dramaturgo
Cómico oscuro · Duración aproximada: 1:20–1:45 min · Edad: 30–50 años
Un monólogo con una premisa muy original y un tono inconfundible. Funciona muy bien para trabajar comicidad, urgencia cotidiana y una lógica absurda dicha con total verdad.
Vanesa está en la azotea de un edificio de oficinas hablando con un hombre que amenaza con suicidarse.
Vanesa: Usted tiene sus problemas, pero no es la única persona que tiene problemas, ¿sabe? Mi problema es éste: He quedado con una amiga, que se llama Cintia, dentro de un rato, para ir a comprar una blusa que vimos la semana pasada. Es la última blusa que queda en la tienda –tendría que verla, es preciosa, una blusa entalladita, color crema, con unos reflejos granates, ¿sabe?, tendría que ver cómo me queda, parece hecha para mí– y me la están guardando, pero sólo me la guardan hasta hoy, mañana ya no me la guardan. La tienda cierra a las nueve y media y yo termino de trabajar a las nueve. Llegamos con el tiempo justo, muy justo, no nos sobra ni un minuto. Piense que aún tengo que cambiarme, porque no voy a ir vestida así. No es que tenga manías, es que no me dejan. Como no me quiere mirar, le digo cómo voy vestida: voy vestida de barrendera municipal. No soy una policía disfrazada de barrendera, ni una psiquiatra o una negociadora de esas de las películas disfrazada de barrendera, no. Soy una barrendera de verdad –si lo prefiere, operaria de la brigada de mantenimiento del Ayuntamiento–. Y pasaba por aquí con mi carrito y mi escoba y he visto el follón que ha montando. Y me he acordado inmediatamente de la blusa que me está esperando. El asunto es que tengo que dejar esta calle limpia al final de mi turno. El turno termina a las nueve. Son las nueve menos cuarto. Si usted se tira, me va a fastidiar porque me va a llenar la acera de sangre, víscera y pedacitos de cerebro y no me voy a poder ir hasta que lo haya limpiado. Y usted no sabe lo que cuesta limpiar eso. O sea, resumiendo: Si se tira me deja sin blusa. (Un instante de silencio) Piénselo bien. (Con gravedad) Si se quiere tirar, tírese –me da igual–… pero espere a que haya terminado mi turno, por favor. Quince minutos. Usted tiene sus problemas, yo tengo mis problemas, todos tenemos problemas. No nos fastidiemos. (Mira al reloj) Qué digo quince minutos: Diez minutos. Aguante diez minutos, señor.
El monólogo funciona porque plantea una situación límite desde un punto de vista completamente inesperado. Vanesa no habla desde la compasión, el protocolo ni el drama heroico, sino desde una urgencia privada, pequeña y muy concreta. Esa desproporción es lo que hace que el texto tenga tanta fuerza.
Su eficacia está en la lógica interna del personaje. Todo lo que dice es absurdo y, al mismo tiempo, perfectamente coherente para ella. Cuanto más seria, práctica y centrada esté la actriz, mejor funciona el humor y mejor aparece la humanidad torcida pero reconocible del personaje.
Aquí lo insólito no es la azotea: es la tranquilidad con que defiende su blusa.
La clave es no hacer de Vanesa una excéntrica desde el principio. Ella no cree que esté diciendo nada raro. Está siendo práctica. Si la actriz empieza subrayando demasiado la comicidad, el texto se achata y pierde esa mezcla tan útil de humanidad y disparate.
Conviene cuidar mucho la descripción de la blusa y la parte del uniforme. Ahí aparece el mundo real del personaje, su deseo concreto y su posición social. Cuanto más vivido suene todo eso, más sentido cobra después la crudeza con la que plantea las consecuencias del suicidio.
El remate final funciona mejor si se sostiene con serenidad. No hace falta empujar la gravedad de “Aguante diez minutos, señor”. Basta con que Vanesa lo diga como alguien que de verdad está negociando lo único que le importa en ese instante.
Este monólogo forma parte de El libro de los monólogos para casting (para actrices), donde aparece desarrollado como herramienta pensada para el trabajo real en ensayo, casting y videobook.
Si quieres trabajar diálogos (textos para 2 intérpretes), tienes escenas de libre disposición en el Laboratorio Dramático.

(responde Marc Egea)
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¿Vale la pena adquirir el libro?
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