No todos a la vez


A veces, viendo una obra de teatro, ¿no tienes problemas para recordar el nombre de algún personaje? O peor, ¿problemas para recordar qué era ese personaje y qué hacía?

Salvo que la obra sea un musical -en donde prima la coreografía y el espectáculo-, empezar una obra de teatro con muchos personajes en escena, a veces puede ser un problema para el espectador. Porque cuesta retener quién es quién. Ocurre como en la vida:  si nos presentan a una persona, perfecto, pero si de repente nos presentan a diez, en un rato es probable que hayamos olvidado la cara de alguna de ellas.

Para evitar este riesgo, es bueno empezar las obras con pocos personajes en escena, de forma que se dé tiempo al espectador para familiarizarse con ellos. Después, poco a poco, se va dando entrada a los siguientes. Así el espectador estará fresco y receptivo para cada nueva incorporación.

Yo utilicé este recurso cuando escribí “Estocolmo mon amour”. La obra empezaba con 2 personajes en escena y terminaba la primera parte con 6.

PD: Los Hermanos Marx, por cierto, retorcieron este recurso de forma genial, creando una de las escenas cómicas más famosas del cine.