dramaturgo
Realismo íntimo · Duración aproximada: 2:35 min · Edad: 28-50 años
Una pregunta aparentemente simple abre una grieta dolorosa en una relación que quizá ya ha empezado a olvidar lo esencial.
Situación tensa para Sergio. Se le ve muy serio.
SERGIO: (evitando la mirada de ella) Sé dónde está enterrada tu hermana. (Sergio quisiera terminar la conversación ahora, pero ella le sigue interrogando con la mirada) He contestado a tu pregunta: Sí, sé dónde está enterrada tu hermana. (Haciendo un esfuerzo, la mira a la cara) ¿No es suficiente? ¿Tengo que decirte dónde?
Te voy a ser sincero –como siempre–: Me molesta tu pregunta. Me recuerda a las comprobaciones que se hacen cuando olvidas la contraseña del correo electrónico: «¿A qué colegio fuiste de pequeño?», «¿Cuál es el nombre de tu mascota?»… «¿Dónde está enterrada la hermana de tu mujer?»
(Directo) ¿A qué viene esto, Sandra? ¿Me estás poniendo a prueba? ¿Tan mal estamos? Creo que antes se preguntaba: (cerrando los ojos) “Cariño, ¿de qué color son mis ojos?” Y si fallabas (abre los ojos), la habías cagado. Me parece rarísimo que haya personas que no recuerden el color de los ojos de su pareja. Pero… si existe esa pregunta será porque eso pasa. Tus ojos son ojos azules –te lo digo aunque no me lo hayas preguntado–. Un azul intenso, vivo. Demasiado llamativos para pillarme con eso, ¿verdad?
¿Sabes? Me gusta tener esos ojos cerca, son los ojos más bonitos del mundo, pero no porque sean bonitos sino porque son los tuyos. Me gusta tenerte cerca. Recuerdo cuando me hablaste por primera vez de tu hermana. Recuerdo el día en que me contaste lo del accidente. Valoro mucho que lo hicieras porque luego he visto que es algo de lo que no te gusta hablar. También me contaste en qué cementerio está enterrada. ¿Te acuerdas? Fue el día que vinimos a vivir a esta casa. Estábamos sentados ahí. La echabas de menos y me lo contaste todo. No has olvidado ese día, y yo tampoco.
Contesto a la pregunta que sí me has hecho, Sandra: Tu hermana está enterrada en el cementerio de San Carlos. En la sección C, exactamente, fila 12, número 3. (A ella le sorprende que él conozca tanto detalle) Lo recuerdo bien porque fui a llevarle flores el 1 de noviembre, por todos los santos, hace tres años, cuando tú no pudiste ir porque estabas de viaje en Chicago, ¿te acuerdas? Haz memoria. Me llamaste por la noche –en Chicago era mediodía, creo– y me pediste que le llevara flores. Me lo suplicaste. Para ti era muy importante que tu hermana tuviera flores nuevas ese día. No hacía falta que suplicaras, cariño. Salté de la cama y fui corriendo al cementerio. Doscientos kilómetros. Llegué de madrugada. Salté la verja. Recorrí el cementerio a oscuras con una linterna. Y le dejé las flores. ¿Te suena? Te llamé luego para contártelo. Tú casi habías olvidado que me habías pedido eso. Estabas tan ocupada con la feria, las reuniones, los clientes… que no pensaste más en tu hermana, ni en mí. ¿Te acuerdas..? Te supo mal, te sentiste fatal por el… “arrebato”, y a mí me encantó… porque significaba que te habías quedado tranquila, porque confiabas en mí. ¿Te acuerdas ahora? ¿Te vas acordando? Pues, sí. Resulta que sí sé dónde está enterrada tu hermana. Mírame. Mírame, por favor, no gires la cara. Se empieza haciendo ese gesto y se acaba olvidando el color de los ojos de quien tienes a tu lado…
Este monólogo funciona muy bien cuando el actor no lo plantea como un gran reproche, sino como una defensa íntima que se va abriendo poco a poco. Sergio empieza incómodo, a la defensiva, casi queriendo cerrar la conversación cuanto antes. Pero la escena le obliga a seguir, y en ese seguir aparece algo más doloroso: la necesidad de demostrar que recuerda, que ha estado, que ha amado de verdad.
La fuerza del texto está en su progresión. Arranca desde una pregunta concreta, casi absurda por su dureza, y va desplazándose hacia un miedo más profundo: no ser visto, no ser tenido en cuenta, empezar a desaparecer dentro de la relación. Por eso conviene que el actor cuide mucho el tránsito entre incomodidad, sinceridad, recuerdo, herida y súplica.
Es una pieza especialmente eficaz para cámara y también para casting presencial porque permite enseñar contención real. No necesita explosiones. Lo potente aquí es que el personaje intenta no romperse demasiado, y justo por eso emociona más cuando se le escapa el dolor.
El miedo no es fallar una pregunta: es empezar a ser olvidado.
Conviene trabajar primero la situación relacional. Sergio no habla solo: responde a una mujer concreta, con una historia compartida y con una distancia emocional que ya duele. Si esa relación no está viva en la cabeza del actor, el texto puede quedar en simple discurso. Aquí importa mucho a quién se le está hablando y qué se teme perder.
También ayuda separar bien los tramos del pensamiento. Hay un inicio defensivo, una parte casi irónica sobre las “preguntas de contraseña”, una declaración amorosa muy sincera, un recuerdo detallado que funciona como prueba y, por último, una súplica. No conviene decirlo todo desde el mismo lugar. El interés del texto está en ese desplazamiento interno.
La memoria no debe sonar recitada. Sergio no enumera datos para lucirse: los revive porque necesita demostrar que estuvo ahí de verdad. El detalle del cementerio, del viaje, de las flores, de la llamada desde Chicago, tiene que aparecer como algo vivido y todavía cargado de sentido, no como una lista fría.
El final pide mucha limpieza. “Mírame” no es una frase altisonante: es una petición muy desnuda. Ahí conviene bajar cualquier tentación melodramática y dejar que aparezca el verdadero miedo del personaje. No teme haber fallado una prueba; teme que la relación haya empezado a retirarle la mirada.
• No te llamó «playa» — otra escena íntima donde el afecto y la verdad dolorosa chocan dentro de una relación importante
• Sólo se me ocurren dos cosas — muy útil si te interesa trabajar nostalgia herida, recuerdo y reproche contenido
• ¿A qué hora se cena? — comparte esa emoción contenida que termina revelando una necesidad profunda de cuidado
• El vino más caro — otra pieza valiosa para mostrar cercanía, verdad conversacional y un personaje que se va revelando mientras habla
Si, además de monólogos, también buscas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

(responde Marc Egea)
¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.
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No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.
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También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.
¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.
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