Cómico explosivo · Duración aproximada: 1:20–1:40 min · Edad: 20-45 años
¡Me llamo Tokio!
Una mujer quiere cambiarse el nombre porque está harta de que la confundan con la Tokio de ‘La casa de papel‘. Lo que empieza como una explicación razonable termina en un estallido cada vez más absurdo y furioso.
Texto del monólogo
Tokio: Me llamo Tokio. Y cuando comenzó esta historia YA me llamaba así. Mis padres me llamaron Tokio para… recordar el lugar en el que me concibieron: el hostal pensión Tokio, aquí en el centro —creo que todavía existe—. Querían ir a la Pensión Albergue de las Religiosas Ursulinas Católicas pero no quedaban habitaciones aquel día. Menos mal. ¿Imagina el nombre que me habría quedado? Aunque… (piensa) viéndolo ahora, no habría sido peor. A ningún creativo de la tele se habría ocurrido llamar a alguien Religiosa Ursulina Católica. Cada vez que digo mi nombre —Tokio—… puede suponerlo, la broma fácil —“Recuerdos a Nairobi”, “Saludos al Profesor”, jiji, jaja…— hay hasta quien cree que soy peligrosa como la Tokio esa de papel. ¡Y no! ¡Yo no soy como esa Tokio! ¡Yo me llamo Tokio! ¡Me llamo Tokio! ¡Y la farsante ésa, no! ¡Ya estoy harta! Apunte eso: ¡Harta! Quiero cambiar de nombre porque estoy harta. Es un motivo suficiente, verdad, señor(el funcionario no sabe qué responder) ¿Verdad? (amenazadora)

Cómo funciona en escena
Este monólogo funciona cuando la actriz no lo lleva solo al chiste, sino a la exasperación verdadera de alguien que siente invadido algo muy íntimo. Tokio no está contando una anécdota graciosa sobre su nombre: está defendiendo su identidad frente a una asociación cultural que la persigue y la desfigura.
La pieza tiene fuerza por el contraste entre lo absurdo de la situación y la seriedad con la que ella la vive. Ahí aparece el humor, sí, pero también una herida real: que tu nombre deje de nombrarte a ti y empiece a remitir siempre a otra cosa. Esa mezcla de comicidad y hartazgo es la clave.
Es un monólogo que permite mostrar carácter, ritmo, precisión verbal y un cambio progresivo desde la explicación casi ligera hasta una exigencia final cargada de tensión.
- Permite trabajar humor con verdad emocional.
- Da juego a la indignación creciente y al orgullo herido.
- Funciona bien para mostrar presencia, ritmo y personalidad.
- Tiene un remate final potente si se dosifica bien.
No quiere otro nombre: quiere recuperar el suyo.
Trabajar el texto
Conviene empezar desde la necesidad de aclarar un malentendido que para ella ya resulta insoportable. La primera frase tiene que sonar como una corrección que ha tenido que hacer demasiadas veces. Eso coloca desde el principio el cansancio del personaje y evita que el texto parezca una ocurrencia improvisada.
También ayuda mucho cuidar el recorrido interno. Primero explica el origen del nombre, luego ironiza con otras posibilidades peores, después entra en el problema concreto de la referencia cultural y finalmente explota. Ese trayecto debe sentirse como una paciencia que se agota.
La comicidad funciona mejor si no se busca de forma ansiosa. Está en la situación, en los detalles, en el contraste entre lo ridículo y lo serio. Cuanto más honestamente defienda Tokio su caso, más fuerte será el humor y más verdadera resultará la rabia.
El final necesita tensión limpia. Cuando pregunta si estar harta es motivo suficiente, ya no está bromeando. Ahí conviene dejar que aparezca la amenaza sin convertirla en caricatura. Es el momento en que la escena deja de ser simpática y se vuelve urgente para ella.
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• Operación de nariz — otra pieza útil para trabajar identidad herida, ironía defensiva y necesidad urgente de intervenir sobre una misma
• No hay problema — comparte precisión verbal, contradicción interna y una protagonista que se define mientras habla
• Primeras impresiones — ideal si buscas oralidad ágil, carisma y un personaje que se retrata poco a poco ante el otro
• La amiga de la actriz — otra buena opción para mostrar indignación creciente, humor y defensa del propio lugar frente a una mirada ajena
Sobre este monólogo
Este monólogo forma parte de El libro de los monólogos para casting (para actrices), donde vienen acompañado de una extensa ficha de trabajo para que puedas extraer el máximo de él.
Además…
Si, además de monólogos, también buscas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

Sobre este monólogo
Este monólogo forma parte de El libro de los monólogos para casting (para actrices), donde vienen acompañado de una extensa ficha de trabajo para que puedas extraer el máximo de él.
Además…
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Preguntas frecuentes:
(responde Marc Egea)
¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.
¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.
¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.
¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.
¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.
