Dramático íntimo · Duración aproximada: 1:15–1:35 min · Edad: 35-50 años
No mires en el armario
Una mujer sorprendida en una infidelidad intenta imponer una última normalidad. Pero, al hablar, deja ver que también ella acaba de descubrir una traición.
Texto del monólogo
Ana: No mires en el armario, Carlos. (Habla despacio, eligiendo bien las palabras) Vete. Sal a dar un paseo. Vuelve a entrar por esa puerta dentro de media hora y haz como si esto no hubiera pasado, como si no me hubieses visto salir de la cama, a las seis de la tarde, desnuda, con la respiración alterada… sólo porque no has vuelto en el vuelo en que dijiste que ibas a volver.
Mientras, me vestiré, haré la cama, bajaré a la cocina y empezaré a preparar la cena, tranquilamente, como si no hubiese pasado nada: como si el martes no hubiese tenido el estúpido impulso de llamarte al trabajo para decirte cuánto te quiero y así no hubiese podido averiguar —por tu secretaria— que esa ‘agotadora y estúpida’ feria de muestras era en realidad un viaje a París para dos personas…
No mires en el armario, Carlos…

Cómo funciona en escena
El monólogo funciona por la inversión de la situación esperable. Ana ha sido descubierta, pero no reacciona desde el derrumbe ni desde la torpeza. Intenta recomponer la escena, dictar una conducta y fabricar un margen de tiempo imposible. Esa voluntad de controlar el instante le da al texto una tensión muy particular.
La pieza gana profundidad porque el verdadero centro no es solo el amante escondido. A mitad del texto aparece la otra herida: Ana también ha descubierto una traición. La referencia al viaje a París desplaza la lectura y convierte el parlamento en algo más complejo que una simple escena de infidelidad. Ya no habla solo una culpable; habla también una mujer agraviada.
Escénicamente, la clave está en la contención. El texto no pide gritos ni desbordamiento, sino una precisión emocional muy alta. Cuanto más se perciba que Ana se sostiene a sí misma mientras habla, más peso tendrá la escena y más inquietante resultará esa aparente calma.
- La frase inicial debe entrar con autoridad y necesidad inmediata.
- La acotación marca un modo de hablar: despacio, pensando y sin precipitación.
- La mención de París tiene que aparecer como una verdad que ya no puede retener más.
- La repetición final gana fuerza si se deja caer con dolor contenido.
Aquí no habla la culpa: habla alguien que ya ha entendido todo.
Trabajar el texto
Lo primero es situar bien la circunstancia: Ana acaba de ser sorprendida, pero no quiere entregarse al caos. Está improvisando una salida, aunque sabe que esa salida es casi imposible. La actriz debe trabajar esa mezcla de inteligencia defensiva, urgencia y orgullo desde la primera frase.
Conviene no interpretar el texto solo desde la culpa. La fuerza del monólogo está en que Ana también ha recibido un golpe. Eso cambia el color de casi todo lo que dice. No está únicamente escondiendo algo: está devolviendo, de forma dolorosa y controlada, una verdad que acaba de descubrir.
El ritmo debe tener respiración real. Las frases son largas y muy pensadas. No hay que correrlas. Las pausas no sirven solo para coger aire: son momentos en los que Ana mide el daño, decide cuánto decir y busca no quebrarse. Esa elaboración interna es esencial para que el texto tenga espesor.
El final debe trabajarse como una repetición transformada. “No mires en el armario, Carlos…” no suena igual al principio que al final. Después de todo lo dicho, la frase contiene orden, súplica, humillación y resistencia. Cuanto menos se subraye hacia fuera, más verdad tendrá.
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Sobre este monólogo
Este monólogo forma parte de El libro de los monólogos para casting (para actrices), donde vienen acompañado de una extensa ficha de trabajo para que puedas extraer el máximo de él.
Además…
Si, además de monólogos, también buscas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

Preguntas frecuentes:
(responde Marc Egea)
¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.
¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.
¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.
¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.
¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.
