Cariño, es horrible

Realista irónico · Duración aproximada: 1:15–1:35 min · Edad: 30–55 años

Cariño, es horrible

Un monólogo muy afilado que mezcla sinceridad, rutina conyugal y una herida íntima mucho más profunda de lo que parece al principio.


Texto del monólogo

Elena y Guillermo son un matrimonio entrado en rutina. A Elena le hubiera gustado tener hijos, pero ya ha pasado el momento. Estas últimas semanas, Guillermo se ha estado iniciando en el hobby de la pintura. Acaba de terminar su primer cuadro. Se lo muestra su mujer.

Elena: Cariño… es horrible. Quiero serte sincera ahora, antes de que te animes a pintar más cuadros y empieces a regalárselos a nuestros amigos y acabes montando algún día una exposición de barrio llena de cuadros como… éste. Porque es horrible. Y nadie te lo va a decir. Sí, ya sé que ahora se pinta de esta manera, que la pintura moderna parece que la hagan críos. Y también sé que queda muy paleto decir que eso lo podría pintar un niño. Sé que se pagan auténticas fortunas por cuadros que son incluso más feos que éste. Lo sé. Pero, cariño, también sé –he oído decir– que hasta el más feo de esos bodrios que valen tantísimo dinero tiene un motivo, aunque sea pequeño, que esos cuadros los pintan para expresar algo. Y por eso pagan tanto por ellos: por el mensaje que tienen detrás. «Este cuadro lo pintó después de viajar a la India y descubrir la pobreza extrema», «Este lo pintó cuando murió su hermano», «Este lo pintó para conmemorar la guerra tal»… Dime cariño, tú… ¿qué estás queriendo decir con este cuadro? ¿Hay algo detrás de… esas líneas azules? ¿De ese círculo marrón? ¿De esos manchurrones de ahí? ¿De esos goterones? ¿De esas rayas? ¿De esos brochazos? (Lee) «Sin título número uno». No me molesta que hayas encontrado un hobby que te ilusione. ¿Crees que no me alegra ver como corres a coges los pinceles nada más terminar de cenar? Total, para lo que dan en la tele. No me molesta, de verdad. Me pides mi opinión y te la doy. Lo encuentro horrible. Pero es tu criatura. La criatura que no expresa nada. Miremos la parte positiva: esta pintura no dice nada… Nos dejará dormir por las noches, no habrá que llevarla al médico cuando se ponga malita, ni darle de comer cinco veces al día, no tendremos que comprarle ropa que se le quedará pequeña al poco tiempo, ni habrá que reñirle porque no haga los deberes, ni llegará tarde a casa por la noche, ni nos dará el disgusto de nuestra vida cuando le descubramos un cigarrillo en el bolsillo, ni irá con amigos que no nos gusten a pesar de que él diga que son buena gente, ni acabará buscándose una pareja que no será la que tu y yo hubiéramos elegido pero que tendremos que acabar aceptando de todas formas, ni llegará el día en que nos dirá, sin la solemnidad que hubiéramos esperado, que se marcha de casa, no. Lo tendremos siempre ahí, con nosotros… Va a empezar la película, cariño. Me parece horrible. ¿Algo más?


Cómo funciona en escena

El monólogo funciona por desplazamiento. Elena empieza opinando sobre un cuadro y parece limitarse a una franqueza doméstica, casi cruel pero anecdótica. Poco a poco, sin embargo, el verdadero centro aparece: no está hablando solo de pintura, sino de una ausencia largamente instalada en la pareja.

Su fuerza está en la mezcla de ironía y dolor. Elena no se derrumba ni acusa de frente. Usa el cuadro como vía para decir algo mucho más difícil: la vida que no tuvieron, la maternidad no vivida y el hueco que la rutina ya no consigue tapar. Eso le da al texto mucha profundidad y mucho filo.

  • Permite trabajar subtexto muy claro sin hacerlo explícito desde el inicio.
  • Da mucho juego para sostener ironía amarga y dolor contenido a la vez.
  • Funciona muy bien en actrices con precisión verbal y madurez emocional.
  • Deja una impresión de inteligencia, verdad y densidad interpretativa.

A veces no se está juzgando un cuadro: se está juzgando una vida.

Trabajar el texto

La clave es no empezar desde la herida más profunda. Elena está opinando de verdad sobre el cuadro y quiere ser sincera. Si la actriz arranca ya desde el gran dolor oculto, el texto pierde recorrido. Lo interesante es ver cómo esa otra capa aparece sola, casi a pesar del personaje.

Conviene cuidar mucho el tono de la primera mitad. No debe sonar ni demasiado cruel ni demasiado compasivo. Elena habla con una sinceridad cansada, doméstica, casi práctica. Esa normalidad es la que hace más devastador el momento en que el discurso se desplaza hacia la criatura que no tuvieron.

El final funciona mejor si no se subraya. “¿Algo más?” debe llegar como quien vuelve a la superficie después de haber dicho demasiado. Si se mantiene seco, deja un eco muy fuerte.

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  • Fijaciones: si quieres un texto más ligero en apariencia, pero también sostenido por lo que el personaje revela sin proponérselo.

Sobre este monólogo

Este monólogo forma parte de El libro de los monólogos para casting (para actrices), donde aparece desarrollado como herramienta pensada para el trabajo real en ensayo, casting y videobook.

Si quieres trabajar diálogos (textos para 2 intérpretes), tienes escenas de libre disposición en el Laboratorio Dramático.

Preguntas frecuentes:

(responde Marc Egea)

¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.

¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.

¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.

¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.

¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.