Cínico calculador · Duración aproximada: 2:40–3:10 min · Edad: 35–50 años
Nada cambia
Tras tocarle la lotería a la plantilla, un trabajador adula al jefe jurándole lealtad, en una maniobra calculada que esconde mucho más cálculo que afecto.
Texto del monólogo
Los trabajadores de una empresa celebran que les acaba de tocar la lotería. Juan Carlos ha dejado la fiesta y ha entrado en el despacho del jefe. Tras intercambiar unas palabras, Juan Carlos se sincera.
JUAN CARLOS: …No, no tiene mérito, se lo habría dicho la semana pasada si me lo hubiera preguntado, señor, o hace una hora. ¿Le ha gustado oírlo? Se lo repito: No imagino un director mejor para esta empresa que usted. Para mí, nada cambia. Qué pasa, los otros… no han sido tan amables… (Mira por la ventana interior del despacho) Qué cambio. Natalia… pensaba que no se hablaba con nadie y, mírela, no calla; Romero, que no sonríe nunca… vaya carcajadas; y García, subido encima de la mesa, el tío… Y sólo hace una hora estaban todos con la vista pegada al teclado, como siempre…
¿Por qué este cambio? (Piensa) No es el alcohol. Están brindando con sidra -sí, con sidra, compré sidra, es lo único que había en la tienda-. Y me da a mí que tampoco es el premio, se lo digo yo, no es el premio. ¿Por qué este cambio, entonces? ¿O será que no han cambiado y solo están exteriorizando lo que llevan dentro, lo que siempre han llevado dentro? Es eso, sí… ¿Puedo hacerle una pregunta, señor -ya que parece que hoy todo el mundo se sincera-? ¿Qué le duele más, las cosas que les está oyendo decir de usted o que no le ofrecieran comprar ningún décimo de la lotería? No me conteste.
(Mira el reloj) Son las doce y aún no hemos hecho los pedidos de extranjero, ni las entradas de almacén, y falta pasar los albaranes… No, no, no, no tranquilo, ya me ocupo yo, no se levante. Nadie se va a ir de la empresa.
Verá como los convenzo. Parece que soy el único que sabe que no están bebiendo champán. Y supongo que tendré que ser yo quien les diga que… no les ha tocado la lotería. Qué despiste, verdad. ¿No lo sabía? No le miento, soy el encargado de la lotería este mes. Y… se me olvidó ir a comprarla. En fin… que nada cambia. Siempre he pensado que usted eran un buen jefe, el mejor jefe posible. ¿Quiere un poco de sidra, señor?

Cómo funciona en escena
El monólogo funciona porque Juan Carlos parece entrar como apoyo, como consuelo, incluso como el único trabajador leal en medio del derrumbe colectivo. Durante buena parte del texto ocupa ese lugar con mucha habilidad y eso obliga al espectador a escucharle desde una cierta ambigüedad.
La fuerza está en el descubrimiento progresivo de su maniobra. Juan Carlos no solo observa el cambio de sus compañeros: lo utiliza. Y cuando aparece la verdad final, entendemos que toda su cercanía con el jefe estaba orientada a sacar ventaja de un error propio. El texto no necesita un gran giro explosivo: necesita que el personaje parezca creíble mientras se va delatando.
- Permite trabajar cinismo sin convertirlo en caricatura.
- Da mucho juego para sostener cercanía verbal con doble intención.
- Funciona muy bien en actores con control del subtexto y del ritmo.
- Deja una impresión de ambigüedad moral, inteligencia y veneno escénico.
A veces lo más inquietante no es el error, sino la inteligencia con que alguien decide aprovecharlo.
Trabajar el texto
No conviene empezar subrayando demasiado el cinismo. Si el actor marca desde el principio que Juan Carlos es un miserable evidente, el monólogo pierde juego. Lo interesante es que entre con una apariencia de sinceridad, cercanía y hasta de dolor compartido con el jefe.
La observación de los compañeros debe sostenerse con precisión. Ahí el personaje parece estar leyendo la escena con lucidez, casi como si fuera el único adulto en la habitación. Esa posición le da autoridad y prepara el terreno para que el jefe lo escuche como aliado.
El momento de la lotería no debe caer como chiste, sino como revelación fría. Juan Carlos no se derrumba al confesarlo: lo incorpora a su maniobra. Cuanto más natural y asumido parezca ese error convertido en oportunidad, más oscuro se vuelve el texto.
El final funciona mejor si se mantiene la amabilidad. Ahí está buena parte de la crueldad del monólogo: Juan Carlos no remata con violencia, sino con una cortesía interesada que deja al personaje todavía más expuesto.
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• Soy bueno captando señales — cuando un personaje construye una coartada verbal para justificar una traición, pero desde la arrogancia frontal y no desde la falsa lealtad.
• ¿Le apetece un dolor de espalda? — si te interesa una lógica torcida sostenida con convicción, pero desde la torpeza cómica y no desde el cálculo frío.
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• Sólo se me ocurren dos cosas — si buscas un discurso que mezcla pensamiento y emoción en tiempo real, pero con más tristeza íntima y menos manipulación estratégica.
Además…
Si, además de monólogos, también necesitas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

Preguntas frecuentes:
(responde Marc Egea)
¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.
¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.
¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.
¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.
¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.
