Cómico amargo · Duración aproximada: 2:20–2:40 min · Edad: 35–50
Tu padre era un tipo estupendo
Un monólogo que empieza como una confidencia tierna y nostálgica y acaba revelando, con humor agrio, un resentimiento bastante menos inocente de lo que parecía.
Texto del monólogo
(a una niñita en la cuna)
GERARDO: (a una niñita en la cuna) ¿Sabes? Tu padre era un tipo estupendo. Salía mucho con tu padre, yo. Salíamos todo el grupo: a cenar, de bares, al cine, a ver fútbol, a jugar a fútbol… Era buenísimo jugando a fútbol, tu padre, ¿lo sabías? Jugaba por la banda, se escapaba de todos, qué bueno era. Joder… Pero lo que más me gustaba de tu padre era que podías hablar con él, en cualquier momento, de cualquier cosa. Anda que no pasé horas hablando con tu padre de todo: de política, de fútbol, de ciencia, de todo.
Y ahora… Ahora… Joder.
Siempre que le llamo me dice que no puede porque… No te lo tomes mal pero… no puede por ti. Se pasaría las veinticuatro horas del día mirándote. Y se gastaría, ¡se gasta!, todo el dinero en ti: “Necesita una cuna”, la mejor cuna; “Necesita un humidificador para la habitación”, humidificador; “y luz natural”; Toma luz natural. Ahí no había ventana, ¿lo sabías? Era todo pared y la hizo agujerear. Por ti. “Necesita ropita”, y joder qué armario. “Y zapatitos”, ¿de verdad necesitas zapatitos, criatura? Si casi no sales de la cuna, que sólo gateas. Y un walkie talkie, ¡un walkie talkie!, ¡pero si no hablas! ¡Para qué coño quieres un walkie talkie!
Él no era así. Lo han cambiado. Tu madre lo ha cambiado. Tu madre –te lo digo en confianza- no me gusta un pelo. Nunca me ha gustado. Ya se lo dije el primer día: “Lleva cuidado con Carmen”. Y vaya si me hizo caso. Tu padre era un tío despreocupado y, míralo ahora, está neurótico, está obsesionado: cunita para la nena, humidificador para la nena, ventana para la nena, ropitas para la nena, ochocientos zapatitos para la nena, un walkie talkie para la nena ¡un walkie talkie! ¡Para qué coño quieres un walkie talkie si no hablas! (Un impacto lo calla súbitamente)

Cómo funciona en escena
El monólogo funciona porque arranca desde un lugar aparentemente entrañable. Gerardo habla con una niña en la cuna y recuerda al padre con afecto, casi con nostalgia de amigo desplazado. Esa entrada desarma y hace que el discurso parezca más inocente de lo que realmente es.
La fuerza está en el desplazamiento del cariño al resentimiento. Poco a poco entendemos que Gerardo no está solo recordando: está quejándose, compitiendo con la nueva vida de su amigo y descargando contra la niña y contra la madre una frustración que no sabe digerir. El remate final funciona porque corta en seco ese desahogo y lo deja expuesto.
- Permite trabajar humor desde el malestar y no desde el chiste limpio.
- Da juego para mostrar afecto, celos y mezquindad a la vez.
- Funciona muy bien en actores con naturalidad verbal y sentido del giro.
- Deja una impresión de simpatía incómoda, verdad y ambigüedad emocional.
A veces no molesta que alguien cambie: molesta descubrir que ya no te necesita para ser quien es ahora.
Trabajar el texto
No conviene empezar desde la queja abierta. Lo interesante es que Gerardo entre de verdad con una cierta ternura y con memoria afectuosa del amigo. Si el actor marca desde el principio el veneno, el texto pierde recorrido.
La parte central debe dejar aparecer el resentimiento poco a poco. Gerardo no decide de antemano hacer un discurso mezquino: se va calentando mientras enumera todo lo que ese padre hace por su hija y todo lo que ya no comparte con él. Ahí está buena parte de la gracia y de la incomodidad del monólogo.
La repetición de los objetos de la niña funciona mejor si se sostiene con indignación real, casi absurda. Cuanto más convencido parece Gerardo de que tiene razón en su enfado, más visible se vuelve su desplazamiento emocional.
El impacto final no pide anticipación. Debe cortar el discurso de golpe y dejar claro que el personaje ha hablado más de la cuenta. Ese frenazo brusco es lo que termina de colocar el texto en su sitio.
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• Soy muy normal — cuando el personaje construye un discurso aparentemente ligero que en realidad revela algo muy suyo, pero desde la ironía simpática y no desde los celos desplazados.
• ¿Le apetece un dolor de espalda? — si te interesa una escalada verbal que va dejando en evidencia al personaje, pero desde la presión cómica y no desde la amargura afectiva.
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• Voy a ser gamer — si buscas un texto donde la ternura inicial acaba derivando hacia otra cosa, pero desde el entusiasmo infantil y no desde la frustración agria.
Además…
Si, además de monólogos, también necesitas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

Preguntas frecuentes:
(responde Marc Egea)
¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.
¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.
¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.
¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.
¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.
