Humor negro · Duración aproximada: 1:50–2:10 min · Edad: 25-55 años
Loca por escribir
Una mujer convierte un alegato judicial en una explicación delirantemente lógica sobre cómo la escuela despertó en ella una vocación tan artística como peligrosa.
Texto del monólogo
Carol: La culpa la tiene el sistema educativo. De joven —de más joven—, cuando hacía alguna trastada en el colegio, las profesoras me castigaban mandándome copiar, —creo que esto ya no se hace, antes se hacía— copiar 50 veces “No maltrataré los lápices y los cuadernos de la escuela”. Después eran 100. 200 veces. Cumpliendo esos castigos descubrí el valor de la caligrafía porque tienes mucho tiempo para observar las letras. Luego fui descubriendo el valor de la composición, porque las frases no mantienen una columna recta, ¿saben?, sino que se contonean, y empecé a jugar con eso. Empecé a amar aquellos ejercicios —castigos, perdón—. Empecé a sentirme artista. (Disfrutando con el recuerdo) 500 veces “No maltrataré el mobiliario de la escuela”. 1000 veces. “No maltrataré a los compañeros de escuela”. 2000 veces. “Ni a los profesores”. 5000. Empecé a sentirme feliz solamente cuando copiaba. Y cuando se me terminaba el castigo, corría locamente a dañar algo, a alguien, lo que fuera. Y mientras hacia el daño empezaba a sentir placer porque sentía que anticipaba lo que me esperaba. Y así acabe disfrutando el propio hecho de dañar (Suspira). Si en lugar de mandarme copiar, mis profesoras me hubiesen castigado con suspensos —por ejemplo—, hoy no estaría aquí. La culpa la tienen mis profesoras. Es todo. Mi abogado me dijo que no empleara este último alegato para decir tonterías. Ya no es mi abogado. Y no se preocupe, no ha sido nada. Dicen que se recuperará. Los médicos. Dicen. Gracias. …

Cómo funciona en escena
Este monólogo funciona cuando la actriz no lo plantea como locura desatada, sino como razonamiento impecable dentro de una lógica completamente desviada. Carol no cree estar diciendo barbaridades: cree estar explicando una cadena de causas y consecuencias con una lucidez que, para ella, resulta indiscutible.
La fuerza del texto está en el contraste entre el tono casi académico con que analiza su pasado y la gravedad real de lo que está confesando. Ahí aparece un humor muy negro, pero también una inquietud creciente: cuanto más serena y más lógica parece, más perturbadora se vuelve.
Es una pieza permite mostrar precisión verbal, imaginación, ritmo y una relación muy fina entre placer, recuerdo y amenaza. No necesita grandes aspavientos; necesita una inteligencia torcida dicha con absoluta convicción.
- Permite trabajar humor negro sin perder verdad.
- Da juego a la lógica interna de un personaje desviado.
- Funciona bien para mostrar control, rareza y personalidad.
- Tiene un cierre final inquietante si se sostiene con sencillez.
Descubrió la belleza de escribir y acabó encontrándola también en el daño.
Trabajar el texto
Conviene empezar desde un lugar casi razonable. Carol está haciendo un alegato, así que tiene sentido que intente ordenar su discurso, justificarlo y presentar su tesis con claridad. Si la actriz entra ya demasiado desquiciada, la pieza pierde precisamente lo que la vuelve más inquietante: su aparente sensatez.
También ayuda mucho diferenciar las zonas del recuerdo. No es lo mismo hablar de castigos escolares que descubrir la caligrafía, que disfrutar de la composición, que asociar daño y placer. Cada tramo va oscureciendo un poco más el relato, y esa gradación es esencial para que el monólogo crezca.
La parte de (Disfrutando con el recuerdo) debe tener una verdad especial. Ahí Carol no está fingiendo nada: revive de verdad un momento fundacional, casi feliz. Si esa memoria aparece viva y limpia, el resto del texto gana muchísimo peso porque entendemos que su desviación nace de algo íntimamente placentero.
El final funciona mejor si no se remata con exceso. “Ya no es mi abogado” y “Dicen que se recuperará” pueden sonar casi administrativos, y precisamente ahí reside el espanto. Cuanto más natural sea esa frialdad final, más potente quedará la impresión del personaje.
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Sobre este monólogo
Este monólogo forma parte de El libro de los monólogos para casting (para actrices), donde vienen acompañado de una extensa ficha de trabajo para que puedas extraer el máximo de él.
Además…
Si, además de monólogos, también buscas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

Preguntas frecuentes:
(responde Marc Egea)
¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.
¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.
¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.
¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.
¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.
