El blog de Marc Egea

Chantaje bibliotecario

Cómico nervioso · Duración aproximada: 2:20–2:45 min · Edad: 18-50 años

Chantaje bibliotecario

Una mujer que devuelve un libro con siete años de retraso transforma una multa absurda en una escena de indignación, cálculo y amenaza cada vez más delirante.


Texto del monólogo

Emma: No está bien, me parece muy mal. ¿Qué quieren?, se quedó detrás de unas cajas, escondido, lo acabo de ver ahora, he venido corriendo a traerlo. Y ustedes, como agradecimiento, me castigan —porque… sí, esto es un castigo—. Ya sé que siete años es mucho tiempo, pero me parece injusto: lo llego a saber y no vengo, mire qué le digo, sí, y ese dinero que me ahorro, porque… ¿cuánto dinero es en total? No se preocupe, ya lo calculo yo. Cincuenta céntimos por cada día de retraso, ha dicho, ¿no? (Saca su teléfono móvil). A ver, siete años son… (teclea en el móvil) Doce meses por siete…: Ochenta y cuatro meses… Cada mes tiene, de media, treinta días… Eso son…: Dos mil quinientos veinte días… Dos mil quinientos veinte días por cincuenta céntimos día… Total a pagar…: ¡¡Mil dos cientos sesenta euros!! ¡Mil dos cientos sesenta euros por devolver un libro! ¡Y una mierda! ¡Ni se le ocurra cargarme eso en mi cuenta! ¡Qué se ha creído! ¡Borre mi domiciliación ahora mismo! ¡Están locos o qué! ¡Vaya norma de mierda! ¡Así nadie les va a querer devolver los libros! Te retrasas dos semanas y te cuesta más que un libro nuevo. Te despistas unos meses y ya te puedes pedir hipotecar tu casa. Y yo… ¿qué tengo que hacer yo? Pues suerte que ha aparecido el libro –porque iba a pintar la pared de mi habitación, porque he movido los muebles–… Se supone que una biblioteca tendría que promover la cultura, la urbanidad, los buenos valores, y a mí, ahora mismo, me está despertando los peores instintos, mire qué le digo… (Se le ha ocurrido algo) Teclee “Ciberíada”. “Stanislaw Lem”. Y “Cántico por Leibowitz”, “Walter M. Miller”. Y “Viaje al país de Orfir”, de “Mijaíl Cherbátov”. ¿Qué le sale? Oh, llevan unos cuantos años fuera. Uy, ahora que pienso, creo que los tengo yo, me acabo de acordar ahora. Qué fastidio. Seguro que todo el mundo está deseando leer esos libros y resulta que nadie los puede leer porque los tengo yo, vaya. Mire, le propongo algo: Perdóneme la multa y le traigo los libros ahora mismo… O de lo contrario… Cuando llegue a casa, los abriré y empezaré a arrancarles las páginas, una a una, despacito, raaaas… (imitando la rotura de una página con sádico placer), raaaaas…


Cómo funciona en escena

Este monólogo funciona bien cuando la actriz no lo plantea como una loca histérica, sino como una ciudadana razonable que va perdiendo progresivamente el sentido de la proporción. Emma empieza defendiendo algo comprensible —la desmesura de la multa— y poco a poco deriva hacia una zona mucho más peligrosa, donde el amor a los libros se mezcla con la rabia y el chantaje.

La fuerza del texto está en esa progresión. Primero hay indignación, luego cálculo, después crítica moral al sistema y, finalmente, una amenaza perfectamente articulada. Esa escalada hace muy rica la escena porque el personaje nunca deja de parecer inteligente: precisamente por eso inquieta más cuando decide usar esa inteligencia para hacer daño.

Es una pieza que permite mostrar ritmo, comicidad, nervio y cambio de temperatura. La actriz puede trabajar una oralidad muy viva, sostenida por la lógica interna del personaje y por el placer creciente que Emma encuentra al descubrir que todavía tiene poder de negociación.

  • Permite trabajar indignación y humor negro al mismo tiempo.
  • Da mucho juego al paso de la queja razonable a la amenaza.
  • Funciona bien para mostrar rapidez mental y presencia escénica.
  • Tiene un final potente si se saborea sin sobreactuar.

Ha venido a devolver un libro y acaba descubriendo que puede secuestrar una biblioteca entera.

Trabajar el texto

Conviene empezar desde una queja muy concreta y bien justificada. Emma no entra en escena amenazando: entra creyendo de verdad que le están aplicando una sanción absurda. Si la actriz coloca bien ese punto de partida, el público se sube con facilidad a su lógica inicial.

También ayuda mucho trabajar con precisión los momentos físicos del texto: sacar el móvil, teclear, dictar títulos, imaginar los libros, arrancar páginas. Son acciones pequeñas pero muy útiles para que el monólogo tenga recorrido, cambios de ritmo y apoyos concretos.

La enumeración de autores y títulos no debe sonar gratuita. Ahí aparece una Emma que no sólo se enfada: conoce libros, los tiene, los valora y entiende perfectamente el daño que puede causar. Eso da profundidad al personaje y convierte la amenaza final en algo mucho más serio que un simple berrinche.

El cierre funciona mejor si la actriz saborea el “raaaas” con un placer contenido pero real. No como monstruo caricaturesco, sino como alguien que acaba de descubrir un modo muy eficaz de negociar. Cuanto más gozoso y más tranquilo resulte ese momento, más fuerza tendrá.

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Sobre este monólogo

Este monólogo forma parte de El libro de los monólogos para casting (para actrices), donde vienen acompañado de una extensa ficha de trabajo para que puedas extraer el máximo de él.

Además…

Si, además de monólogos, también buscas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

Preguntas frecuentes:

(responde Marc Egea)

¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.

¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.

¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.

¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.

¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.

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