El blog de Marc Egea

La amiga de la actriz

Cómico satírico · Duración aproximada: 1:20–1:40 min · Edad: 25-45 años

La amiga de la actriz

Una dependienta estalla contra esa admiración automática hacia la actriz y reivindica, con furia y humor, el mérito invisible de su propio trabajo.


Texto del monólogo

Ángela: En mi trabajo, cuando viene un cliente, tengo que decir: “Hola qué tal, cómo está ¿puedo ayudarle en algo?, si necesita cualquier cosa por favor no dude en decirlo, estoy aquí para ayudarle, gracias”. Te suelen responder con exigencias, caprichos, impertinencias, o peor, pasando de largo sin hacerte ni caso. Esto, a las nueve de la mañana. A las diez, a las once, a las doce, lo mismo: “Hola qué tal, cómo está, ¿puedo ayudarle en algo?, si necesita cualquier cosa por favor no dude en decirlo, estoy aquí para ayudarle, gracias”. De todo: pesados, idiotas, maleducados… Por la tarde, igual. Hasta las nueve. Y luego dicen que los actores y actrices sois como una especie de superhéroe porque representáis la misma obra de teatro todos los días de la semana —¡mentira, el lunes y el martes no!—. “Es que si un día no están al cien por cien tienen que actuar de todos modos”, “O si le duele la cabeza”, “O el dedo gordo del pie” ¡Ohhh! “Tienen que hacerlo siempre igual de bien porque el público siempre es nuevo y merece la mejor actuación” ¡Ohhh! ¡Qué durooo! ¡Hostia putataaaaaaaa! ¡Eso no tiene mérito! ¡Mira! (angelical) “Hola qué tal, cómo está ¿puedo ayudarle en algo?, si necesita cualquier cosa por favor no dude en decirlo, estoy aquí para ayudarle, gracias”.


Cómo funciona en escena

Este monólogo funciona bien cuando la actriz no lo plantea como una simple queja, sino como una acumulación real de cansancio, agravio y lucidez. Ángela no está filosofando sobre el teatro: está explotando porque siente que nadie ve el esfuerzo repetitivo, agotador y poco agradecido de su propio trabajo.

La pieza tiene fuerza si se sostiene sobre la comparación concreta entre dos rutinas. Por un lado, la liturgia agotadora de atender clientes durante horas. Por otro, la idealización casi mística del trabajo actoral. Ahí aparece el humor, pero también una verdad bastante incómoda: el prestigio social no siempre coincide con el esfuerzo real.

Es un texto permite mostrar ritmo oral, ironía, estallido y remate. No necesita gran construcción externa: necesita verdad, velocidad bien administrada y un cambio muy claro entre el enfado creciente y ese final “angelical” que remata toda la pieza.

  • Permite trabajar rabia con humor sin perder naturalidad.
  • Da juego a la oralidad cotidiana y al ritmo repetitivo.
  • Funciona bien para mostrar ironía, carácter y presencia.
  • Tiene un remate final muy agradecido si se dosifica bien la energía.

No estalla contra el teatro: estalla contra el prestigio mal repartido.

Trabajar el texto

Conviene empezar desde un lugar reconocible y no desde el grito. Ángela lleva muchas horas acumuladas encima, muchas frases repetidas, mucha frustración tragada. Si la actriz arranca ya desbordada, pierde el placer de ver cómo se va llenando el vaso hasta romperse.

La repetición del saludo comercial es clave. No debe sonar igual cada vez por pura mecánica, sino como una frase que el personaje ha dicho cientos de veces y que ahora, al recordarla, se convierte en prueba de cargo. Ahí está buena parte del ritmo de la pieza y de su potencia cómica.

También ayuda mucho no caricaturizar la crítica a actores y actrices. Ángela no está haciendo un sketch sobre gente del teatro: está defendiendo la dignidad de un trabajo invisible. Cuanto más serio sea ese fondo, mejor funcionará el humor del texto.

El final requiere precisión. Ese (angelical) no debe ser solo un chiste: es la demostración final. Después de toda la rabia, vuelve a ejecutar la frase con perfección profesional. Ahí el monólogo se redondea y la actriz puede dejar una imagen muy fuerte.

Otros monólogos que pueden interesarte

No hay problema — otra pieza muy útil para trabajar lenguaje cotidiano, ironía y una verdad que tarda en aflorar
Un portazo — comparte ritmo oral, resentimiento elegante y una voz muy reconocible desde la primera frase
Primeras impresiones — ideal para mostrar velocidad mental, simpatía aparente y un personaje que se retrata sola al hablar
El alcohol es muy malo — otra buena opción si buscas oralidad afilada, humor ácido y observación social

Sobre este monólogo

Este monólogo forma parte de El libro de los monólogos para casting (para actrices), donde vienen acompañado de una extensa ficha de trabajo para que puedas extraer el máximo de él.

Además…

Si, además de monólogos, también buscas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

Preguntas frecuentes:

(responde Marc Egea)

¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.

¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.

¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.

¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.

¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.

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