las reglas. romper. superpoder. no es tenet


Cosillas que pasan cuando uno escribe teatro…

Febrero de 2018. Estoy escribiendo una obra nueva. Título provisional: “Superpoder”. Voy a empezar la escena 21. Sitúo la acción en una curva solitaria de una carretera de montaña. Y, puestos a imaginar, la curva tiene grandes árboles a ambos lados (parecidos a los de la secuencia inicial de “E.T., el extraterrestre”).

No es exactamente eso de la foto. Pero se parece bastante.

En mi opinión, esta escena 21 es clave para el desarrollo de la trama porque permite regresar al momento en que se conocen los protagonistas, Jake y Candy y, sobre todo, porque en ella el Dr. Bannister descubre -desde otro momento temporal- que Candy tiene superpoderes.

(Nada que ver con Tenet).

Y pienso en el futuro montaje teatral (el de carne y hueso). Y deseo que, cuando la monten, el escenario se parezca a la foto. Pero eso no es posible. Porque vamos por la escena 21. Y antes de ésta, hay 20 escenas más. Y aún quedan otras 11 escenas para llegar a la última, la 32 (si no contamos la 33, que es una pequeña escena post-créditos, ambientada en una playa de Florida).

Mucha escena (parece más una película). Imposible convertir el escenario en tantas cosas, así que supongo que lo acabarán resolviendo con una ambientación más o menos ‘simbólica’.

Mmmm. Siempre he recomendado que, en teatro, se unifique la acción en pocos momentos y lugares, y “Superpoder”… va para 33 escenas, 8 localizaciones y decenas de momentos temporales diferentes (que a veces transcurren desordenadamente, y a veces hasta en paralelo).

(No, nada que ver con Tenet).

Y, la verdad. ¿Importa mucho que la ambientación sea simbólica? Lo verdaderamente importante es que la historia sea sólida. Y avance. Y la historia va adelante como un tiro (y atrás, y adelante, y en paralelo… como un tiro).

Y decido que haré de la necesidad, virtud. Y añado incendios, explosiones, accidentes de coche, objetos que se mueven solos… (que no, que no, que no es Tenet) y convertiré todo esto en su seña de identidad. “Una obra de teatro que parece una película”. Porque a veces apetece arriesgar, romper las reglas, hacer lo que siempre te han dicho que no puedes.

Y más si quien te lo dijo fuiste tú mismo.

Una palabra. “Superpoder”. Título definitivo.