrevo a afirmar que a “Los alucinantes viajes en el tiempo de los EE.UU.” de Rafferty Z. Jackson no le falta ni uno solo de los ingredientes que han llevado a Spielberg y Ridley Scott a decidirse por esos dos títulos que, muy probablemente, van a convertirse en bombazos de taquilla: es original, atrevida, ágil, sorprendente, directa, desacomplejada, absorbente, y extremadamente cinematográfica.

Escrita por un exagente del FBI acusado de revelar secretos de Estado, “Los alucinantes viajes…” se interna en el terreno de la especulación histórica con el atrevimiento de quien no tiene nada que perder. Y se atreve con todo. Amparado por la coartada de estar contando una historia de ficción, Jackson presenta un documento aparentemente disparatado que, no obstante, esconde una agudísima crítica social y política. Estamos hablando de una novela irreverente, ácida, iconoclasta y divertida, terriblemente divertida, que se lee de un tirón y le deja a uno con ganas de más.

Esperemos que el autor de esta singular propuesta (el tipo que -creemos- podría estar detrás de Rafferty Z. Jackson y de su propio destino), se atreva con más novelas de un género que ha demostrado manejar con tanta brillantez, mientras va forjando, a golpe de autoedición y micromecenazgo, una genuina carrera de “ezcritor” que merecerá la pena no perder de vista. ¿O hará falta que venga Hollywood con su película para que todos nos fijemos en él?

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Competencia digital


El cortometraje, titulado “Lava” que acompaña a la proyección del último éxito de taquilla de Pixar, “Inside Out” (“Del revés”, en España, “Intensa-mente” en hispanoamérica), sirve, entre otras cosas, para que la empresa Disney muestre al público que, hoy en día, ya es técnicamente posible crear digitalmente, con absoluta perfección y realismo, fenómenos naturales tan complejos como las nubes, el humo de explosiones o el mar. Con este último logro, que hasta ahora se resistía, parece que ya se puede crear en pantalla cualquier réplica imaginable de la realidad, sin que se note que está hecha digitalmente.

Esta tecnología todavía es cara y muy trabajosa. Pero si pensamos en la manera en que suelen evolucionar este tipo de cosas, lo más probable es que, con el tiempo, estas herramientas sean cada vez más baratas y manejables. Esto lleva a suponer –y ahora sí voy aventurar un poco- que en un futuro, quizá un poco lejano, será posible que una sola persona, desde su casa, pueda llegar a elaborar y terminar una película completa: una película de apariencia real. Sin la ayuda de nadie.

Las implicaciones que tiene esto son muchas. De entrada, creo que no desaparecerán necesariamente las producciones “analógicas”, filmadas a la manera de siempre, con actores reales, operadores de cámara, de sonido, etc. Pero sí tendrán que afinar mucho a la hora de satisfacer los gustos del público, ya que se van a encontrar con una competencia amplísima y desacomplejada, tal como ya viene sucediendo en el mundo de la novela desde que es posible la auto-publicación digital por internet. En cualquier caso, quien seguro que va a ganar con el cambio es el público porque la competencia aumenta.

¿Y qué ocurrirá con el teatro? Parece que, hasta la fecha, en el teatro, los avances tecnológicos están sirviendo básicamente para que pueda haber en escena mejores efectos con menos costes. Pero no se vislumbra ninguna revolución digital que lo ponga todo patas arriba. Así que, mientras el teatro sea un arte escénico en el que unos actores reales –de carne y hueso- actúan en directo para un público, la clase de transformación que está viviendo la novela ahora y que vivirá el cine en el futuro, difícilmente se va a producir.

Esto tiene aspectos buenos y aspectos malos, en mi opinión. Mientras la novela y el cine van a verse sometidos permanentemente a una lucha brutal por llegar al público (y también la música y la televisión, por los mismos motivos) que repercutirá indudablemente en la calidad de los productos ofrecidos (y en la mejor adecuación de los productos a los distintos tipos de públicos demandantes), el teatro seguirá con las mismas reglas de siempre. Con ese encanto de lo humano, lo directo, lo inmediato, lo vivido.

A pesar de que esto parezca garantizar los puestos de trabajo de mucha gente dedicada al teatro, creo que, el hecho de no sufrir una revolución digital, puede dejar al teatro en una posición de desventaja. Porque, a menos que un espectador desee específicamente saborear esas señas distintivas que sólo puede ofrecer el teatro –las propias de un espectáculo en vivo-, los otros medios van a ser una fuerte competencia. Porque el tiempo que una persona puede dedicar al ocio es limitado y siempre acabará decantándose por aquellos entretenimientos que le proporcionen más satisfacción, sin que importe el medio al que pertenecen.

Así que haremos bien en no dormirnos aquellos que, de una u otra manera, trabajamos en teatro. Conviene que desarrollemos nuevas fórmulas que nos hagan más competitivos respecto al cine y la televisión, y conviene, sobre todo, que mejoremos la calidad intrínseca de nuestros trabajos enfoncándonos en nuestro destinatario último: el espectador. Una obra de teatro no compite con otra obra de teatro; una obra de teatro compite con toda la oferta de entretenimiento circundante. Y esa oferta es cada vez más abundante y más específica.

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¿Cuánto dices que dura esa obra?


Los espectadores muestran cada vez más interés por saber cuánto dura la obra de teatro que quieren ver. Esto ha puesto en alerta tanto a dramaturgos como a productores, que se están empezando a preocupar por dar a sus obras de teatro la duración exacta que quiere el público.

Pero, ¿ cuál es esa duración?

Antiguamente, una obra duraba lo que duraba, sin que importara mucho lo que el público pudiera pensar. Uno puede encontrar clásicos de hora y media y clásicos de más de tres horas. Modernamente, sin embargo, las obras adoptaron una longitud más o menos parecida a la de las películas de cine: entorno a la hora media y las dos horas (a las que había que sumar, por cierto, en muchas ocasiones, la pausa del intermedio).

La avalancha audiovisual, no obstante, ha he hecho que tienda a querer contenidos cada vez más rápidos, directos, tanto en extensión como en ritmo (basta ver ahora un videoclip de los años 90 y nos sorprenderá la pasmosa lentitud de su montaje). La clave del asunto está en separar estos dos aspectos: el ritmo y la duración. ¿La gente se está volviendo reacia a las obras largas o a las obras lentas?

El debate está servido. En las salas pequeñas, las obras difícilmente duran más de una hora. Existen también propuestas exprés donde las obras no llegan a los quince minutos. Y están teniendo mucha aceptación. Pero, ¿no nos hemos encontrado nunca con que una obra de 6o minutos se nos hacía eterna? ¿Y no nos ha pasado, por el contrario, que una obra larga nos ha tenido pegados a la butaca sin que tuviéramos noción del paso del tiempo?

La clave creo que está en el ritmo, y no tanto en la duración de una obra. Conviene estar atento a los cambios de gustos. Creo que hará bien el teatro si mira a su alrededor y toma nota de la velocidad a la que se mueven las cosas. Las disciplinas artísticas son muchas pero el público es único. Y el público cada vez está más acostumbrado a los ritmos ágiles.

Blog, Cosas de castings

¿Qué texto elegir para un casting?


Algo fundamental a la hora de preparar un casting es elegir bien el texto que se va a representar. No importa que el texto sea ajeno o que esté escrito por uno mismo. Lo importante es que se ajuste al propósito que uno se ha marcado. Y el objetivo no es otro que conseguir la plaza vacante. Con ese objetivo en mente, veamos algunos consejos útiles para dar con el texto adecuado:

  1. Que el texto contenga los registros fundamentales del papel al que optamos. Si el personaje al que optamos es cómico, convendrá elegir un texto cómico; si el personaje al que optamos es dramático, convendrá un texto dramático. Parece obvio pero hay que decirlo, ya que uno de los motivos por los que más aspirantes se descartan en los castings es por presentarse con un material mal orientado. De poco sirve demostrar nuestras habilidades en un campo que, en ese momento, no interesa al director. Si tenemos muchas habilidades, fenomenal. Podemos grabar videos con esas habilidades. Pero en el casting, el tiempo es oro, y todo lo que distraiga al director de encontrar exactamente lo que busca, va jugar en nuestra contra.
  2. Evita textos subidos de tono o con lenguaje grosero. A estas alturas, son más que habituales las películas con escenas subidas de tono o con palabrotas o expresiones malsonantes que a nadie escandalizan. Pero, fuera de contexto,  incomodan. Se perciben de un modo más crudo, y pueden llegar incluso a resultar molestas. A menos que la película u obra de teatro a la que aspiras se mueva en esos terrenos, mejor evítale al director de casting una situación incómoda.
  3. Que el nivel de dificultad del texto no exceda el nivel de capacidad de uno. Se trata de mostrar lo que sabemos hacer, no lo que no sabemos hacer. Un texto maravilloso que nos sobrepase nos dejará en evidencia y minará nuestra credibilidad profesional; sin embargo, un texto estándar, limitado, que permita mostrar con solvencia la cualidad exacta que está buscando el director, puede ser perfecto para obtener un papel determinado.
  4. Que el texto sea breve y directo. Es muy probable que, en un casting, no dispongamos de tres minutos (incluso en castings en que nos han pedido que llevemos preparado un texto de tres minutos). Muy habitualmente los directores mandan terminar la interpretación del actor/actriz antes del final. Por esta razón, conviene llevar un texto que sea breve y que, sobre todo, ponga a trabajar tus habilidades desde el principio. Es mala idea confiar los mayores efectos a los momentos finales porque corres el riesgo de no poder llegar a mostrarlos. Asegúrate, pues, de que enseñas lo máximo lo antes posible.
  5. Que tu monólogo tenga una historia. Siempre puedes intentar retrasar el momento de esa finalización abrupta -o incluso aspirar a que no se produzca- eligiendo un monólogo que cuente una historia. Las historias tienen un inicio, un desarrollo y un final, y están diseñadas para que el espectador quiera conocer el final. En sucesivos posts, detallaremos las características de este tipo de textos. Mientras tanto, cuando busques textos, puedes ponerte en la posición del espectador y valorar si el texto despierta tu curiosidad por saber cómo termina. Si no lo hace, mejor busca otro.
  6. Evita los textos famosos. Un texto muy conocido no va a conseguir despertar en el director de casting esa curiosidad por saber cómo termina… porque ya sabe cómo termina. Pero, sobre todo, nos va a colocar en posición de desventaja ya que, inevitablemente, comparará nuestra interpretación con la del actor/actriz que la hizo célebre… y con la de cientos de aspirantes que también lo han representado delante de él. Evita aburrir y exponerte a comparaciones indeseables. Si puedes, deja los textos famosos para los demás.

En resumidas cuentas se trata de encontrar un vehículo que nos permita demostrarle al director de casting que nosotros tenemos la clase de talento que está buscando. Nada más. No añadamos interferencias. No tenemos que recitar el texto más bello, ni el más completo, ni el más original del mundo. Busca el texto que más te acerque a ese objetivo, por sencillo o desconocido que sea. Y, si no lo encuentras, no tengas reparos en intentar escribirlo. En próximos post enseñaremos cómo escribir un buen monólogo para casting.

Nota: Estos consejos asumen que el papel al que opta el actor/actriz es un papel conocido. A veces, no obstante, hay castings en que no se especifica qué papel se está ofreciendo. Trata de averiguar, siempre que sea posible, qué buscan exactamente los promotores del casting. Si no te lo quieren decir, plantéate si realmente quieres tomar parte en esa producción. Si lo haces, lleva entonces varios textos preparados o un texto de múltiples registros para tratar de cubrir el mayor número posible de campos.

Blog, Microhistorias

El chico que no quería colarse en el tren


Un chico llega corriendo a la estación de tren. En la taquilla hay una cola kilométrica. Perderá el tren si hace la cola. Así que entra directamente en el tren, sin comprar billete.

Una vez en el vagón, una pasajera le llama la atención por haberse colado. El chico saca del bolsillo el importe exacto de un billete y se lo pone en la mano a la chica.

– Haremos una cosa -le dice-. El próximo día que tomes un tren, saca un billete de más y luego lo rompes.

– ¿Por qué no lo haces tú?

– Ésa era mi intención. Pero como sé que no me crees (es normal que no confíes en mí, lo  entiendo) , lo haremos así-. Cierra la mano de la chica. -Acuérdate: Un billete de más. Lo rompes. Confío en ti.

Blog, Pensando en voz alta

¿De palabra o por escrito?


El vecino de Javier es músico, un músico profesional. Un músico muy bueno. Anoche, ese músico -vecino de Javier- llevó a cabo la mejor actuación de su vida. Javier, que estuvo entre los espectadores del concierto -porque nunca se pierde un concierto de su vecino- disfrutó extraordinariamente. Por desgracia, Javier no tuvo ocasión de felicitar a su vecino al término de la actuación, así que esta mañana, al salir de casa, le ha dejado una nota pegada a la puerta de su piso.  Una nota original, sincera, emotiva. Ocurre sin embargo que, al salir a la calle, Javier ve venir por la acera a su vecino músico, con una barra de pan debajo del brazo.

El encuentro es inevitable porque ya han hecho contacto visual. ¿Qué debe hacer Javier cuando se den alcance? ¿Debe felicitar a su vecino músico de palabra, repitiendo así el mensaje que éste encontrará dentro de unos segundos en la puerta de su casa? ¿O tiene que callar para que su vecino reciba el impacto de la nota de felicitación, aun a riesgo de parecer un desconsiderado en el momento del encuentro por no hacer ninguna mención del concierto de la noche anterior?

Creo que el escritor vocacional es el tipo de persona que suele decantarse por la segunda opción…

Blog, Cosas de castings

¿Qué es un casting?


Aunque todos sabemos perfectamente qué es un casting, creo que puede ser interesante que nos acerquemos, por un momento, a la definición de casting teniendo en cuenta, esta vez, su finalidad, su objetivo, ya que esto podría darnos las claves para saber cuál es la mejor manera de afrontar un casting y evitar así cometer errores fatales en lo sucesivo.

Vamos, pues, con ella.

Desde el punto de vista del actor/actriz, un casting es aquella actuación dramática mediante la cual un aspirante muestra sus habilidades a un director que necesita contratar un actor/actriz. Desde el punto de vista del director/productor, un casting es la convocatoria de actores que efectúa un empresario del espectáculo con el fin de encontrar al actor idóneo para cubrir una plaza vacante.

Mirando por encima las dos definiciones, se ve fácilmente que un casting es, básicamente un encuentro entre dos partes, un aspirante y un director, que se lleva a cabo por la necesidad que ambas partes tienen de la otra. El aspirante necesita un trabajo y el director necesita un trabajador. Y cada uno de ellas ofrece al otro lo que el otro busca. Solemos considerar que el director está en una posición de ventaja respecto al aspirante por un motivo desequilibrante: porque el aspirante, en realidad, ya ha encontrado el trabajo que buscaba mientras el director sigue inmerso en la búsqueda por encontrar un trabajador. Por esto y también porque la ley de la oferta y la demanda actúa implacablemente (en un mundo con más producciones teatrales/cinematográficas que actores/actrices, sin duda los castings serían algo así como una convocatoria que organizaría un actor/actriz para elegir la producción más apropiada para él).

Ciertamente, cuesta imaginar una fila de productores esperando, a la puerta de un actor/actriz, compitiendo por ofrecerle el puesto de trabajo más atractivo. Pero sería así, seguro. El hecho, no obstante es que, en el mundo real, existen muchos más actores/actrices que producciones y, como parece que no va a cambiar la cosa, nos centraremos solamente en el primero de los panoramas. El casting es, pues: la prueba que el director organiza para encontrar al candidato perfecto. ¿Cuáles son los dos aspectos fundamentales que deberá tener en cuenta el aspirante? La necesidad y la competencia. El casting surge de una necesidad que tiene el director (esto da ventaja al aspirante), pero, para obtener el mejor resultado, lo organiza de manera competitiva (esto se la quita). Si hay mucha competencia de actores pero no hay trabajo, el casting no tiene sentido. Si para un trabajo no hay competencia, el peor actor conseguirá el trabajo. Y el casting no tiene sentido. Lo que proporciona sentido al casting es la necesidad y la competencia. Y también la dificultad. Y sin duda lo convierte en una disciplina actoral apasionante que el aspirante puede aprender a perfeccionar con el tiempo.

En sucesivos posts iremos hablando de los aspectos y decisiones que pueden llevar a un aspirante a hacer el casting ideal, lo cual equivale a decir: el casting que le proporcione el trabajo que quiere.

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