El blog de Marc Egea

No regañaré a su hijo

Realista irónico · Duración aproximada: 2:20–2:55 min · Edad: 30–55 años

No regañaré a su hijo

Un camarero, harto de que lo conviertan en amenaza y chivo expiatorio, decide marcar un límite con una cortesía cada vez más afilada.


Texto del monólogo

Alberto está sirviendo mesas en un restaurante y lleva rato soportando las impertinencias de un niño maleducado sin que la madre del niño haga nada. Cuando finalmente oye a la madre decirle al niño: «Si no te portas bien, el camareró vendrá y te reñirá y te pegará» no puede evitar acercarse a la mesa.

ALBERTO: No señora, yo no regañaré a su hijo, ni le pegaré. (Al niño) No, niño, yo no te regañaré, no te pondré una mano encima. Mi trabajo aquí –estoy hablando con usted ahora, señora– es servir mesas, no educar niños. Con el debido respeto, señora, creo que ese trabajo le corresponde a usted; no “educar niños”, en general, claro, sólo educar al suyo. No tiene porqué educar a esos dos, por ejemplo. ¿Ve esos dos niños? Son hermanitos. Vienen a menudo: llegan con sus padres, se sientan, comen y, cuando han terminado, se van. No tiene usted que tomarse la molestia de ir allí a decirle a los críos que en un restaurante, cuando se está con gente, no se grita, que en un restaurante no se juega con los cubiertos, no se tira la comida al suelo y no se corretea por entre las mesas. No tiene que hacerlo. No porque los niños ya estén callados –¿los ve, señora?–, no porqué estén callados, quietos y comiendo su comida civilizadamente con los cubiertos, no, sino porque no son sus hijos. Este niño –hola, niño– este niño, que yo sepa, no es hijo mío. Así que no voy a ser yo quien le diga que en un restaurante no se grita, no se tira la comida al suelo y no se corretea por entre las mesas. Y, por supuesto, no voy a regañarle, y –aún menos– pegarle. No me corresponde. Lo que me corresponde hacer –y por ello me pagan– es tratar que mis clientes estén bien. Así que, si la próxima vez que vienen a este restaurante tienes previsto portarte a portarte así… tú te quedas fuera –y ahora estoy hablando contigo, niño–, me conozco la cantinela del derecho de admisión, señora, será que simplemente se habrán reservado todas las mesas, de repente, y no quedará ni una sola libre, no pienses que la gente de esta ciudad ha conspirado para dejarte sin comer: la conspiración la tienes en casa y tú formas parte de ella. Yo no regaño ni pego. Como ve, señora (a la señora), he hablado con el niño educadamente.


Cómo funciona en escena

Este monólogo funciona muy bien cuando el actor no lo lleva a una explosión inmediata, sino a una contención que se va cargando de veneno. Alberto no pierde los papeles del todo: precisamente por eso el texto resulta más eficaz. Está harto, pero sigue hablando desde la posición profesional del camarero, y esa tensión entre oficio y rabia es el verdadero motor de la pieza.

La ironía aquí no es un adorno, sino una forma de defender la dignidad. Alberto no quiere educar al niño: quiere devolverle a la madre la responsabilidad que ella está intentando desplazar sobre él. Cuanto más cortés intenta sonar, más nítida aparece la humillación acumulada que lleva dentro.

  • Permite trabajar contención, ironía y autoridad sin necesidad de gritar.
  • Da juego para construir una progresión muy clara desde la corrección hasta la amenaza velada.
  • Ofrece un personaje reconocible y muy actual, con conflicto social y dignidad herida.
  • Funciona muy bien en casting por su mezcla de verdad cotidiana, tensión y filo verbal.

No voy a educar a su hijo. Voy a dejar claro que no me corresponde.

Trabajar el texto

Lo primero es no confundir firmeza con bronca. Alberto no necesita desbordarse para imponerse. De hecho, cuanto más intente mantener las formas, mejor funciona el monólogo. La violencia del texto está en la precisión con que señala lo evidente, no en el volumen.

Conviene diferenciar bien los dos focos del discurso: la señora y el niño. No habla igual a una que al otro. Ese cambio de destinatario organiza muy bien la escena y ayuda a que el texto respire. Además, permite que aparezca algo muy interesante: Alberto usa al niño para decirle a la madre lo que realmente quiere decirle a ella.

También merece la pena trabajar la acumulación. El personaje no estalla por un detalle aislado, sino por cansancio. Hay una jornada previa, muchas pequeñas humillaciones y un límite que se ha cruzado. Si el actor sostiene esa carga anterior, el monólogo gana mucho espesor sin necesidad de subrayarlo.

En el cierre, la clave está en no “rematar” demasiado. “He hablado con el niño educadamente” debe caer con una calma casi impecable. Ahí está el filo. Si se fuerza, se pierde; si se dice con limpieza, el golpe llega solo.

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Además…

Si, además de monólogos, también necesitas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

Preguntas frecuentes:

(responde Marc Egea)

¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.

¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.

¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.

¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.

¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.

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