Un monólogo para casting de Marc Egea: una actriz ensaya en el escenario

PARA ACTRIZ

Capacidad de observación

Una candidata describe un despacho con los ojos tapados. Cuando propone otra prueba, quien la examina empieza a quedar en evidencia.

Comedia

Una candidata se dirige a quien la entrevista

Edad

Personaje adulto en búsqueda de empleo; admite distintas edades de interpretación.

Duración

4:15 min – 5:45 min, aproximadamente.

Duración orientativa estimada, con margen para la descripción con los ojos tapados, el cambio de propuesta y la revelación final.

Qué puedes trabajar con este monólogo

Construir una argumentación

Cuestionar una prueba mediante un ejemplo que obliga al entrevistador a revisar su propio criterio.

Dosificar una revelación

Introducir detalles del despacho que después permiten reconocer al protagonista del incidente.

Situación

Marta acude a una entrevista de trabajo. Antes de empezar, el entrevistador le pide que se tape los ojos y describa la habitación.

Marta: (Tapándose los ojos con una mano) Detrás de mí hay una pared lisa, color blanco, con un cuadro en medio con el detalle ese de la Capilla Sixtina en que se ve a Dios dando la vida a Adán, de esos que venden en Ikea. La pared la acabaron de pintar hace poco, por cierto, vamos, todas las paredes, todo el despacho está recién pintado, aún huele a pintura. A mi derecha –a la izquierda para usted– una línea de estanterías llenas de cajas archivadoras, aún vacías –si estuvieran llenas no se sostendrían en pie de esa manera–. La pared del fondo aún esta blanca, sin nada, y para llenarla un poco, han puesto una planta de pie delante, artificial, muy resultona, y, a un lado, un perchero. En el perchero hay colgado un casco de moto color blanco merengue, que lleva pegado un adhesivo del Real Madrid –está del revés, por cierto, boca abajo–. A mi derecha, una ventana con persiana de lamas, que, por la posición que la habitación tiene en el edificio debe de dar a un patio interior, y porque si tuviera una vista abierta, bonita, se vería. Y en medio de la habitación, una mesa despacho, también de Ikea, con todos los accesorios típicos –ordenador, abrecartas, un bote con bolígrafos, fotos de la familia, y usted mismo, dando golpecitos en la mesa con esas manos gruesas que aún tienen restos de pintura blanca entre los dedos–. (Se destapa los ojos) ¿Era esto?

Mi nombre es Marta y… (se interrumpe) No acabo de entender –perdone que se lo diga– esta nueva moda de empezar las entrevista de trabajo con esto. ¿Sabe que en la oficina de empleo nos avisan? Todas las que pasen le van a describir perfectamente el despacho, hasta la menos observadora. Mire, le diré algo. ¿Quiere saber de verdad si una persona es observadora? Haga esta prueba, es infalible, ¿puedo?, gracias:

Cítese con alguien a una hora determinada, en la otra punta de la ciudad. Salga de casa con tiempo de sobras para llegar puntual. Cuando llegue al sitio, no encuentre aparcamiento. Y pierda mucho tiempo dando vueltas. Cuando esté a punto de cumplirse la hora y usted aún no haya encontrado aparcamiento y esté desesperada, desesperado porque va a llegar tarde –y no puede telefonear a la persona porque no tiene su número de teléfono directo–, deje que se vehículo se estropée en medio de la calle, deje que se le rompa el radiador, por ejemplo, y empiece a salir ese humo blanco tan típico de las averías de radiador. En ese momento estará en una posición privilegiada para saber si las personas que le rodean son observadoras.

Si el tipo que viene detrás con una moto, por ejemplo, le pita como un energúmeno, le adelanta, y al pasar por su lado le llama imbécil y suelta: “¡Sólo a una mujer se le ocurre aparcar en medio de la calle!”, sabrá con seguridad que esa persona no es observadora. No porque se haya puesto un adhesivo del revés en su casco blanco merengue sino porque una persona mínimamente observadora vería muy fácilmente que está en una situación difícil, incómoda, indeseada. Y ahora me pregunto: ¿es inteligente que me plantée trabajar para alguien que no superaría la prueba que me está haciendo?

Claves escénicas

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Marta no solo recuerda objetos: también explica sus deducciones.

El olor a pintura, la posición de las cajas y la persiana le sirven para concluir cosas sobre el despacho. Puedes distinguir la precisión de lo observado del placer o la seguridad con que interpreta esas señales. Son deducciones de Marta: no hace falta tratarlas todas como certezas externas.

Taparse y destaparse los ojos separa dos maneras de enfrentarse al entrevistador.

La descripción se realiza con una mano sobre los ojos, como indica el texto. Al destapárselos, pregunta «¿Era esto?» e intenta presentarse, pero se interrumpe para cuestionar la prueba. Ese paso permite explorar cuánto cambia el contacto con el hombre sin añadir una reacción suya que el texto no escribe.

El ejemplo de la avería devuelve al entrevistador el papel de examinado.

Marta lo conduce por una cadena concreta: llegar puntual, no encontrar aparcamiento, sufrir una avería y recibir un insulto. «Desesperada, desesperado» puede dejar asomar su implicación antes de que reaparezca el casco. La propuesta empieza como un caso general y termina señalando a quien la escucha.

El casco identifica al motorista; la avería sostiene el reproche.

El adhesivo del revés enlaza al hombre del despacho con el incidente. Pero Marta aclara que su falta de observación está en no haber comprendido una situación difícil. Su pregunta final pone en duda trabajar para él; no establece si rechazará el puesto, será contratada o recibirá una disculpa.

Para explorar la escena

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Diferenciar lo que Marta recuerda de lo que deduce.

En una copia, separa detalles que describe y conclusiones que extrae de ellos. Recorre después el despacho imaginado respetando la mano sobre los ojos y el momento de destaparlos. Observa cómo esa distinción puede evitar que toda la descripción suene como una lista uniforme.

Probar cuánto anticipa Marta antes de nombrar de nuevo el casco.

Haz una pasada presentando la avería como una demostración general y otra dejando que pese más el agravio personal. Mantén las mismas palabras, incluida la corrección «desesperada, desesperado». Compara cuándo se vuelve reconocible el destinatario del reproche y qué fuerza conserva la pregunta final.

¿Quién hay detrás de estos monólogos?

Marc Egea, dramaturgo

Escribo teatro desde 2004 y mis obras se han representado en más de veinte países. Estos monólogos son una parte de mi trabajo. Si buscas un texto para montar, puedes explorar mi repertorio de obras originales, adaptaciones y microteatro.

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