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Programa y accidente


Pepe habla con Tomás, su mejor amigo.

PEPE:  El otro día vi un reportaje en la tele. Salió un experto que dijo: “Cuando un hecho ocurre una vez –era un documental sobre seguridad nacional y esas cosas-, cuando un hecho ocurre una vez, eso se llama ‘accidente’; cuando el mismo hecho ocurre dos veces, lo llamamos ‘patrón’; cuando un mismo hecho ocurre tres o más veces, eso es un ‘programa’.” (Solemne) Entonces lo vi claro: mi suegra ha diseñado un Programa para acabar con mi vida. Te cuento:

La primera vez que fui a comer a su casa, a casa de mis suegros -creo que fue la primera navidad, llevábamos poco tiempo juntos Paula y yo-, la mujer puso una lubina encima de la mesa. Todo se cortaron el pedazo que quisieron. A mí me lo dio ella. “Toma, éste”. Tenía una espina así de grande. No me ahogué de milagro. El siguiente intento fue una vez que hizo pastel. Yo soy alérgico al gluten. Y ella lo sabe. Se lo había dicho. De todas formas, le pregunté: “¿Esté bizcocho tiene gluten?” Y ella me dijo: “No, he comprado especialmente uno sin gluten”. Muy bien. Tuvieron que llevarme corriendo a urgencias. Casi me muero del brote. “Ay, qué despiste, ya ves, me equivoqué de bizcocho”. La última fue la semana pasada. ¿Sabes que he estado tres días, ahora, en el hospital, con sueros?” Ensaladilla rusa. Pasó mi suegra por casa, muy simpáticos, qué tal, con mi suegro, “Hola”, “Hola”, “Mirad que he preparado, ensaladilla, que sé que os gusta mucho”. Y una mierda. A Paula no le gusta la mayonesa. Y ella lo sabe. Y a mí no me gusta mi suegra ni nada que me pueda regalar. Pero Paula no me dejó tirar la ensaladilla rusa porque cree que todo esto son paranoias mías, así que, para que para no verla cabreada, comí ensaladilla. Bueno, pues: esa ensaladilla tenía salmonela suficiente para matar a un equipo entero de fútbol americano.

Programa. Es un programa. Una vez es accidente, dos veces patrón, tres veces programa. (Pensativo) ¿Por qué? Siempre he sido amable con ella, y mira que me cuesta. Le hago más revisiones que a mis mejores clientes, pero ni con esas -todas gratis, claro-. Me odia. ¿Sabes por qué? Porque no soy bastante para su hija. Ella quería un abogado, o un médico, o un arquitecto. Quería un yerno con carrera, con prestigio, no un mecánico de coches. Lo dijo la primera vez que me vio: “Ah, mecánico de coches…”. Pensaba que lo decía en broma. Qué estúpido. Está claro. Es un programa, no son accidentes. Me va la vida, Tommy. Te lo digo a ti -que si no reviento-, pero no sé lo cuentes a nadie: creo que pronto, muy pronto, una señora se va a despeñar con su coche por un barranco. Los accidentes ocurren, desgraciadamente… Qué le vamos a hacer… A veces, la dirección de los coches se bloquea.
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¿Practicamos la escena?


Alberto es un actor que está inmerso en el rodaje de una película. Está preocupado porque, al día siguiente, tiene que rodar una escena íntima con su partenaire. Decide hacerle una visita por la noche. Parece nervioso.

ALBERTO:  Hola. Perdona por la hora. No vengo a gorronear mini bar, aviso. Oye, qué habitación más guapa te ha tocado, qué vista, la mía da a un patio interior, joder… Bueno, a ver, te cuento, al grano… El otro día rodé con Lucas una escena, el otro día, la semana pasada, con Lucas, un tío muy cachas que hacía de matón, de segurata, una escena en la que, bueno, nos peleábamos y todo eso y,… bueno, en realidad no nos llegábamos a pelear porque, de buenas a primeras, me soltaba un puñetazo y me tumbaba, pero bueno, yo primero lo cogía un poco por las solapas, y forcejeábamos, que pareciera que le plantaba cara, y eso… Y, bueno, pues, el hecho es que, practicamos la escena bastante, antes de hacerla, y eso fue muy bien. Luego quedó de puta madre. Porque, estas cosas tienen que parecer auténticas, naturales, porque si no quedan fatal. La cámaro lo ve todo. ¿Has visto hoy? Con Carlos, el que hace de mi padre, ¿lo has visto? ¿Ya estabas aquí? ¿Verdad que ha quedado natural? La ensayamos un montón, el mes pasado, en los ensayos, sí, pero oye, igualmente, ayer llamo a Carlos y le digo: “Papi, tenemos que pasarla más veces”, y él: “Sí, sí”. Fui a su habitación y venga: “Micky, me muero”, yo: “No, papá”, “Hijo mío, me estoy mueriendo”, yo: “Que no, papá, qué sabrán esos médicos…”, y, venga, abrazos, lloros, “Papá”, “Micky”, venga, va, y así, dale que te pego, “Me muero…”, “No…”, metiéndole realismo… nos estuvimos hasta las tantas. Pero, ¿verdad que hoy ha quedado bien? ¿Lo has visto? Tenía… fuerza. Era… realismo puro. Es que, si no es así, no sale. No hay otra manera. Y claro, bueno, perdona por la hora, eh, estarás cansada del viaje, no quiero molestarte, perdona. ¿Ha ido bien el viaje? Joder, cuantas maletas. Yo sólo llevo una… Bueno, al grano: Es que, a ver… estaba mirando lo de mañana y… Sí, la escena pinta fácil, no hay frases, nos miramos y… venga, a dejarse llevar, pero… Llámalo inseguridad, igual sí, o perfeccionismo, no sé, pero es que, ya me veo venir que como nos plantemos mañana en el set y queramos ser naturales, con los focos, la gente… Imposible. A mí eso de improvisar, no, no… no me fío, no lo veo, no por ti, eh, por mí… No sé tú, pero yo… Vale que sólo son cuatro besos, arrancarse la ropa y, ale, lo que venga, pero… A ver, se supone que somos amantes de toda la vida, nos conocemos cada centímetro de nuestro cuerpo y, joder… no sé si escribes con la derecha o con la izquierda. ¿Entiendes lo que te quiero decir? Es que la cámara lo ve, lo ve todo, y más de tan cerca… A ver, no quiero que pienses lo que no es, pero es que.. estoy preocupado, tía, no sé qué opinas, pero… Parece facil pero no lo es… ¿Cómo se pasa de dar un abrazo, de dar el pésame a… revolcarse en la cama…? Joder, yo si estoy de pésame no estoy de cama… Y… no sé cómo hacerlo… Me voy a bloquear… Lo veo. Y… como fallemos mañana, jodemos la peli entera… La jodemos entera. Y yo me juego mucho, no sé tú pero yo me juego mucho… Bueno, tú no, eres joven, ¿qué tienes, veinte? Joder, veinte.Y además, lo tuyo es hacer de modelo má que esto, ¿verdad?… Pero yo… Yo soy actor, quiero ser actor, he nacido para actor y si no puedo ser actor no soy nada… ¿Entiendes lo que te quiero decir? La vamos a joder, la vamos a joder, lo veo, lo veo… ¿Que si puedes ayudarme? Claro que puedes ayudarme, coño… (dramático, como pidiendo un abrazo) Qué calor hace aquí, joder…
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Por Insaf (Quiero la verdad)


Daniel es un prestigioso arquitecto que lleva diez años sin diseñar un edificio. Su hijo está preocupado por él.

JACK:  (serenamente, a su hijo) No me culpo, Alex, aún no he llegado a esa fase. Y no sé si llegaré. Crees que me estoy echando a perder, que malgasto el tiempo sentado en este porche… mirando las estrellas. Llevo diez años sin diseñar un edificio, es cierto, pero te aseguro que en todo este tiempo no he descansado ni un minuto. Hijo, dediqué veinte años de mi vida a levantar esos rascacielos. Voy a dedicar lo que me quede de ella a averiguar porqué se vinieron abajo. Habrá quien dé por bueno lo que contaron unos periodistas sobreexcitados el día de la tragedia… porque está acostumbrado a creer todo lo que dicen los periodistas, habrá quien acepte el dictamen de una comisión de expertos porque… siempre ha confiado en el juicio de los expertos en aquellos campos en que es ignorante… Yo sólo creo en mí, sólo confío en la verdad, y trato de no ser ignorante. ¿Tú también? ¿Lo viste? ¿Qué viste? ¿Qué vieron tus ojos? ¿Te conformas con lo que te dicen tus ojos? Se trata de Ciencia, hijo. De Física. ¿Recuerdas cuando en el colegio te mandaban resolver ejercicios sobre presiones, fuerzas y velocidades? Tenías que escribir líneas y líneas de cálculos y formulas antes de dar con la solución a los problemas. Y eran ejercicios para niños. ¿Tienes la menor idea de los cálculos y fórmulas que requieren dos edificios de más de cien pisos sometidos a semejante problema? Mira esa estrella, Alex. Esa de ahí, ¿la ves? Se llama Insaf. No existe. Esto es la Física. Es cruda, eh. De repente, desaparece el mundo que creías real. Hace muchos años que Insaf no existe, quién lo iba decir, ¿verdad? Insaf es una palabra árabe, significa: Justicia, Honradez.
Si la Física acaba demostrándome que esos edificios se derrumbaron por deficiencias en las estructuras que yo diseñé, me culparé. Me culparé terriblemente. Pero, escúchame bien, si al final de todo la Ciencia señala a otros culpables, procuraré que todo el mundo lo sepa… aunque todo lo que se ha construído desde entonces desaparezca con la verdad. Sólo quiero la verdad, hijo. Y no descansaré hasta conocerla. Por Insaf.
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No sé inventar historias


Pedro está reunido con un escritor. Pedro es un ‘negro literario’. O al menos eso dice.

PEDRO:  Calidad, de sobras; lo único que pasa es que no sé inventar historias. Pero calidad, de sobras. Sólo tiene que decirme qué quiere que le escriba y yo se lo escribo. No hace falta que me diga mucho, tranquilo, sólo… una historia, aunque sea poca cosa. Mire, por ejemplo –se lo cuento-, me vino un escritor muy famoso y –hace años, eh- y me dijo –no puedo decirle el nombre por discreción, claro, entiéndalo-, y me dijo: “Necesito que me escribas una novela”. Y yo: “Vale”. “Pero una novela, buena, buena, eh, que quiero que sea mi primer gran pelotazo”. Y yo: “Venga”. Y él: “Mira, la historia es esta: un hombre está delante de un pelotón de fusilamiento y de repente le da por acordarse de la primera vez que vio el hielo”. Y yo: “Joder. Bueno. Vale. Y le escribí la novela”. Luego, más tarde, un amigo suyo –del tío este- se enteró de que yo se había escrito la novela esa y me llamó –él también era escritor- y me dijo: “No te has currado mucho los nombres de los personajes pero… es buena, es buena”. Y yo: “Es que no sé inventar nombres, no sé inventar historias pero, calidad, de sobras. Sólo tiene que decirme qué quiere que le escriba y yo se lo escribo”. “Pues, apunta”. Me dijo qué quería que le escribiera y se lo escribí. Y me dijo: “Y a partir de ahora sólo escribirás para mí”. Tenía mucha pasta. Y yo: “Vale”. Lo que pasa es que el otro me necesitaba –cuando se empieza no se puede dejar- y me pidió que le escribiera otra novela, en secreto. Y yo: “Buuueno. Vale”. Y me cuenta: “Ésta va sobre un tío”. “Sí, qué”. “Lo matan”. “¿Lo matan?” “Así, directamente, de entrada, sin intriga”. Y yo: “¿Ya está?” “Ya está”. Y yo: “Hombre, dame más información”. “Bueno. El día que lo matan se levanta a las cinco de la mañana.” Y yo yo: “Joder. Bueno. Vale”. -Que manía con matar, ¿no?- Y le escribí la novela. En secreto. Pero el otro se enteró. El de la pasta. Y… qué mal se lo tomó. Fue a buscar a éste y le arreó un puñetazo… Dejaron de ser amigos. No se han hablado durante años. Más que nada porque les he seguido escribiendo a los dos. Es que cuando se empieza no se puede parar. Ellos me llaman, me dicen: “La historia es esta”, y yo les escribo la novela. Me avanzan la pasta y ya está. Así que tranquilo. Sólo tiene que darme una historia. No hace falta que sea mucho. Pero necesito una historia. Porque, yo, no sé inventar historias. No sé. Mire… no sé. Pero calidad, ya le digo, de sobras.
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No regañaré a su hijo


Alberto está sirviendo mesas en un restaurante y lleva rato soportando las impertinencias de un niño maleducado sin que su madre haga nada. Cuando finalmente oye a la madre decirle al niño: “Si no te portas bien vendrá y te reñirá y te pegará” no puede evitar acercarse a la mesa.

ALBERTO:  No señora, yo no regañaré a su hijo, ni le pegaré. (Al niño) No, niño, yo no te regañaré, ni te pondré una mano encima. Mi trabajo aquí –estoy hablando con usted ahora, señora- es servir mesas, no educar niños. Con el debido respeto, señora, creo que ese trabajo le corresponde a usted; no “educar niños”, en general, claro, sólo educar al suyo. No tiene porqué educar a esos dos, por ejemplo. ¿Ve esos dos hermanos? Vienen a menudo: llegan con sus padres, se sientan, comen y, cuando han terminado, se van. No tiene usted que tomarse la molestia de ir allí a decirle a los críos que en un restaurante, cuando se está con gente, no se grita, que en un restaurante no se juega con los cubiertos, no se tira la comida al suelo y no se corretea por entre las mesas. No tiene que hacerlo. No porque los niños ya estén callados –¿los ve, señora?-, no porqué estén callados, quietos y comiendo su comida civilizadamente con los cubiertos, no, sino porque no son sus hijos. Este niño –hola, niño- este niño, que yo sepa, no es hijo mío. Así que no voy a ser yo quien le diga que en un restaurante no se grita, no se tira la comida al suelo y no se corretea por entre las mesas. Y, por supuesto, no voy a regañarle, y -aún menos- pegarle. No me corresponde. Lo que me corresponde hacer –y por ello me pagan- es tratar que mis clientes estén bien. Así que, si la próxima vez que vienen a este restaurante se quedan… te quedas fuera –y ahora estoy hablando contigo, niño- porque súbitamente se han reservado todas las mesas y no queda ni una sola libre, no pienses que la gente de esta ciudad ha conspirado para dejarte sin comer: la conspiración la tienes en casa y tú formas parte de ella. Yo no regaño ni pego. Como ve, señora (a la señora), he hablado con el niño educadamente. Sigue leyendo

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Mi pared


Toni siempre ha sido muy mujeriego. Ahora acaba de casarse con Marta. En este momento están terminando de pintar las paredes de la nueva casa que han comprado.

TONI:  Las hemos pintado todas del color que tú has querido (corrige), del color que hemos querido; vamos a poner los muebles que los dos hemos elegido; esta es el piso que los dos quisimos. Es nuestro piso, sí. Y estoy contentísimo. Pero ésta… va a ser mi pared. Ya lo hemos hablado, cariño. Me diiiste que sí. Respétamelo, por favor. Y ahora la pintaré de color rojo. No te he pedido opinión, y no lo haré. Será roja. Igual dentro de unos meses me canso del rojo y la pinto de color verde o violeta o marrón, no lo sé. Y no te pediré opinión. Simplemente, la pintaré. Ése fue el trato. Es una estúpida pared. Metro y medio por no sé cuanto de alto, es la más pequeña de la casa… pero la necesito. Necesito que esta pared sea mía y solo mía, poder pintarla del color que quiera, cuando quiera, sin avisarte de que la voy a pintar, sin contártelo luego. Total, no se ve, ¿quién va a entrar aquí? Es un piso precioso, lleno de preciosas paredes color crema, con preciosos muebles de diseño, en un barrio precioso, lleno de niños y columpios; tendremos niños, claro que sí. Pero ésta será mi pared. Si no te gusta no la mires, cariño. Te quiero. No la mires. Seremos felices.
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La radiobaliza


Max y Tom son los dos únicos supervivientes de una expedición de cazadores furtivos de focas que naufragó dos meses atrás en aguas del polo norte, frente a un islote de abastecimiento para contrabandistas. Llevan todo este tiempo sobreviviendo con los víveres que hay en un pequeño refugio del islote. El barco en el que viajaban tenía los sistemas de comunicación apagados para no ser detectados por las autoridades, y la ruta parece haber sido abandonada por los demás cazadores furtivos tras el naufragio, de modo que los dos supervivientes deciden emprender una acción desesperada: sumergirse en las aguas heladas para conectar la radiobaliza de socorro que hay en el puente de control del barco hundido. De vuelta al refugio, tras realizar la operación, Tom felicita a su compañero.

TOM:  ¡Alegra esa cara, Max! Sonríe. ¡Lo hemos conseguido! ¿Qué pasa, se te ha congelado la mandíbula? Tendrías que verte, se te ha quedado una cara de joker… (pone cara de joker y ríe) ¿A qué temperatura podía estar el agua, Max? ¿Un grado? ¿Dos? Por un momento he pensado que no salías, que te quedabas ahí… Joder. Eres un héroe, tío. Eres un puto héroe. ¿Tienes hambre? Yo estoy que me muero. ¿Qué cenamos hoy? ¿Lentejas? ¿Judías? ¿Atún? Todo. Vamos a abrir todas las latas, qué cojones. ¡Nos largamos de aquí! Eh, ¿qué pasa? ¿Qué te pasa, Max? Ya está, se ha acabado. En dos días nos rescatan. En dos semanas estarás viendo a tu familia, estarás con tu mujer, con tus hij… Ah, tus hijos. Ahora que sabes que volvemos, te acojonas, eh. Los gremlins subiéndote otra vez por el cuello, “papá, papá”… (Ríe) Max: me alegro de que fueras tú. Ojalá se hubiesen salvado todos, pero… si tenía que ser uno, qué bien que fueras tú. ¿Sabes? No imagino a Sammy subiéndose a esa balsa conmigo esta mañana. Habría preferido quedarse aquí sin hacer nada, esperando, hasta que se agotaran las provisiones. Tampoco veo a Leo tirándose al agua. Toni buceaba muy bien, pero no habría bajado hasta tan hondo. Luis no habría podido encontrar el puente de mando ahí abajo, tan oscuro. Carlos no habría podido conectar la radiobaliza con los brazos helados, seguro. No llores, Max. Honraremos su memoria. Daremos una misa en su honor. No llores, venga. Ya está bien. Eres un héroe, deja de llorar. Te tiraste al agua, bajaste diez metros, te metiste dentro del barco y encontraste el puente de mando, joder, conectaste la radiobaliza de socorro. Eres un héroe. ¡Conectaste la radiobaliza! No llores, Max. ¿Por qué lloras? Conectaste la radiobaliza. Eres un héroe. Nos rescatan. Deja de llorar. Has conectado la radiobaliza. Eres un puto héroe. No llores. Has conectado la radiobaliza… Has conectado la radiobaliza… Max… Has conectado la radiobaliza… ¿Max…?
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El tuyo es el verde


Roberto y Carla son una joven pareja, llevan un mes viviendo juntos y están profundamente enamorados. Es domingo por la mañana. Roberto está en el baño, frente al espejo, con un cepillo de dientes en la mano. Tiene una cursi expresión de felicidad en el rostro. Carla le escucha desde la habitación. (El cepillo de dientes es azul)

ROBERTO:   Estuvo muy bien la cena, de verdad, lo pasé muy bien. Ahora, para mí, lo mejor de toda la noche: cuando nos subimos al coche y volvemos juntos a casa. Por fin. No sabes cómo me mataba eso de acompañarte a tu piso. Era absurdo. Ahora, en cambio… Me encanta cuando paro el coche y digo: “Cariño, ya estamos en casa”. Tendrías que verte, estás hecha un cielo, tan traspuesta. Se te queda la cabeza así como torcida y te cae un poco la babilla por el lado… (Imita el gesto) Me encanta. Y cuando te digo, por la mañana: “Cariño, buenos días, hoy empieza el resto de nuestra vida”. Antes sólo te lo podía decir por teléfono y, joder, no era lo mismo. Ahora en cambio, me encanta: te tengo ahí en la cama, medio dormida, con los ojillos llenos de legañas, tirando del edredón… Sí, legañas, he dicho legañas. Me encantan tus legañas, por la mañana, qué pasa. Y tus bostezos por la tarde, y tus ronquidos por la noche… Sí, cariño, roncas. Roncas suave, es un ronquido de chica. Y suena muy bien. Lo escucho y me ayuda a dormirme. Es una maravilla… Esto es mejor de lo que pensaba… (Va a llevarse el cepillo de dientes a la boca) Oye, cómo lo haces para tener el cepillo de dientes tan bien. El mío tiene las púas tan abiertas que parece un florero… No cariño, el azul es el mío. El verde es el tuyo… No cariño… Llevo un mes lavándome… los dientes con… este… ce… pillo… (Una creciente sensación de asco le deforma la sonrisa de la cara)
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El tesoro


Jack es el jefe de una expedición de cazafortunas que salió tres meses atrás en busca de un tesoro escondido en las profundidades de una mina abandonada en el corazón de África. Acaba de encontrar el tesoro. Los cuatro miembros de la expedición observan maravillados el montón de oro.

JACK:  (hipnotizado por el magnetismo del oro, sin dejar de mirarlo) Sé lo que viene ahora. Metemos el oro en sacos y empezamos a deshacer el camino, y… Cuando salgamos al sol, voila, sólo seremos tres. Un accidente. Subimos a los jeeps y antes de que lleguemos al campamento, bang, otro accidente. Los dos héroes supervivientes llegarán al campamento, pasarán la noche y, cuando amanezca… sólo quedará uno. (Silencio. Responde al interrogante que se deben de estar haciendo los otros:)

Los cuatro pudimos salvar a Toni y no lo hicimos. Uno menos para repartir. Vaya. ¿Fui el único que pensó eso? Estamos en un lugar de muerte. Aquí vivir es lo raro. Los accidentes pasan. Hablemos claro:

No os conozco mucho pero estoy seguro de que ninguno de vosotros ha jugado en la vida a la ruleta rusa. Yo tampoco, pero una vez vi una partida. Y os aseguro que es el juego más estúpido que existe en el mundo. Si hacemos ver que somos buenos profesionales y cargamos el oro en sacos y salimos por ahí sin decir nada, estaremos empezando una partida a la ruleta rusa. ¿Creéis que podéis ganar? Todo el mundo, cuando juega una partida a la ruleta rusa, cree que va a ganar, y los restos esparcidos del cerebro del tío que ví perder, si pudieran conectarse, seguramente tendrían un destello de pensamiento que más o menos diría: “Voy a ganar”. Mirad a quien tenéis a lado: quiere mataros. Y los otros dos también. Tres balas y cuatro disparos. Lo más probable es perder.

Propongo un juego mejor que la ruleta rusa – los rusos son gilipollas, sólo hay que ver cómo está Rusia, dá pena-, propongo una ruleta americana, no, Suiza. Consiste en esto: cogemos el oro de ese baúl y lo ponemos en sacos. Y donde ahora está el oro, en el baúl ese, dejamos las armas que llevamos encima. Cerramos el baúl y salimos de esta maldita cueva. Luego vamos al campamento y nos dividimos el oro en cuatro partes iguales. De vuelta a casa, le decimos al gobierno que no pudimos encontrar el tesoro. ¿No os parece más inteligente? (Espera respuesta) No decís nada. Bien, lo tomo como un sí. Contaré a tres, muy despacio y sacaremos nuestras armas, y las dejaremos ahí. ¿De acuerdo? Venga, muy despacio, ahora: uno… dos… y…
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Cumpleaños feliz


En los últimos meses, poco a poco, casi sin darse cuenta, Lucas se ha ido distanciado de su pareja. Al final del día, Lucas se acerca a ella y le empieza a cantar, despacio, con intimidad, el “Cumpleaños feliz”.

LUCAS:  Cumpleaños feliz, cumpleaños fe… (La falta de reacción de ella hace que a Lucas se le muera la canción en los labios) Es… ¿mañana? (No hay respuesta) Fue… ¿ayer? (No hay respuesta) Es jodido. Mis padres me enseñaron de pequeño que si no sabía una cosa, tenía que preguntar, sin avergonzarme. ¿Cuándo ha sido? Llevo días dándole vueltas, como dos semanas, créeme. Si te lo preguntaba mal. Si no te lo preguntaba… mal, ya ves. No quise llamar a Laura, ni a Estela, para que no pensaran que… para que no creyeran que había olvi… ¿Sabes qué he llegado a hacer, Delia? Me abrí una cuenta en facebook –sí, en facebook, yo-… porque sabía que en facebook te avisan de los aniversarios y todo eso, pero no… no pude entrar en tu cuenta porque para entrar en una cuenta tienen que… agregarte, ¿se dice ‘agregarte’?, tienen que… aceptarte como amigo, bueno, tú lo sabrás mejor que yo… Y mi cuenta era anónima… Creo que le di a la tecla de preguntar si querías ser mi amiga y creo que me ignoraste o me dijiste que no, yo qué sé -bien hecho-… y yo no insistí, no te dije que era yo porque no quería que supieras que estaba intentando adivinar, recordar el día de tu cum… porque me pareció ridículo eso de preguntarte si querías ser mi amiga. Sería como volver a empezar. Qué tontería, verdad. (No hay respuesta) ¿Verdad…? Sigue leyendo

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Contra las cuerdas


Leo es un entrenador de boxeo. Faltan cinco minutos para el primer gran combate de su pupilo. Entra en el vestuario.

LEO:  Lleno a reventar. ¿Lo oyes? Cinco minutos y salimos. ¿Estás bien? Estupendo. Javi, ha llegado el momento de que te lo diga, te voy a contestar, ahora, sí ahora: Eso del coágulo (se señala la cabeza) es mentira. Me retiré pronto porque… porque… (Le explica) Cuando llegaste a mi gimnasio –¿qué hace ya, cinco años?-, tan chulo tú, te pregunté por qué tenía que enseñarte a boxear. Me respondiste que querías ganar mucho dinero, ¿te acuerdas?, dijiste que querías ser el número uno en esto. No tenías ni idea de boxeo, no sabías qué era un jab, no sabías qué era un directo, no sabías quién era el mejor boxeador de los últimos cuarenta años, el mejor desde Muhammad Alí. Pero tenías las ideas claras: querías ganar dinero y ser el número uno, apalizar a todos tus rivales… Pues te diré algo, Javi: Hay que elegir. Y vas a tener que hacerlo ahora. Si quieres ganar mucho dinero en este negocio: saldrás hoy ahí fuera y le aguantarás los intercambios a esa bestia, sin exponerte, sin arriesgar. Sabes cómo hacerlo. Dejarás que pasen los asaltos, y cuando llegue el cuarto, cuando estés en mitad del cuarto asalto, escúchame bien, lo llevarás contra las cuerdas y le lanzarás una combinación… pero olvidarás cubrir tu lado izquierdo y por allí te colará un gancho durísimo que te tumbará… pero que no te hará daño. (LEO observa la reacción de su pupilo) El de hoy es su combate. Si haces esto, pronto llegará tu combate, y empezarás a ganar dinero. Ahora… si lo que quieres es ser el número uno… saldrás ahí siendo muy consciente de que vas a pelear contra algo más grande que ese armario de 100 kilos. Créeme. ¿Quieres saber quién es el mejor boxeador de los últimos cuarenta años, el mejor desde Muhammad Alí? (Silencio) Yo lo sé. Lo sé yo y nadie más. Dos minutos y salimos.

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Código rojo


El equipo de fútbol entrenado por el sr. Van Hareen ha ganado la Copa de la Liga, un título que su club llevaba años deseando conseguir. No obstante, la felicidad no va a ser completa. Al día siguiente de la gran victoria, Van Haaren tiene que comparecer ante la junta directiva del club. Por lo visto, algo va empañar el triunfo…

VAN HAREEN:  (estallando de ira) ¡¡Sí, ordené un código rojo!! ¡Lo hice, y lo volvería a hacer! ¡Vieron ustedes cómo saltaron al terreno de juego! ¡Se comieron el césped! ¡Arrollaron a ese equipo ‘invencible’! ¡Miren los periódicos! (Muestra la portada de un periódico) ¡Somos el campeón ahora! ¡Alguien ha derrotado a ese maldito ‘equipo de leyenda’! ¡Por fin! ¡Y hemos sido nosotros! ¡Nosotros somos los nuevos campeones! ¿Que no hicimos un fútbol cinco estrellas? ¡Bah! Me contrataron para ganar títulos, no para reinventar el fútbol. ¡Y aquí tienen el primer título: La copa de la liga! ¡Qué quieren ahora! ¡Malditos hipócritas! No me salgan con esos eslóganes trasnochados: tradición, valores, ejemplaridad, el adn del club… ¡Ja! Señor presidente, permítame que se lo diga: el adn de este club no tiene nada de especial, es tan terrenal como el de cualquiera. Y este equipo cualquiera se ha proclamado campeón de la Copa de la Liga. ¡Sí, ordené un código rojo, qué pasa! ¡Permití a mis jugadores que fueran de putas la noche antes de la final, sí! Y si vuelvo ver que mis jugadores se ahogan entre las cuatro paredes de un hotel la noche antes de una final, tenga por seguro que volveré a hacerlo. ¡Mire el resultado! Tradición, valores, ejemplaridad… Sr. Presidente, señores directivos, yo soy así y no voy a cambiar. Si no les gusta cómo soy, échenme. ¡Venga, emitan un comunicado de prensa! Ahí tienen un ordenador. Escríbanlo. Lo acepto. Pero sepan que no cambiaré de opinión. Creo firmemente que una cama del barrio rojo es el mejor sitio para que un muchacho joven se eche la noche antes de un gran partido. Y no tan joven. Lo creo yo y estoy seguro de que el señor Krol, el señor Van Hanegem, el señor Mulder (señalando uno por uno) y el señor Van der Wiel…. También –hola, señor Van der Wiel-. Venga, escriban el comunicado. ¿Se lo dicto yo?
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Clandestinidad


Rocco es un traficante de poca monta que está hablando con un cliente descontento por el cambio de condiciones que le acaba de proponer.

ROCCO:  ¿Denunciarme a la policía? Parece que no has entendido cómo va esto. ¿Ves a Teresa? Mi secretaria, la rubia. Desde hace unos días lleva unos cuernos que no pasa por las puertas. ¿Tú se los notas? No, verdad. Su chico se la acaba de pegar con otro. ¿Sabes Tino Marco, el futbolista? Ése es su chico. Sí, el de la bailarina. Hay que joderse, verdad. Enciendes la tele y no haces más que ver a la mujer de Tino Marco en todas partes poniendo a parir al futbolista de los cojones porque se la acaba de pegar con una bailarina de estriptis, y la pobre Teresa que llevaba cinco años follándose al tío en secreto… a joderse y mantener la boquita cerrada… porque si se quejara quedaría como una gilipollas. Y te juro que se ha cabreado tanto como la lerda de la mujer del tocapelotas ese.

Es lo que hay. Si me denuncias, imbécil, yo iré al trullo, cierto, pero tú irás delante de mí con honores de gilipollas, y los gilipollas no son muy bien recibidos en el trullo, créeme, lo he visto. Qué, ¿lo tomas o lo dejas? Veinte cajas, cinco mil dosis del tipo “B”. Del tipo “B”. Del “A”, olvídate. Ya no existe para ti.

Mira. (Le señala a Teresa) Mira a Teresa. ¿La ves triste? ¿Tiene cara de estar triste? Yo la veo bien, hasta la veo contenta. Tiene las mejillas rosadas. Al día siguiente de salir publicada la noticia del imbecil del futbolista, Teresa se empezaba a follar a otro. Y no le ha ido mal. No te dejes engañar por las etiquetas. “B” no es menos que “A”. Es diferente. ¿Y quién dice que no sea mejor? (Le llaman. Es Teresa)

(A Teresa) ¿Dime? Sí, ve tirando, Teresa. Yo termino de cerrar un trato con este caballero y enseguida estoy allí. (Sonrisa de Don Juan)

(A su cliente) ¿Veinte cajas?
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Brecha de seguridad


MIGUEL:   Es cierto que el pasado 22 de noviembre descubrí una brecha en el sistema de seguridad de Adelca Suministros y no dije nada. Es cierto. ¿Cuál es el crimen? ¿Callar? ¿Tenía que haberles avisado? Hoy ya no existe esa brecha. También es cierto, por ejemplo, que un mes antes, el 22 de octubre, a las cuatro de la tarde, observé que la “secretaria de presidencia” tenía una larga carrera en la media… y no dije nada. ¿Tenía que haberla avisado? Al día siguiente vino a trabajar con unas medias perfectas.
Señores, si lo que están haciendo es acusarme de la desaparición “mágica” de esos cinco millones sólo porque soy el responsable de informática de esta empresa, entonces aprovecharé para introducirles una idea revolucionaria en el disco duro de sus cabezas: La informática no es algo exclusivo de los informáticos. Todos utilizamos ordenadores en Adelca Suministros: los del departamento de compras, los del departamento de ventas, los chicos del almacén, los operarios de montaje, los encargados de envíos… el camarero de la cafetería de abajo utiliza un ordenador para anotar y servir los pedidos. Incluso los trabajadores de la limpieza llevan un diario informatizado de sus labores. Todo en esta empresa está informatizado: las cámaras de seguridad, el aire acondicionado, la luz, las persianas, las cámaras de seguridad, los humidificadores, las cámaras de seguridad… Fui contratado hace cinco años con el objetivo de dotar a esta empresa de unos altos niveles de modernidad. Y estoy orgulloso del trabajo que he hecho hasta el momento. He sido meticuloso y exigente, sobrepasando con mucho lo que ustedes me pidieron… y aquello por lo que me han pagado. Y les diré algo más: puede que, movido por ese casi enfermizo celo profesional que me llevó a detectar –como ustedes han observado- una minúscula brecha de seguridad en el flujo de transacciones bancarias, quizá, accidentalmente, pude ver también cómo se abría otra brecha, en un tejido de licra -concretamente-, por culpa del forcejeo torpe de un sexagenario cuyo despacho tiene unas vistas magníficas a esta ciudad que tanto lo respeta y admira. Pude eliminar el riesgo que suponía aquella brecha de seguridad y, de algún modo, creo que también podría eliminar el de ésta otra. Es una habilidad al alcance de un informático experto -ésta sí: ni de un operario de ventas, ni de un mozo de almacén, ni de un camarero, ni de un trabajador de la limpieza: sólo de un técnico muy experto- que conozca tan perfectamente la configuración informática de esta empresa como si la hubiera diseñado. Si ustedes quieren, en menos de una hora, habrán sido borradas todas las imágenes captadas estos dos últimos meses. Incluídas éstas. Cuando digo “éstas” me refiero a las que está grabando esa cámara de seguridad de ahí, una cámara de alta resolución con sensor CCD Super Had, equipada con micrófono, por supuesto. Adelca Suministros tiene los más altos niveles de modernidad, esa ha sido mi preocupación estos cinco años. Y lo seguirá siendo. ¿Verdad que sí?
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casting, casting actor

Anillo de compromiso


Carlos y Eva están en una cafetería. Llevan años saliendo juntos. Carlos saca una cajita pequeña y la abre para que Eva contemple con sorpresa el anillo que hay en su interior. Visto desde fuera, parece una petición de matrimonio.

CARLOS:  (sosteniendo la cajita abierta) Qué pasa. No me preguntes cuánto me he gastado en este anillo porque te diré que nada. Lo importante es lo que significa. ¿Te acuerdas cuando empezamos, Eva? Me dicen que acabaría haciendo esto y no me lo creo. ¿Qué han sido, cuatro años? Qué rápido, verdad. Me han pasado volando, ¿a ti no? Dicen que, cuando uno está bien, el tiempo pasa rápido. Me acuerdo cuando nos devorábamos a besos en el asiento de atrás del coche. Joder, eso no era amor. Eso era… eso. Quién iba a pensar que eso acabaría convirtiéndose en amor. Y el amor en esto. Qué pasa, ¿no te gusta? Es lo que se lleva ahora; vamos, eso creo, no soy experto en anillos. Qué pasa. Ya lo sé. Está muy visto. Tiene pocos kilates. Es la crisis, cariño. Los tiempos están jodidos -merecías un anillo único, de muchos kilates-, pero más jodidos estábamos cuando empezábamos, que sólo teníamos el Seat Ibiza y nos creíamos los reyes del mundo. Soy optimista. Encontraré un trabajo, ya lo verás. Qué es eso que veo, ¿una lágrima? No, hombre, no, a ti te va bien. Mario está encantado contigo. Es un buen jefe, Mario. Es un buen jefe, ¿verdad? Siempre lo dices. Te brillan los ojos cuando hablas de él. Y él tiene que estar contento contigo. No todas las secretarias se quedan hasta tan tarde tantas veces. Anda, cógelo. Y te seré sincero -quedamos en que siempre nos diríamos la verdad, ¿te acuerdas-, bueno, pues te lo confieso: no lo he comprado. Me lo he encontrado. Sí. El anillo. La cajita, no. La cajita la compré hace una semana, justamente, porque quería regalarte un… bueno, da igual. Quiero que lo sepas, que el anillo no lo he comprado, lo encontré ayer, en el coche, cuando pasaba el aspirador. Anda, quédatelo. (Ella no reacciona) O no te lo quedes. Dáselo al dueño, si sabes sabes quién. Igual está teniendo un problemón en su casa ahora mismo por haberlo perdido. ¿Estás llorando? Tranquila, yo no lloro. ¿Qué importancia tiene un anillo? Siempre te dije que lo de menos eran el anillo, y boda, y todo eso…
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