El blog de Marc Egea

Código rojo

Explosivo desafiante · Duración aproximada: 3:00–3:40 min · Edad: 35–60 años

Código rojo

Un entrenador campeón comparece ante la directiva y defiende, sin pedir perdón, la decisión más escandalosa de su carrera.


Texto del monólogo

El equipo de fútbol entrenado por el sr. Van Hareen ha ganado la Copa de la Liga, un título que su club llevaba años deseando conseguir. No obstante, la felicidad no va a ser completa. Al día siguiente de la gran victoria, Van Haaren tiene que comparecer ante la junta directiva del club. Por lo visto, algo va empañar el triunfo…

VAN HAREEN: (estallando de ira) ¡¡Sí, ordené un código rojo!! ¡Lo hice, y lo volvería a hacer! ¡Vieron ustedes cómo saltaron al terreno de juego! ¡Se comieron el césped! ¡Arrollaron a ese equipo ‘invencible’! ¡Miren los periódicos! (Muestra la portada de un periódico) ¡Somos el campeón ahora! ¡Alguien ha derrotado a ese maldito ‘equipo de leyenda’! ¡Por fin! ¡Y hemos sido nosotros! ¡Nosotros somos los nuevos campeones! ¿Que no hicimos un fútbol cinco estrellas? ¡Bah! Me contrataron para ganar títulos, no para reinventar el fútbol. ¡Y aquí tienen el primer título: La copa de la liga! ¡Qué quieren ahora! ¡Malditos hipócritas! No me salgan con esos eslóganes trasnochados: tradición, valores, ejemplaridad, el adn del club… ¡Ja! Señor presidente, permítame que se lo diga: el adn de este club no tiene nada de especial, es tan terrenal como el de cualquiera. Y este equipo cualquiera se ha proclamado campeón de la Copa de la Liga. ¡Sí, ordené un código rojo, qué pasa! ¡Permití a mis jugadores que fueran de putas la noche antes de la final, sí! Y si vuelvo ver que mis jugadores se mueren de aburrimiento entre las cuatro paredes de un hotel la noche antes de una final, tenga por seguro que volveré a hacerlo. ¡Mire el resultado! Tradición, valores, ejemplaridad… Sr. Presidente, señores directivos, yo soy así y no voy a cambiar. Si no les gusta cómo soy, échenme. ¡Venga, emitan un comunicado de prensa! Ahí tienen un ordenador. Escríbanlo. Lo acepto. Pero sepan que no cambiaré de opinión. Creo firmemente que una cama del barrio rojo es el mejor sitio para que un muchacho joven relaje su cuerpo la noche antes de un gran partido. Y no tan joven. Lo creo yo y estoy seguro de que el señor Krol, el señor Van Hanegem, el señor Mulder (señalando uno por uno) y el señor Van der Wiel…. También –hola, señor Van der Wiel–. Venga, escriban el comunicado. ¿Se lo dicto yo?


Cómo funciona en escena

Este monólogo funciona cuando el actor no lo convierte en una simple descarga de gritos. Van Hareen está furioso, sí, pero sobre todo está defendiendo una visión del mundo. No se limita a reaccionar: argumenta, ataca, ridiculiza y se planta. La fuerza del texto nace de esa mezcla de rabia y convicción.

La pieza tiene un conflicto muy claro y muy agradecido: un personaje que acaba de ganar y, aun así, comparece como si estuviera en guerra. Esa contradicción le da mucha energía. Van Hareen no está justificándose de verdad: está aprovechando la ocasión para desmontar la hipocresía de quienes quieren disfrutar del título sin asumir cómo se consiguió.

  • Permite trabajar intensidad alta sin perder pensamiento.
  • Da juego para combinar autoridad, sarcasmo y provocación.
  • Ofrece un arco verbal muy claro, con presión creciente sobre el interlocutor.
  • Funciona muy bien para castings de personajes duros, carismáticos y conflictivos.

Me contrataron para ganar títulos, no para reinventar el fútbol.

Trabajar el texto

Conviene organizar bien las intensidades. El texto arranca arriba, pero eso no significa que todo tenga que ir al mismo volumen. Si el actor se instala en un único grito, el monólogo se aplana. Hay que abrir espacios para el desprecio, para la ironía y para una calma agresiva que resulta incluso más peligrosa.

También es importante sostener muy bien al interlocutor. Esta pieza no está hecha para el vacío: está hecha contra una mesa de directivos, contra una autoridad a la que Van Hareen no teme. Cada frase gana cuando se lanza a alguien concreto, casi como una embestida verbal.

La referencia al “código rojo” y a la noche anterior al partido no debe sonar como una ocurrencia provocadora sin más, sino como una decisión profesional que el personaje considera legítima. Ahí está buena parte de su potencia: no se arrepiente, no duda, no se corrige.

El final pide remate, pero no sobreactuación. “¿Se lo dicto yo?” funciona mejor si cae como una superioridad ya asentada. En ese punto, Van Hareen ya ha convertido la comparecencia en una humillación pública de sus jueces.

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El tesoro — muy interesante para trabajar liderazgo bajo presión, peligro y una moralidad sometida a tensión extrema.

Además…

Si, además de monólogos, también necesitas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

Preguntas frecuentes:

(responde Marc Egea)

¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.

¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.

¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.

¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.

¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.

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