No regañaré a su hijo

Alberto está sirviendo mesas en un restaurante y lleva rato soportando las impertinencias de un niño maleducado sin que la madre del niño haga nada. Cuando finalmente oye a la madre decirle al niño: «Si no te portas bien, el camareró vendrá y te reñirá y te pegará» no puede evitar acercarse a la mesa.

ALBERTO:  No señora, yo no regañaré a su hijo, ni le pegaré. (Al niño) No, niño, yo no te regañaré, no te pondré una mano encima. Mi trabajo aquí –estoy hablando con usted ahora, señora– es servir mesas, no educar niños. Con el debido respeto, señora, creo que ese trabajo le corresponde a usted; no “educar niños”, en general, claro, sólo educar al suyo. No tiene porqué educar a esos dos, por ejemplo. ¿Ve esos dos niños? Son hermanitos. Vienen a menudo: llegan con sus padres, se sientan, comen y, cuando han terminado, se van. No tiene usted que tomarse la molestia de ir allí a decirle a los críos que en un restaurante, cuando se está con gente, no se grita, que en un restaurante no se juega con los cubiertos, no se tira la comida al suelo y no se corretea por entre las mesas. No tiene que hacerlo. No porque los niños ya estén callados –¿los ve, señora?–, no porqué estén callados, quietos y comiendo su comida civilizadamente con los cubiertos, no, sino porque no son sus hijos. Este niño –hola, niño– este niño, que yo sepa, no es hijo mío. Así que no voy a ser yo quien le diga que en un restaurante no se grita, no se tira la comida al suelo y no se corretea por entre las mesas. Y, por supuesto, no voy a regañarle, y –aún menos– pegarle. No me corresponde. Lo que me corresponde hacer –y por ello me pagan– es tratar que mis clientes estén bien. Así que, si la próxima vez que vienen a este restaurante tienes previsto portarte a portarte así… tú te quedas fuera –y ahora estoy hablando contigo, niño–, me conozco la cantinela del derecho de admisión, señora, será que simplemente se habrán reservado todas las mesas, de repente, y no quedará ni una sola libre, no pienses que la gente de esta ciudad ha conspirado para dejarte sin comer: la conspiración la tienes en casa y tú formas parte de ella. Yo no regaño ni pego. Como ve, señora (a la señora), he hablado con el niño educadamente.

Monólogo útil para demostrar verdad, timing y comedia amarga. Muy efectivo en casting y fácil de entender. Permite lucirse sin necesidad de grandes elementos escénicos.

Sinopsis

Un camarero estalla —con una educación impecable— contra una madre que pretende delegarle la educación de su hijo malcriado.

Estilo

Realismo contemporáneo.
Lenguaje cotidiano, directo y muy oral.
Ritmo creciente que oscila entre lo contenido y lo explosivo, con ironía fina.

Tono

Aparentemente respetuoso, pero cargado de indignación y sarcasmo.
Mezcla de contención profesional y frustración emocional.
Es un “estoy a punto de perder los nervios… pero sigo siendo educado”.

Nivel de dificultad

Bajo-medio El texto exige:

  • Control del crescendo emocional sin perder la compostura.
  • Transiciones claras entre hablar a la señora y hablar al niño.
  • Manejo preciso del sarcasmo sin caer en la caricatura.
  • Mantener el ritmo interno sin atropellar el contenido.

Edad y rango interpretativo

El personaje funciona especialmente bien entre 25 y 45 años, aunque podría abrirse hasta 20–50 según propuesta. Necesita un actor capaz de transmitir experiencia laboral y cansancio del trato con clientes.

Registros actorales que permite mostrar

  • Ironía y humor ácido.
  • Autoridad moral sin agresividad física.
  • Contención emocional a punto de romperse.
  • Cansancio acumulado llevado al límite.
  • Profesionalidad forzada.
  • Empatía, lucidez y honestidad brutal.

Tipo de casting donde funciona mejor

  • Casting para dramedy, comedia costumbrista, series de TV contemporáneas.
  • Personajes naturales: camareros, trabajadores quemados, ciudadanos comunes enfrentados a situaciones absurdas.
  • Casting donde se quiera ver verdad, timing, naturalismo y tensión contenida.

A quién puede ser útil

  • Actores que quieran demostrar range emocional sin caer en gritos.
  • Intérpretes que buscan un texto corto pero contundente para reel o pruebas de cámara.
  • Actores que quieran mostrar ironía + vulnerabilidad + presencia escénica.

Tema central

Los límites de la responsabilidad personal y el abuso cotidiano que sufren los trabajadores en servicios.

Temas secundarios

  • La mala educación infantil y la dejadez parental.
  • La explotación emocional del trabajador (“que el camarero sea el malo”).
  • El clasismo cotidiano en el trato al personal de servicio.
  • El conflicto entre profesionalidad y dignidad personal.

Motivación profunda del personaje

Recuperar su dignidad.
No es sólo por ese niño: es la gota que colma el vaso después de muchas humillaciones a lo largo de su jornada/labor.
Necesita marcar límites por primera vez, aunque sea con ironía.

Subtexto clave

“Estoy harto de que me traten como si fuera menos. No soy su sirviente ni su chivo expiatorio.”
La cortesía externa encubre rabia, frustración y cansancio acumulado.

Circunstancias dadas

  • Turno de trabajo en un restaurante.
  • Cliente molesto + niño hiperactivo y maleducado.
  • La madre usa al camarero como amenaza (“vendrá y te pegará”).
  • El camarero ha aguantado mucho antes de intervenir.
  • El personaje está al límite, pero su trabajo depende de no perder los nervios.

Propuesta física

  • Contención corporal: espalda recta, manos ocupadas (bandeja, libreta), gestos medidos.
  • Movimientos muy controlados que liberan tensión poco a poco (cejas, mandíbula, respiración entrecortada).
  • Pequeñas explosiones verbales sin explosión física.
  • Doble foco: mirada alternada entre la señora y el niño, claramente diferenciada.
  • Pasos cortos y precisos acercándose a la mesa, manteniendo la “distancia profesional”.

“Beat” o mapa emocional

  1. Contención profesional: “No señora, yo no regañaré a su hijo…”
  2. Explicación racional: intenta justificarse con calma.
  3. Comparación con los otros niños: crece la ironía.
  4. Se le escapa la indignación: señalando comportamientos prohibidos.
  5. Descarga emocional elegante: “no me corresponde educar a su hijo”.
  6. Advertencia disfrazada de profesionalidad: “la próxima vez no habrá mesas”.
  7. Cierre cordial-venenoso: “he hablado educadamente”.

¿Se puede adaptar al género femenino?

, perfectamente. El texto no depende del género del personaje.

¿Qué habría que modificar?

  • Cambiar referencias de género del actor si fuera necesario: “la camarera”.
  • Ajustar ligeramente el tono si se quiere trabajar desde una lectura distinta (por ejemplo, maternidad, sororidad o el estereotipo de que mujeres en hostelería deben “sonreír siempre”).
  • Ajustar el final a un «he hablado con el niño educadamente» manteniéndolo neutro.

¿Cómo funcionaría interpretado por una actriz?

Funcionaría igual o incluso más potente, porque:

  • Visibiliza el doble estándar hacia mujeres en trabajos mal pagados.
  • La autoridad contenida de una mujer “que no quiere ser la mala” añade capas dramáticas.
  • La ironía puede hacerse más afilada y socialmente reveladora.
Preguntas frecuentes:

(responde Marc Egea)

¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.

¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.

¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.

¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a internet?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.

¿Cómo puedo saber cuándo escribes nuevos monólogos?
Aviso en Instagram cada vez que publico un nuevo monólogo para casting.

Esto del libro de monólogos… ¿va en serio?
Si la idea gusta… sí.