Un monólogo para casting de Marc Egea: una actriz ensaya en el escenario

PARA ACTRIZ

Primeras impresiones

Leticia se entusiasma enseguida. Sus recuerdos hacen que recibir uno de sus elogios resulte menos tranquilizador de lo esperado.

Comedia

Una candidata conversa con quien la entrevista

Edad

Personaje adulto con experiencia laboral; admite distintas edades de interpretación.

Duración

1:45 min – 2:30 min, aproximadamente.

Duración orientativa estimada, con margen para los cambios de valoración, la mirada al bar y el cierre con el currículum.

Qué puedes trabajar con este monólogo

Ritmo y repetición

Relacionar los entusiasmos y sus cambios sin decirlos todos igual.

Sostener una doble lectura

Elogiar con convicción mientras el público puede oír una advertencia.

Situación

Leticia está en una entrevista para trabajar como camarera en un bar de copas. La mención de Ricardo la lleva a recordar sus visitas a Playamar y a explicar cómo cambió su opinión sobre él.

Leticia es muy habladora. Demasiado.

Leticia: ¿Ricardo? Uh, Ricardo… Claro que sé quién es. Lo conocí en Playamar —no he vuelto a ir a Playamar, por cierto, y mira que me dio fuerte con Playamar al principio; la primera vez que fui, me encantó: las playas de arena fina, el agua cristalina, los bares… me enamoró, ¿verdad que es bonito Playamar?; luego seguí yendo y, tal como iba, ya, mmm (ya no le gusta tanto)… un día, me atracaron cuando paseaba por la calle, en Playamar, y no he vuelto a ir nunca más—. ¿Ricardo, me decías? Pues claro que sé quién es Ricardo. Qué casualidad. Ricardo. Acabó mal, ¿no? Mira, te voy a decir algo. Cuando lo vi por primera vez, me enamoró —así como te lo digo—, me enamoró. Qué carácter, qué personalidad. Es de esas personas que desprenden carisma, que podrían arrastrarte hasta el fin del mundo. Cuando lo vi por segunda vez, ya no fue para tanto. Cuando le vi por tercera vez pensé: “Pues vaya un tío más imbécil”, ¿verdad? En fin… La gente es imprevisible, la vida es imprevisible. Ahora no sé si estoy hablando demasiado. Es que, ¿sabes qué pasa?: Inspiras confianza. Sí. Eres de esas personas que en el primer minuto parece un viejo amigo, ¿sabes? Tienes un carácter, una personalidad… (le encanta) ¿no te lo habían dicho nunca? (Mira a su alrededor) Y este bar también me ha encantado, no lo conocía pero, me encanta, me veo trabajando aquí muchos años. (Termina) Bueno, pues nada. Si estás interesado en mí, soy una buena camarera, (señala el currículum) ahí tienes mi teléfono (sonríe)…

Claves escénicas

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El desvío hacia Playamar tiene su propio recorrido antes de volver a Ricardo.

Leticia empieza respondiendo sobre una persona y se detiene en un lugar: fascinación inicial, pérdida de entusiasmo y atraco. «¿Ricardo, me decías?» recupera después el asunto de partida. Puedes dejar que cada asociación nazca de la anterior sin perder de vista a quien la entrevista.

El entusiasmo por Ricardo repite un cambio que ya hemos escuchado.

La primera impresión la enamora; la segunda pierde fuerza y la tercera termina en rechazo. El paralelismo con Playamar prepara lo que oiremos cuando elogie al entrevistador y al bar. Puedes distinguir los matices de cada recorrido sin imponer una misma melodía a todas las repeticiones.

El elogio presente puede ser sincero aunque al público le suene poco fiable.

Leticia alaba el carácter del entrevistador y se imagina años trabajando allí; la acotación indica que le encanta. Los antecedentes permiten sospechar cuánto durará esa impresión, pero ella no anuncia un nuevo desencanto. Trabaja el elogio sin necesitar un guiño que lo desmienta.

El currículum devuelve la conversación al objetivo de conseguir el trabajo.

Después de preguntarse si habla demasiado, Leticia vuelve a expandirse en elogios. Al final se ofrece como camarera, señala el currículum y sonríe. La escena termina en una candidatura concreta; no cuenta si la contratan ni obliga a representar que ella descubre haberlo estropeado.

Para explorar la escena

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Comparar los dos desencantos antes de llegar al elogio actual.

Recorre Playamar y Ricardo atendiendo a qué cambia en cada recuerdo. Después prueba el elogio al entrevistador como una impresión presente convincente. Comprueba si el público puede reconocer el patrón sin que tú anticipes un rechazo que el texto no contiene.

Mantener el contacto con el entrevistador mientras el relato se desvía.

En una copia de trabajo, localiza las preguntas que buscan complicidad y el momento en que te preguntas si hablas demasiado. Ensaya cómo vuelves a dirigirte a él desde cada recuerdo; conserva la mirada alrededor, el gesto al currículum y la sonrisa final.

¿Quién hay detrás de estos monólogos?

Marc Egea, dramaturgo

Escribo teatro desde 2004 y mis obras se han representado en más de veinte países. Estos monólogos son una parte de mi trabajo. Si buscas un texto para montar, puedes explorar mi repertorio de obras originales, adaptaciones y microteatro.

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