Fallé en el 35

Realista emocional · Duración aproximada: 1:45–2:05 min · Edad: 18-45 años

Fallé en el 35

Un pianista intenta explicarle a su maestro que un fallo técnico no puede borrar la verdad emocional de una interpretación que, para el público y para él, había sido perfecta.


Texto del monólogo

Álvaro: Fallé en el 35. Sí. Es verdad. Fallé en el 35. ¿Eso es todo lo que tienes que decirme en este momento? Sé que significa poco para ti pero… ¿has visto qué ha pasado después de la actuación? ¿Te has fijado en esa gente que se ha acercado a hablarme? (Bajando la voz, como si revelara un secreto) Me estaban felicitando. ¿Qué es eso? ¿Felicitar? (Él misma responde) Es algo muy raro. Unos dicen: “Qué bien lo has hecho”, otros: “Me ha encantado”, hay quien te confiesa que se ha emocionado escuchándote, y algunos incluso llegan a reconocer que te envidian por tocar así el piano. No les cuentes que la partitura está dividida en compases, que la pieza entera está sujeta a una tonalidad, a un tempo, a un fraseo, y que debe interpretarse con total exactitud, siguiendo escrupulosamente unas reglas. Simplemente, les ha gustado… porque no ha sonado mal, no ha sonado nada mal, ha sonado incluso bien, qué digo, ha sonado muy bien… Y si, en ese momento, cuando me están felicitando, se me ocurre decirles que he fallado, por ejemplo, en el compás 35… me responden que no, que he tocado perfecto. Suele pasar. Y con el tiempo aprendes a no discutirlo… Porque discutirlo es como poner en duda su sensibilidad, es como decirles que no entienden sus propios sentimientos, sabes. Y todos tenemos sentimientos. “Fallaste en el 35”. ¿Eso es todo lo que tienes que decirme? Muy bien. Mañana, en clase, lo trabajaremos. Tocaré mil veces para ti la partitura intentando acercarme a la perfección. Hoy, para ellos, he tocado perfecto. Esta noche, par mí, era perfecta… hasta que he hablado contigo.


Cómo funciona en escena

El monólogo funciona por choque entre dos ideas de perfección. Para el maestro, la verdad de la interpretación queda anulada por un error técnico localizado. Para Álvaro, en cambio, la música ha llegado al público, ha producido emoción y ha generado una experiencia verdadera. Esa tensión sostiene toda la pieza.

Lo interesante es que Álvaro no niega el fallo. Lo admite desde la primera frase. Precisamente por eso su defensa gana fuerza: no está buscando excusas, sino cuestionando la jerarquía absoluta de la corrección técnica frente a la experiencia viva de quien escucha. El monólogo no enfrenta torpeza contra excelencia, sino sensibilidad contra rigidez.

Escénicamente, la pieza crece cuando la herida no se juega como rabieta de alumno, sino como decepción profunda. Álvaro venía de una noche plena. La palabra del maestro no solo corrige: arruina. Ahí aparece el verdadero dolor del texto.

  • El arranque debe admitir el error sin defensividad histérica.
  • La acotación (Bajando la voz, como si revelara un secreto) abre una intimidad clave con el interlocutor.
  • La enumeración de las reacciones del público necesita crecer en verdad, no en exhibición.
  • La última frase debe caer con desilusión limpia, no con melodrama.

Un fallo técnico no siempre invalida una verdad emocional.

Trabajar el texto

Lo primero es fijar bien la relación con el maestro. Álvaro no está dando una conferencia sobre estética musical: está respondiendo a una frase concreta que le acaba de herir. Esa dirección personal hace que cada argumento tenga temperatura afectiva y no suene abstracto.

Conviene trabajar la doble conciencia del personaje. Por un lado, sabe perfectamente qué significa fallar en un compás, entiende la partitura y conoce la exigencia técnica. Por otro, acaba de vivir algo que siente verdadero y pleno. La actriz debe sostener ambas cosas a la vez.

El ritmo necesita respiración y pensamiento. Hay repeticiones, preguntas, pequeñas definiciones y cambios de intensidad. No conviene correrlo. Álvaro está intentando defender algo difícil de explicar: que la emoción del público también forma parte de la verdad de una interpretación.

El final exige mucha precisión. “Esta noche, par mí, era perfecta… hasta que he hablado contigo” no debe sonar como portazo adolescente, sino como constatación dolorosa. Ahí se revela la dimensión íntima del daño que ha hecho el maestro.

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Preguntas frecuentes:

(responde Marc Egea)

¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.

¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.

¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.

¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.

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