El blog de Marc Egea

No hay problema

Ironía contenida · Duración aproximada: 1:45–2:05 min · Edad: 25-50 años

No hay problema

Una mujer explica por qué su frase más pacífica ha sido, durante años, la forma más elegante y devastadora de no comprometerse con nadie.


Texto del monólogo

Valeria está teniendo una conversación con su chico, seria, y le interrumpe para aclarar algo.

Valeria: Un momento. «No hay problema» no significa que no haya problema, «No hay problema» significa «No hay problema» solamente. ¿Entiendes?… (el chico no entiende, ella explica) Hace una eternidad, el chico con el que estaba saliendo —y llevábamos años saliendo— me propuso tener hijos y yo le respondí «no hay problema». Otro chico con el que salí después habló de adoptar un niñito de África —para hacer un bien al mundo— y yo le dije «no hay problema» (acompaña la frase con un gesto que significa: «¿entiendes?»). Mi siguiente novio me propuso comprar una casa juntos —que nos hipotecáramos juntos— y yo le dije «no hay problema». Y el siguiente novio que tuve me salió con que teníamos que irnos a vivir a Escocia —porque él era de Escocia— y yo le contesté, «no hay problema»… Y aquí me tienes —así me conociste—: sin hijos, sin casa y sin haber pisado nunca Escocia… porque no me gustan los niños, la idea de hipotecarme me aterra y Escocia me parece deprimente por lo poco que he visto en fotografías. Y lo cierto es que no les mentía cuando les contestaba aquello. Sí, pude haberles dicho: “creo que esto no está funcionando», “igual me estoy cansando de ti”, “quizá deberíamos terminar”, pero… no sé, siempre me ha incomodado contrariar y… (pensando) quizá esperaba que, de alguna manera, ellos detectaran eso en mi tono de voz, no sé… Pero no mentía. Porque «No hay problema» no significa que no haya problema, «No hay problema» significa «No hay problema» y nada más, nada… es como callar y esperar que todo se vaya poniendo en su sitio de puro evidente. ¿Entiendes? (el chico no entiende) ¿Te lo vuelvo a explicar? No hay problema. No, no, tranquilo, te lo explico otra vez, no hay problema.


Cómo funciona en escena

Este monólogo funciona cuando la actriz no lo convierte en una simple excentricidad verbal, sino en la revelación muy precisa de una forma de estar en el mundo. Valeria no juega con las palabras por capricho: está justificando una cobardía elegante, una manera de evitar el conflicto dejando que el otro entienda —o no entienda— lo que debería ser evidente.

La fuerza del texto está en el contraste entre el tono aparentemente tranquilo y lo demoledor de lo que cuenta. A medida que enumera sus relaciones pasadas, se va dibujando un patrón de pasividad, incomodidad y fuga afectiva que, lejos de suavizarla, la vuelve muy reconocible y humana.

Esta pieza exige oralidad natural, ironía fina y pensamiento vivo. No necesita grandes explosiones emocionales: necesita que la actriz piense de verdad mientras habla y que deje ver cómo una idea se va afinando delante del interlocutor.

  • Permite trabajar ironía sin perder verdad.
  • Da juego al subtexto y a la contradicción afectiva.
  • Funciona bien para mostrar pensamiento en acción.
  • Tiene un remate circular muy eficaz si se dosifica con precisión.

No evita el conflicto resolviéndolo: lo evita dejando que se pudra solo.

Trabajar el texto

Conviene empezar desde un lugar muy cotidiano. Valeria interrumpe una conversación seria para hacer una aclaración que, para ella, es obvia. Si la actriz entra ya demasiado intelectual o demasiado tensa, el texto pierde naturalidad. Tiene que sonar a cosa pensada muchas veces, no a discurso preparado.

La repetición de “no hay problema” debe ir cambiando de función. A veces sirve como ejemplo, otras como defensa, otras como ironía y, al final, como demostración viva de que el interlocutor sigue sin entender nada. Esa modulación es clave para que la pieza avance y no se vuelva plana.

También ayuda trabajar con mucha precisión la relación con el interlocutor. Ella no está recordando exnovios por nostalgia, sino usándolos como prueba para explicarle al hombre que tiene delante cómo funciona su lenguaje y, en el fondo, cómo funciona ella. Eso mantiene la escena viva y orientada.

El final no conviene hacerlo como chiste cerrado. Funciona mejor si conserva una ligera crueldad tranquila. Cuando ofrece volver a explicarlo y remata con otro “no hay problema”, lo interesante es que entendamos que el problema sigue ahí, intacto, y que quizá esa sea precisamente su forma habitual de terminar las cosas.

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Sobre este monólogo

Este monólogo forma parte de El libro de los monólogos para casting (para actrices), donde vienen acompañado de una extensa ficha de trabajo para que puedas extraer el máximo de él.

Además…

Si, además de monólogos, también buscas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

Preguntas frecuentes:

(responde Marc Egea)

¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.

¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.

¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.

¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.

¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.

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