El blog de Marc Egea

El compás 35

Realista emocional · Duración aproximada: 1:55–2:20 min · Edad: 18-45 años

El compás 35

Una pianista intenta explicar a su maestro que un pequeño fallo técnico no puede borrar la verdad emocional de una interpretación que, para el público y para ella, había sido perfecta.


Texto del monólogo

Carolina: Fallé en el 35. Sí. Es verdad. Fallé en el 35. ¿Eso es todo lo que tienes que decirme en este momento? Sé que significa poco para ti pero… ¿has visto qué ha pasado después de la actuación? ¿Te has fijado en esa gente que se ha acercado a hablarme? (Bajando la voz, como si revelara un secreto) Me estaban felicitando. ¿Qué es eso? ¿Felicitar? (Ella misma responde) Es algo muy raro. Unos dicen: “Qué bien lo has hecho”, otros: “Me ha encantado”, hay quien te confiesa que se ha emocionado escuchándote, y algunos incluso llegan a reconocer que te envidian por tocar así el piano. No les cuentes que la partitura está dividida en compases, que la pieza entera está sujeta a una tonalidad, a un tempo, a un fraseo, y que debe interpretarse con total exactitud, siguiendo escrupulosamente unas reglas. Simplemente, les ha gustado… porque no ha sonado mal, no ha sonado nada mal, ha sonado incluso bien, qué digo, ha sonado muy bien… Y si, en ese momento, cuando me están felicitando, se me ocurre decirles que he fallado, por ejemplo, en el compás 35… me responden que no, que he tocado perfecto. Suele pasar. Y con el tiempo aprendes a no discutirlo… Porque discutirlo es como poner en duda su sensibilidad, es como decirles que no entienden sus propios sentimientos, sabes. Y todos tenemos sentimientos. “Fallaste en el 35”. ¿Eso es todo lo que tienes que decirme? Muy bien. Mañana, en clase, lo trabajaremos. Tocaré mil veces para ti la partitura intentando acercarme a la perfección. Hoy, para ellos, he tocado perfecto. Esta noche, par mí, era perfecta… hasta que he hablado contigo.


Cómo funciona en escena

Este monólogo funciona bien cuando la actriz no lo plantea como una simple protesta contra un maestro exigente, sino como una defensa muy íntima de algo que ella ha vivido de verdad sobre el escenario. Carolina no niega el fallo: lo que cuestiona es que ese fallo pueda resumir por completo una experiencia artística que ha producido emoción real en los demás y plenitud en ella misma.

La fuerza del texto está en el conflicto entre dos criterios de verdad. Por un lado, la exactitud técnica, la partitura, el compás, la disciplina. Por otro, la recepción viva del público, la emoción, el temblor de haber tocado algo que ha llegado. Carolina no está despreciando la técnica: está intentando defender que el arte no se agota en ella.

Es una pieza que permite mostrar orgullo, fragilidad, inteligencia y pasión contenida. La actriz puede trabajar una intensidad alta sin necesidad de desbordarse, apoyándose en la palabra precisa y en la herida concreta que deja una corrección injusta o insuficiente.

  • Permite trabajar orgullo artístico y vulnerabilidad al mismo tiempo.
  • Da mucho juego al conflicto entre técnica y emoción.
  • Funciona bien para mostrar autoridad, herida y pensamiento en acción.
  • Tiene un final potente si se deja caer con sobriedad.

No discute el fallo: discute que un fallo pueda borrar toda la verdad de una noche.

Trabajar el texto

Conviene empezar desde la herida reciente. Carolina acaba de salir de tocar, todavía tiene encima la vibración de la actuación y el eco de las felicitaciones. La actriz debería conservar esa temperatura emocional: no habla desde la teoría, sino desde algo que aún le está pasando en el cuerpo.

También ayuda mucho marcar el cambio entre la réplica directa al maestro y el recuerdo de lo que ha ocurrido con el público. Ahí el texto se abre: pasa de la corrección técnica a la experiencia viva de los otros. Esa ampliación del foco es lo que vuelve la escena especialmente rica.

La parte en que Carolina describe las felicitaciones debe sonar casi como un descubrimiento. No se trata sólo de que la hayan aplaudido, sino de que ha comprendido algo sobre cómo escucha la gente, sobre cómo recibe el arte y sobre cómo a veces la emoción tiene una verdad que la técnica sola no puede explicar.

El final funciona mejor si no se convierte en reproche melodramático. “Esta noche, para mí, era perfecta… hasta que he hablado contigo” debe caer con una mezcla de decepción, tristeza y lucidez. Ahí no está sólo el conflicto con un maestro, sino una fractura más honda entre dos maneras de entender lo que significa tocar bien.

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Sobre este monólogo

Este monólogo forma parte de El libro de los monólogos para casting (para actrices), donde vienen acompañado de una extensa ficha de trabajo para que puedas extraer el máximo de él.

Además…

Si, además de monólogos, también buscas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

Preguntas frecuentes:

(responde Marc Egea)

¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.

¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.

¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.

¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.

¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.

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