
PARA ACTOR
No regañaré a su hijo
Alberto no acepta que una madre lo use como amenaza para su hijo. Su defensa de la buena educación acaba incluyendo una advertencia muy concreta.
Comedia
Un camarero se dirige alternativamente a una madre y a su hijo
Edad
Personaje adulto que trabaja de camarero; admite distintas edades de interpretación.
Duración
2:45 min – 4:00 min, aproximadamente.
Duración orientativa estimada, con margen para los cambios de destinatario y el contraste entre cortesía y advertencia.
Qué puedes trabajar con este monólogo
Argumentación
Delimitar responsabilidades mediante ejemplos y comparaciones.
Doble lectura
Afirmar que no se regaña mientras se ejerce una presión evidente.
Situación
Alberto sirve mesas y lleva rato soportando las impertinencias de un niño sin que su madre intervenga. Se acerca cuando ella le dice al niño que el camarero vendrá a reñirle y pegarle si no se porta bien.
El monólogo
ALBERTO: No señora, yo no regañaré a su hijo, ni le pegaré. (Al niño) No, niño, yo no te regañaré, no te pondré una mano encima. Mi trabajo aquí –estoy hablando con usted ahora, señora– es servir mesas, no educar niños. Con el debido respeto, señora, creo que ese trabajo le corresponde a usted; no “educar niños”, en general, claro, sólo educar al suyo. No tiene porqué educar a esos dos, por ejemplo. ¿Ve esos dos niños? Son hermanitos. Vienen a menudo: llegan con sus padres, se sientan, comen y, cuando han terminado, se van. No tiene usted que tomarse la molestia de ir allí a decirle a los críos que en un restaurante, cuando se está con gente, no se grita, que en un restaurante no se juega con los cubiertos, no se tira la comida al suelo y no se corretea por entre las mesas. No tiene que hacerlo. No porque los niños ya estén callados –¿los ve, señora?–, no porqué estén callados, quietos y comiendo su comida civilizadamente con los cubiertos, no, sino porque no son sus hijos. Este niño –hola, niño– este niño, que yo sepa, no es hijo mío. Así que no voy a ser yo quien le diga que en un restaurante no se grita, no se tira la comida al suelo y no se corretea por entre las mesas. Y, por supuesto, no voy a regañarle, y –aún menos– pegarle. No me corresponde. Lo que me corresponde hacer –y por ello me pagan– es tratar que mis clientes estén bien. Así que, si la próxima vez que vienen a este restaurante tienes previsto portarte a portarte así… tú te quedas fuera –y ahora estoy hablando contigo, niño–, me conozco la cantinela del derecho de admisión, señora, será que simplemente se habrán reservado todas las mesas, de repente, y no quedará ni una sola libre, no pienses que la gente de esta ciudad ha conspirado para dejarte sin comer: la conspiración la tienes en casa y tú formas parte de ella. Yo no regaño ni pego. Como ve, señora (a la señora), he hablado con el niño educadamente.
Claves escénicas
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