Cómico inteligente · Duración aproximada: 2:50–3:20 min · Edad: 25-60 años
Capacidad de observación
En una entrevista de trabajo, una candidata supera la prueba que le proponen. Pero enseguida convierte esa misma prueba en un contraataque inesperado y demoledor.
Texto del monólogo
Marta está en una entrevista de trabajo. El entrevistador le ha pedido que, antes de empezar, se tape los ojos y describa la habitación.
Marta: (Tapándose los ojos con una mano) Detrás de mí hay una pared lisa, color blanco, con un cuadro en medio con el detalle ese de la Capilla Sixtina en que se ve a Dios dando la vida a Adán, de esos que venden en Ikea. La pared la acabaron de pintar hace poco, por cierto, vamos, todas las paredes, todo el despacho está recién pintado, aún huele a pintura. A mi derecha –a la izquierda para usted– una línea de estanterías llenas de cajas archivadoras, aún vacías –si estuvieran llenas no se sostendrían en pie de esa manera–. La pared del fondo aún esta blanca, sin nada, y para llenarla un poco, han puesto una planta de pie delante, artificial, muy resultona, y, a un lado, un perchero. En el perchero hay colgado un casco de moto color blanco merengue, que lleva pegado un adhesivo del Real Madrid –está del revés, por cierto, boca abajo–. A mi derecha, una ventana con persiana de lamas, que, por la posición que la habitación tiene en el edificio debe de dar a un patio interior, y porque si tuviera una vista abierta, bonita, se vería. Y en medio de la habitación, una mesa despacho, también de Ikea, con todos los accesorios típicos –ordenador, abrecartas, un bote con bolígrafos, fotos de la familia, y usted mismo, dando golpecitos en la mesa con esas manos gruesas que aún tienen restos de pintura blanca entre los dedos–. (Se destapa los ojos) ¿Era esto?
Mi nombre es Marta y… (se interrumpe) No acabo de entender –perdone que se lo diga– esta nueva moda de empezar las entrevista de trabajo con esto. ¿Sabe que en la oficina de empleo nos avisan? Todas las que pasen le van a describir perfectamente el despacho, hasta la menos observadora. Mire, le diré algo. ¿Quiere saber de verdad si una persona es observadora? Haga esta prueba, es infalible, ¿puedo?, gracias:
Cítese con alguien a una hora determinada, en la otra punta de la ciudad. Salga de casa con tiempo de sobras para llegar puntual. Cuando llegue al sitio, no encuentre aparcamiento. Y pierda mucho tiempo dando vueltas. Cuando esté a punto de cumplirse la hora y usted aún no haya encontrado aparcamiento y esté desesperada, desesperado porque va a llegar tarde –y no puede telefonear a la persona porque no tiene su número de teléfono directo–, deje que se vehículo se estropée en medio de la calle, deje que se le rompa el radiador, por ejemplo, y empiece a salir ese humo blanco tan típico de las averías de radiador. En ese momento estará en una posición privilegiada para saber si las personas que le rodean son observadoras.
Si el tipo que viene detrás con una moto, por ejemplo, le pita como un energúmeno, le adelanta, y al pasar por su lado le llama imbécil y suelta: “¡Sólo a una mujer se le ocurre aparcar en medio de la calle!”, sabrá con seguridad que esa persona no es observadora. No porque se haya puesto un adhesivo del revés en su casco blanco merengue sino porque una persona mínimamente observadora vería muy fácilmente que está en una situación difícil, incómoda, indeseada. Y ahora me pregunto: ¿es inteligente que me plantée trabajar para alguien que no superaría la prueba que me está haciendo?

Cómo funciona en escena
El monólogo funciona por inversión de poder. Al principio, Marta parece sometida a una prueba más dentro de una entrevista de trabajo: tiene que demostrar su capacidad de observación describiendo el despacho. Lo hace bien, incluso brillantemente. Pero el verdadero interés de la pieza está en que no se limita a superar la prueba: la desmonta y la devuelve.
La escena gana fuerza porque Marta no se rebela de forma impulsiva ni torpe. Su contraataque está construido con inteligencia, precisión y un ejemplo muy concreto. No discute en abstracto la validez de la prueba: demuestra que quien la propone ni siquiera entendería lo esencial de una situación humana real. Ahí el texto encuentra su filo.
Escénicamente, el monólogo pide mezcla de seguridad, irritación contenida y placer argumentativo. Marta no está haciendo una pataleta: está pensando mejor que su interlocutor. Cuanto más limpia y lógica sea esa construcción, más satisfactoria y contundente resulta la escena.
- La primera parte debe sonar como una descripción precisa, no como un lucimiento excesivo.
- El cambio empieza en “Mi nombre es Marta y…”: ahí se fractura el protocolo de la entrevista.
- El ejemplo del coche averiado debe contarse con creciente implicación, pero sin perder claridad.
- La última pregunta necesita firmeza serena, no agresividad desbordada.
Observar no es ver detalles: es entender una situación humana.
Trabajar el texto
Lo primero es diferenciar con nitidez las dos partes del monólogo. La descripción inicial del despacho tiene una función muy concreta: mostrar eficacia, rapidez mental y precisión visual. Marta cumple con la prueba. Esa primera parte debe tener seguridad y concentración.
Después llega el verdadero monólogo. En “Mi nombre es Marta y…” algo se rompe: ya no sigue el guion esperado. La actriz debe marcar ese punto de inflexión con naturalidad, no como un golpe teatral muy buscado. Simplemente, Marta decide pensar por su cuenta y decir lo que realmente opina.
El ejemplo del tráfico y la avería necesita una construcción muy clara. No es una digresión gratuita: es una demostración. Conviene trabajarlo casi como una pequeña escena dentro de la escena, con creciente presión, para que se vea exactamente qué entiende Marta por observación verdadera.
El final no debe jugarse como una “victoria” demasiado celebrada. Marta no está haciendo una gracia final, sino planteando una objeción seria: quizá ese jefe no merece trabajar con ella. Cuanto más simple y firme suene esa última pregunta, más contundente será el cierre.
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Sobre este monólogo
Este monólogo forma parte de El libro de los monólogos para casting (para actrices), donde vienen acompañado de una extensa ficha de trabajo para que puedas extraer el máximo de él.
Además…
Si, además de monólogos, también buscas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

Preguntas frecuentes:
(responde Marc Egea)
¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.
¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.
¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.
¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.
¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.
