Chantaje bibliotecario

Cómico nervioso · Duración aproximada: 45 s –1:05 min · Edad: 18–30

Chantaje bibliotecario

Un monólogo muy jugable que arranca desde la indignación cotidiana y acaba deslizándose hacia una amenaza delirante y muy precisa. Ideal para trabajar escalada, comicidad y pérdida de freno.


Texto del monólogo

Emma: No está bien, me parece muy mal. ¿Qué quieren?, se quedó detrás de unas cajas, escondido, lo acabo de ver ahora, he venido corriendo a traerlo. Y ustedes, como agradecimiento, me castigan –porque… sí, esto es un castigo–. Ya sé que siete años es mucho tiempo, pero me parece injusto: lo llego a saber y no vengo, mire qué le digo, sí, y ese dinero que me ahorro, porque… ¿cuánto dinero es en total? No se preocupe, ya lo calculo yo. Cincuenta céntimos por cada día de retraso, ha dicho, ¿no? (Saca su teléfono móvil). A ver, siete años son… (teclea en el móvil) Doce meses por siete…: Ochenta y cuatro meses… Cada mes tiene, de media, treinta días… Eso son…: Dos mil quinientos veinte días… Dos mil quinientos veinte días por cincuenta céntimos día… Total a pagar…: ¡¡Mil dos cientos sesenta euros!! ¡Mil dos cientos sesenta euros por devolver un libro! ¡Y una mierda! ¡Ni se le ocurra cargarme eso en mi cuenta! ¡Qué se ha creído! ¡Borre mi domiciliación ahora mismo! ¡Están locos o qué! ¡Vaya norma de mierda! ¡Así nadie les va a querer devolver los libros! Te retrasas dos semanas y te cuesta más que un libro nuevo. Te despistas unos meses y ya te puedes pedir hipotecar tu casa. Y yo… ¿qué tengo que hacer yo? Pues suerte que ha aparecido el libro –porque iba a pintar la pared de mi habitación, porque he movido los muebles–… Se supone que una biblioteca tendría que promover la cultura, la urbanidad, los buenos valores, y a mí, ahora mismo, me está despertando los peores instintos, mire qué le digo… (Se le ha ocurrido algo) Teclee “Ciberíada”. “Stanislaw Lem”. Y “Cántico por Leibowitz”, “Walter M. Miller”. Y “Viaje al país de Orfir”, de “Mijaíl Cherbátov”. ¿Qué le sale? Oh, llevan unos cuantos años fuera. Uy, ahora que pienso, creo que los tengo yo, me acabo de acordar ahora. Qué fastidio. Seguro que todo el mundo está deseando leer esos libros y resulta que nadie los puede leer porque los tengo yo, vaya. Mire, le propongo algo: Perdóneme la multa y le traigo los libros ahora mismo… O de lo contrario… Cuando llegue a casa, los abriré y empezaré a arrancarles las páginas, una a una, despacito, raaaas… (imitando la rotura de una página con sádico placer), raaaaas…


Cómo funciona en escena

El monólogo funciona por escalada. Empieza como una protesta reconocible, incluso razonable, contra una multa absurda, y poco a poco se va desplazando hacia un terreno cada vez más desproporcionado. Ese paso de la queja al chantaje es lo que le da su fuerza cómica y su filo inquietante.

No pide histeria desde el principio. Al contrario: gana mucho cuando Emma parece convencida de que tiene razón. Cuanto más lógica sostenga al inicio, más divertido y más perturbador resulta el momento en que cruza una línea que ya no tiene vuelta atrás.

  • Permite trabajar una escalada muy clara sin perder naturalidad.
  • Da juego para mezclar indignación, cálculo y amenaza.
  • Funciona muy bien en actrices con ritmo verbal y precisión cómica.
  • Deja una impresión de energía, control y capacidad para sostener un giro fuerte.

Lo inquietante aquí no es el enfado: es lo rápido que encuentra un método.

Trabajar el texto

La clave es no empezar haciéndola loca. Emma está ofendida, se siente maltratada y cree sinceramente que la norma es injusta. Si la actriz anticipa demasiado el delirio final, el monólogo pierde recorrido y la amenaza deja de sorprender.

Conviene cuidar mucho el momento del cálculo en el móvil. Ahí el texto aterriza y se vuelve concreto. La cifra hace real el disparate. Esa parte necesita precisión, porque es la base desde la que luego Emma legitima su furia.

El final funciona mejor si se disfruta con contención. No hace falta sobreactuar el sadismo. Basta con que Emma descubra, casi con alivio, que tiene una vía de presión real. Ese pequeño placer es mucho más eficaz que un gran estallido.

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  • “¿Tiene hijos?”: si buscas un texto más breve y cómico, también basado en un derrumbe repentino, pero desde la torpeza y no desde la amenaza.
  • “No me entra”: cuando interesa una situación cotidiana que se va cargando de ansiedad y desborde.
  • “La tercera cabina”: si quieres una manipulación mucho más fría y calculada, sin comicidad abierta.
  • “Un portazo”: para trabajar ironía y daño administrado con más elegancia y menos explosión.

Sobre este monólogo

Este monólogo forma parte de El libro de los monólogos para casting (para actrices), donde vienen acompañado de una extensa ficha de trabajo para que puedas extraer el máximo de él.

Además…

Si, además de monólogos, también buscas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

Preguntas frecuentes:

(responde Marc Egea)

¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.

¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.

¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.

¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.

¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.