El blog de Marc Egea

No sé inventar historias

Humorístico realista · Duración aproximada: 2:45–3:20 min · Edad: 25–50 años

No sé inventar historias

Un supuesto “negro literario” intenta vender su talento mientras demuestra, sin querer, que quizá sí sabe inventar historias.


Texto del monólogo

Pedro está reunido con un escritor. Pedro es un ‘negro literario’. O al menos eso dice.

Pedro: Calidad, de sobras; lo único que pasa es que no sé inventar historias. Pero calidad, de sobras. Sólo tiene que decirme qué quiere que le escriba y yo se lo escribo. No necesito que me diga mucho, tranquilo, sólo… un esbozo de historia, aunque sea poca cosa. Mire, por ejemplo –se lo cuento–, hace años me vino un escritor muy famoso y –muy famoso ahora, entonces no lo era- y me dijo –no puedo decirle el nombre por discreción, claro, entiéndalo–, y me dijo: “Necesito que me escribas una novela”. Y yo: “Vale”. “Pero una novela, buena, buena, eh, que quiero que sea mi primer gran pelotazo”. Y yo: “Venga”. Y él: “Mira, la historia es esta: un hombre está delante de un pelotón de fusilamiento y de repente le da por acordarse de la primera vez que vio el hielo”. Y yo: “Joder. Bueno. Vale. Y le escribí la novela”. Luego, más tarde, un amigo suyo –del tío este– se enteró de que yo se había escrito la novela esa y me llamó –él también era escritor– y me dijo: “No te has currado mucho los nombres de los personajes de la novela pero… es buena, es buena”. Y yo: “Es que no sé inventar nombres, no sé inventar historias pero, calidad, de sobras. Sólo tiene que decirme qué quiere que le escriba y yo se lo escribo. No necesito que me diga mucho, tranquilo, sólo… un esbozo de historia, aunque sea poca cosa”. “Pues, apunta”, me dijo. Me contó lo que quería que le escribiera y se lo escribí. Y me dijo: «Y a partir de ahora sólo escribirás para mí”. Tenía mucho dinero. Y yo: «Vale». Lo que pasa es que el otro escritor me necesitaba –cuando se empieza no se puede dejar, es como la droga, dependencia– y me pidió que le escribiera otra novela, en secreto. Y yo: “Buuueno. Vale”. Y me cuenta: “Ésta va sobre un tío». «Sí, qué». «Lo matan». «¿Lo matan?» «Así, de repente, nada más empezar, sin intriga”. Y yo: «¿Ya está?» «Ya está». Y yo: «Hombre, dame más información”. “Bueno. El día que lo matan se levanta a las cinco de la mañana.” Y yo yo: “Joder. Bueno. Vale”. –Que manía con matar, ¿no?– Y le escribí la novela. En secreto. Pero el otro escritor se enteró. El del dinero. Y… qué mal se lo tomó. Fue a buscar a éste y le arreó un puñetazo… Dejaron de ser amigos. No se han hablado durante años. Y yo en medio de los dos porque les he seguido escribiendo a los dos. Es que cuando se empieza no se puede parar. Ellos me llaman, me dicen: “La historia es esta”, y yo les escribo la novela. Me avanzan el dinero y ya está. Así que tranquilo. Confíe en mí. Calidad, de sobras. Sólo tiene que darme una historia –no hace falta que sea mucho– porque, yo, no sé inventar historias…


Cómo funciona en escena

Este monólogo funciona muy bien cuando el actor entiende que el humor no está en “hacer gracia”, sino en la contradicción del personaje. Pedro quiere parecer profesional, útil, casi imprescindible, pero cuanto más insiste en que no sabe inventar historias, más evidente resulta que está fabricando una historia disparatada delante de nosotros.

La pieza tiene mucho ritmo y mucha oralidad. Gana cuando se dice como alguien que está improvisando sobre la marcha, intentando convencer de verdad al interlocutor. Esa sensación de pensamiento vivo hace que el texto no suene escrito, sino urgentemente contado. Y debajo del tono simpático hay algo importante: necesidad de reconocimiento, inseguridad y una súplica bastante desnuda para que lo contraten.

  • Permite mostrar comedia realista sin caer en caricatura.
  • Da juego para trabajar verborrea, ritmo narrativo y aparente improvisación.
  • Mezcla ironía, ingenuidad y necesidad de aprobación en un mismo arco.
  • Sirve muy bien para casting donde interesa un personaje entrañable, rápido y algo excéntrico.

No sé inventar historias… pero se las escribo.

Trabajar el texto

Lo primero es no separar demasiado la comicidad de la necesidad. Pedro no cuenta esta historia para divertir: la cuenta para conseguir trabajo. Si el actor no pierde eso de vista, el monólogo se sostiene desde la verdad y no desde la ocurrencia.

Conviene cuidar mucho las repeticiones. “Calidad, de sobras” y “no sé inventar historias” no son simples coletillas: son la manera en que Pedro intenta construirse una identidad convincente. Cada repetición debería llegar con una intención ligeramente distinta: presumir, justificarse, seducir, defenderse.

También ayuda trabajar el contraste entre seguridad y fragilidad. A ratos parece un buscavidas con aplomo; a ratos, alguien que está pidiendo aprobación casi sin darse cuenta. Esa oscilación es una de las claves más ricas del texto.

El ritmo debe ser ágil, pero no atropellado. Hay que dejar que entren ciertas pausas breves, sobre todo cuando Pedro recuerda detalles, presume de su talento o percibe que necesita convencer más. Ahí aparece el subtexto y el monólogo gana profundidad.

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Además…

Si, además de monólogos, también necesitas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

Preguntas frecuentes:

(responde Marc Egea)

¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.

¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.

¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.

¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.

¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.

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