dramaturgo
Dramático irónico · Duración aproximada: 1:15 – 1:40 min · Edad: 25–50 años
Una mujer enumera con humor una cadena de desgracias recientes mientras habla con su hermano, cirujano estético. Cuanto más ingeniosa parece, más se revela la soledad que intenta disimular.
El doctor le acaba de recomendar a Diana que no se opere la nariz.
Diana: Oh, muy bien, ¿y esto me lo dices como cirujano o como hermano? Como cirujano, no creo: digo yo que no vas sugiriendo a todos tus clientes que eviten operarse –mal negocio–. Déjame que piense… Voy a pensar en voz alta: hace seis meses hubo reducción de plantilla en el trabajo y me echaron; con Javier ya no hay boda, lo pillé engañándome con otra, ya no hay Javier; la casa estaba a su nombre, así que tuve que marcharme yo, y lo único que pude encontrar de un día para otro fue un antro cochambroso en el extrarradio –sigo buscando–; por cierto, con Javier desaparecieron la mayoría de mis amistades –quién lo iba a decir–; el mes pasado me detectaron diabetes, maravillosa noticia; la semana pasada aparqué mal el coche y se lo llevó la grúa, aún no he ido a buscarlo; porque me paso los días enviando currículums, asistiendo a entrevistas de trabajo y tratando de encontrar un apartamento decente donde vivir, todo eso sin poder comer ya un maldito donut. ¿Qué te parece? ¿Sorprendido? Ah, la última: he descubierto que necesito seis meses para poder ver a mi hermano –y si lo consigo es porque se me ocurre la triquiñuela de pedir cita en su clínica estética para informarme sobre una posible operación de nariz–. Dices que, si me opero esta nariz tan mía, dejaré de ser yo… (suspira, segura). Oh sí, por favor, opere, doctor….
Este monólogo funciona por contraste. Diana cuenta una catástrofe personal como si estuviera haciendo una intervención ligera, casi brillante.
La gracia del texto no está en “hacerlo gracioso”, sino en dejar que el humor aparezca como mecanismo de defensa. Cuanto más ingeniosa suena, más se percibe lo que está tapando.
Lo conmovedor no es la suma de desgracias. Es la energía con la que Diana intenta que no pesen.
El error habitual es cargarlo de tristeza desde el principio. Si se vuelve dramático demasiado pronto, pierde precisamente lo que lo hace singular.
Funciona mejor cuando la actriz sostiene la inteligencia verbal, el ritmo y la aparente luminosidad, dejando que la herida aparezca sola, sin reclamar atención.
Es un texto muy útil para mostrar matices, humanidad y una comicidad cargada de verdad.
Este monólogo forma parte de El libro de los monólogos para casting (para actrices), donde aparece desarrollado como herramienta pensada para el trabajo real en ensayo, casting y videobook.
Si quieres trabajar diálogos (textos para 2 intérpretes), tienes escenas de libre disposición en el Laboratorio Dramático.

(responde Marc Egea)
¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.
¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.
¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.
¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.
¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.
