El blog de Marc Egea

No puedo hacer nada

Cínico sobrio · Duración aproximada: 2:10–2:30 min · Edad: 45–60 años

No puedo hacer nada

Un monólogo con tensión ética que enfrenta lealtad, poder y oportunismo en un discurso aparentemente sereno, pero cargado de cálculo y veneno.


Texto del monólogo

ROBERTO: Te fuiste de esta empresa por tu propia voluntad. Te marchaste por dinero, ni más ni menos que a la competencia, a la todopoderosa competencia. Fue un golpe duro para nosotros. Quién iba a pensar que un año después tu nueva empresa quebraría. ¿Sabes?, tuvimos que ocupar tu puesto. ¿Ves aquel hombre de allí, el de la camisa blanca? Se llama Javier. Es un buen tipo, trabaja bien. No es tan bueno como tú, pero trabaja bien. Hay que tener cojones para venir aquí, joder, Andrés. A ver si lo entiendo: ¿Te falta autoestima o tienes demasiada? Eres la última persona a la que esperaba ver. Nos ha ido bien sin ti, ¿sabes? ¿Qué se supone que tengo que hacer ahora? No hay plazas vacantes. Estamos completos. ¿Qué significa esto, que tengo que echar a alguien? ¿Tengo que despedir a Javier, así, por las buenas, porque el señorito ha vuelto? Sabes que nunca haría eso. Yo nunca haría esa clase de cosas, pero tú… sí. Tú eres de otra manera. Es ese carácter tuyo el que puso sobre mi mesa las mejores cifras de ventas en la historia de esta empresa durante 35 meses seguidos. Lo sé perfectamente. Y yo, que no soy como tú, te dejé hacer. Sin preguntar. Callando. Mirando. Y fíjate dónde nos ha llevado tu inercia: a ser el número uno. Somos líderes del sector, pudiste verlo estando en el otro barco. Pero, con tu perspicacia, estoy seguro de que pudiste ver también que nuestras cifras no son las de antes. Han bajado desde que te fuiste. Y eso al consejo de administración le gusta poco. Pero yo no puedo hacer nada, Andrés. Esta es mi respuesta: No puedo hacer nada. Ahí está Javier –el de la camisa blanca-. Puedes ir y hablar con él, si quieres. Cuéntale todo lo que me has dicho a mí, háblale de coraje, de ambición, dile lo que quieras. Yo no haré nada. Me sentaré aquí, callaré… miraré.


Cómo funciona en escena

El monólogo funciona porque Roberto parece hablar desde una posición de rectitud. Defiende una decisión que, en apariencia, responde a criterios justos: no echar a un trabajador correcto para readmitir a otro que se fue por interés. Ese punto de partida le da al discurso una solidez moral muy reconocible.

La fuerza está en la ambigüedad. Roberto no es un hombre limpio frente a Andrés, ni tampoco un villano ostentoso. Reconoce el talento brutal del otro, admite incluso que lo dejó hacer, y al mismo tiempo se niega a mover un dedo. El texto crece cuando entendemos que esa negativa no es solo ética: también es cálculo, resentimiento y oportunidad.

  • Permite trabajar autoridad serena con subtexto complejo.
  • Da mucho juego para mezclar admiración, reproche y pasividad calculada.
  • Funciona muy bien en actores con control del tono y del veneno contenido.
  • Deja una impresión de poder, ambigüedad moral y gran precisión verbal.

A veces decir “no puedo hacer nada” no significa impotencia: significa elegir muy bien dónde quedarse quieto.

Trabajar el texto

No conviene empezar desde la hostilidad abierta. Roberto no necesita atacar desde el primer segundo. Lo interesante es que entre como alguien que expone hechos, que recuerda una herida empresarial real y que parece estar razonando con bastante sentido.

La zona en la que reconoce el talento de Andrés es clave. Ahí el actor debe dejar ver que Roberto admira de verdad lo que ese hombre fue capaz de hacer, aunque también le reproche el precio moral de su carácter. Esa mezcla es la que da densidad al texto y evita que se vuelva plano.

El “yo no puedo hacer nada” no debe sonar débil. Al contrario: funciona mejor si cae como decisión firme, casi elegante. Roberto no está bloqueado, está eligiendo no intervenir y dejando que el otro se estrelle contra esa pasividad.

El final pide mucha contención. No hace falta rematar con dureza excesiva. Cuanto más tranquilo parezca Roberto al instalarse en ese “callaré… miraré”, más inquietante resulta el monólogo.

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Además…

Si, además de monólogos, también necesitas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

Preguntas frecuentes:

(responde Marc Egea)

¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.

¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.

¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.

¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.

¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.

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