El blog de Marc Egea

Voy a ser gamer

Cómico tierno · Duración aproximada: 2:15–2:40 min · Edad: 35–50 años

Voy a ser gamer

Un monólogo simpático que empieza como una charla familiar corriente y termina revelando, con entusiasmo desarmante, una decisión tan absurda como entrañable.


Texto del monólogo

Arturo: El otro día me vino Álex y me dijo: “Papá, voy ser gamer” –‘gamer’ significa que te dedicas a jugar a los juegos esos que juega Álex, profesionalmente, como trabajo-. Qué locura, verdad. Y qué le iba a decir. Yo de niño quería ser futbolista. Y, ¿sabes? Yo era bueno jugando a fútbol, muy bueno, el mejor de mi barrio. Y los futbolistas ganaban mucho dinero (recordando) ¿cómo no iba a querer ser futbolista? Mi padre era mucho de “Persigue tus sueños”, como tú. Así que un día me llevó a probar con unos chavales de la ciudad, federados. Buh. No vi ni una bola. Dios mío, qué buenos eran aquellos tíos. O qué malo era yo. Malo no, mediocre. Vamos, se me quitó la idea de ser futbolista. Pero, joder(nostálgico), aquellos años que jugué en mi barrio a fútbol qué bien lo pasé… imaginando. En eso consiste ser niño, ¿no?

Así que le dije a Álex, “Venga, echemos una partida” –(para sí) «Persigue tus sueños, persigue tus sueños»-. Y me puso uno de esos juegos suyos. ¿Sabías que Álex es bueno? Muuy bueno. Según un ranking que me enseñó, es el jugador número 21 del país. Como lo oyes. Nuestro Álex. Bueno, pues, resulta que… Le gané. Inmediatamente dijo: “Otra, papá”. Y le volví a ganar. A la quinta partida lo dejé a cero (sorprendido, admirado de sí mismo). Así que estos días, no sé, he estado probando, he jugado algunas partidas online cuando no estabas en casa, he entrado en el ranking -no veas en qué posición me he puesto- y… (asintiendo): Amor, lo he decido: he dejado el trabajo: voy a ser gamer.


Cómo funciona en escena

El monólogo funciona muy bien porque parte de una situación doméstica reconocible y de un personaje que parece razonable. Arturo no entra haciendo comedia: entra recordando, comparando y pensando en voz alta. Eso hace que el espectador lo siga con facilidad.

La gracia está en cómo el texto se desplaza. Lo que empieza como una reflexión casi paternal sobre los sueños infantiles se va convirtiendo poco a poco en otra cosa: el personaje revive su propia ilusión y acaba apropiándose del deseo del hijo. El remate funciona porque no rompe el tono, sino que lo lleva hasta su conclusión más insensata.

  • Permite trabajar humor desde la verdad cotidiana, no desde el chiste.
  • Da juego para mostrar ternura, entusiasmo y sorpresa real.
  • Funciona muy bien en actores con ritmo oral y cercanía.
  • Deja una impresión de simpatía, frescura y humanidad.

A veces uno no recupera un sueño: recupera al niño que todavía lo quería.

Trabajar el texto

No conviene empezar buscando el efecto cómico. Arturo no está contando una ocurrencia: está haciendo un razonamiento que, para él, tiene sentido. Si el actor entra ya subrayando la gracia, el monólogo pierde recorrido.

La primera parte necesita memoria y verdad. Ahí aparece el niño que quiso ser futbolista y no pudo. Esa zona no debe tratarse como simple introducción, porque es lo que da peso al giro posterior y evita que el texto se quede en anécdota.

Cuando Arturo descubre que puede ganar a su hijo, cambia algo dentro de él. Ese entusiasmo debe crecer de manera limpia, casi ingenua. Lo interesante es que no parece un adulto haciendo el ridículo, sino alguien que de pronto vuelve a sentir la emoción de una posibilidad.

El final funciona mejor si cae con convicción serena. No hace falta exagerar la locura de la decisión. Cuanto más natural sea, más tierno y más gracioso resulta.

Otros monólogos que pueden interesarte

¿A qué hora se cena? — cuando el personaje intenta mover al otro desde una verdad emocional, pero con más gravedad y menos juego cómico.

Nada cambia — si te interesa un discurso que parece razonable mientras va revelando otra cosa, pero desde el cálculo y no desde la ternura.

Sólo se me ocurren dos cosas — cuando el pensamiento organiza el monólogo en tiempo real, pero desde la tristeza y no desde el entusiasmo.

No te llamó «playa» — si buscas un personaje que va comprendiendo lo que debe decir mientras habla, pero desde el conflicto doloroso y no desde la simpatía familiar.

Además…

Si, además de monólogos, también necesitas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

Preguntas frecuentes:

(responde Marc Egea)

¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.

¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.

¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.

¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.

¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.

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