dramaturgo
Thriller verbal · Duración aproximada: 2:10–2:35 min · Edad: 30-60 años
Un policía acorralado convierte la acusación de su compañero en una escena de dominio psicológico donde cada palabra puede ser defensa… o amenaza.
Alfonso y su compañero son policías. Llevan tiempo siguiendo la pista de un asesino misterioso que no deja de matar. Unos indicios de última hora —y una sospecha que viene de antiguo— acaban de confirmarle al compañero de Alfonso que él, Alfonso, muy probablemente es el asesino. En lugar de comunicar este hallazgo al departamento, el compañero se lo ha dicho a Alfonso, a la cara. No ha podido esperar, no ha podido resistir el impulso. Probablemente ha actuado por vanidad. Llevaba demasiado tiempo soportando que todo el mundo dijera que Alfonso era mejor investigador que él.
Alfonso: ¿Cómo? ¿Qué yo soy el “Estrangulador Silencioso”? ¿Que el hombre que lleva más de diez asesinatos a sus espaldas en esta ciudad… soy yo? (piensa) ¿Cómo se te ha podido ocurrir? No, no, no, espera, déjame hablar. Lo sé. Supongo que habrás reunido pruebas —eso son pruebas ¿no?— o indicios, o sospechas que te dicen que el Estrangulador Silencioso soy yo, vale, sí. Mi pregunta es: ¿Cómo se te ocurre decírmelo aquí —¡aquí!— si sabes que el Estrangulador Silencioso mata a sus víctimas cuando está a solas con ellas? (silencio) ¿Te parece buena idea venir hasta aquí a decírmelo? ¿Hasta aquí? (grita, abriendo los brazos) ¡Hola! ¡Mi compañero dice que yo soy el Estrangulador silencioso! Oso, oso, oso… (reproduce él mismo el eco, luego mira a su compañero) Ni cobertura de móvil hay. No me lo puedo creer. Has sido tan vanidoso que has corrido a decírmelo enseguida que llegaste a esa conclusión. Te morías por demostrarme que tienes mejor instinto investigador que yo. Nunca has soportado que alguien como yo birlle más que tú en el Departamento. Pues, ¿sabes? —voy a pensar en voz alta—… (mira a su alrededor, no hay nadie a kilómetros de distancia) Yo… Creo que ese asesino es asquerosamente listo, creo que llevamos tiempo persiguiendo pistas falsas, creo que ese tío disfruta matando y disfruta también riéndose de tipos como tú y como yo, pero no nos queda más opción que seguir trabajando, concentrarnos en buscar las pistas auténticas… Sin hacer ni decir estupideces… O tendremos una nueva víctima muy pronto… ¿No crees? (el hombre no contesta) (Se vuelve al infinito y grita haciendo eco) ¡No crees! ¡Ocrees! ¡Crees! ¡Crees!…
El monólogo funciona por inversión inmediata del poder. Alfonso parte en una posición aparentemente débil: ha sido señalado como posible asesino. Pero en lugar de defenderse de manera frontal, convierte la acusación en un error táctico monstruoso de su compañero. En pocos segundos, quien parecía tener la iniciativa queda psicológicamente arrinconado.
La fuerza del texto está en la ambigüedad. Alfonso no confiesa, pero tampoco tranquiliza. Cada frase puede entenderse como razonamiento policial o como amenaza apenas disfrazada. Esa doble lectura sostiene la tensión: no sabemos si está desmontando una sospecha absurda o disfrutando del miedo que acaba de provocar.
Escénicamente, la pieza crece cuando no se aborda como estallido continuo, sino como cálculo. Hay momentos de pensamiento, silencios, cambios de volumen y una conciencia muy precisa del espacio aislado en que se encuentran. Cuanto más inteligente y controlado parezca Alfonso, más inquietante resulta.
Puede que sea inocente; lo inquietante es que no necesita parecerlo.
Lo primero es fijar con exactitud la circunstancia: Alfonso no está solo ni está recordando los hechos, está reaccionando en caliente a una acusación gravísima formulada en el peor sitio posible. La actriz debe sostener esa inmediatez y ese peligro físico desde el primer segundo.
Conviene trabajar mucho la inteligencia del personaje. Alfonso no discute las pruebas una por una. Detecta antes que nada la debilidad del otro: su vanidad, su precipitación, su necesidad de imponerse. Desde ahí toma el control. Esa lucidez es más importante que cualquier volumen o agresividad.
El ritmo necesita contrastes claros. Hay zonas de sorpresa, pausas de cálculo, expansiones violentas hacia el paisaje y una vuelta a una falsa racionalidad policial. Si todo va a la misma intensidad, el monólogo pierde filo. Tiene que sentirse que Alfonso decide cada movimiento.
La ambigüedad final es decisiva. El personaje habla del asesino en tercera persona, pero el subtexto puede ser perfectamente una advertencia personal. No hace falta elegirlo de manera cerrada; de hecho, la pieza gana cuando ambas lecturas conviven y dejan al interlocutor —y al espectador— en terreno inseguro.
• Código rojo — otra pieza construida como defensa verbal agresiva, con autoridad, presión psicológica y enorme capacidad de dominio escénico.
• Clandestinidad — ideal para trabajar amenaza calmada, superioridad verbal y el placer de someter al otro sin perder la compostura.
• El tesoro — comparte inteligencia estratégica, tensión extrema y un personaje que intenta controlar una situación mortal solo con la palabra.
• Programa y accidente — otro monólogo donde una lógica aparentemente impecable encubre una oscuridad creciente y una amenaza latente.
Si, además de monólogos, también buscas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

(responde Marc Egea)
¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.
¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.
¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.
¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.
¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.
