Un monólogo para casting de Marc Egea: una actriz ensaya en el escenario

PARA ACTRIZ

Cariño, es horrible

Un cuadro recién terminado y una opinión sin contemplaciones. Al hablar de esa «criatura», Elena deja aparecer la vida que habría querido compartir.

Comedia y drama

Una mujer opina sobre el cuadro de su marido

Edad

Personaje adulto con una vida matrimonial asentada y un proyecto de maternidad que ya quedó atrás.

Duración

3:45 min – 5:00 min, aproximadamente.

Duración orientativa estimada, con margen para observar el cuadro, leer el título y recorrer las distintas etapas de la vida imaginada.

Qué puedes trabajar con este monólogo

Ritmo y repetición

Recorrer una vida entera a través de los cuidados y conflictos que el cuadro nunca dará.

Sostener una doble lectura

Enumerar supuestas ventajas mientras se hace presente el deseo de tener un hijo.

Situación

Elena y Guillermo son un matrimonio instalado en la rutina. A ella le hubiera gustado tener hijos, pero ese momento ya ha pasado. Él lleva unas semanas iniciándose en la pintura.

Acaba de terminar su primer cuadro. Se lo muestra su mujer.

Elena: Cariño… es horrible. Quiero serte sincera ahora, antes de que te animes a pintar más cuadros y empieces a regalárselos a nuestros amigos y acabes montando algún día una exposición de barrio llena de cuadros como… éste. Porque es horrible. Y nadie te lo va a decir. Sí, ya sé que ahora se pinta de esta manera, que la pintura moderna parece que la hagan críos. Y también sé que queda muy paleto decir que eso lo podría pintar un niño. Sé que se pagan auténticas fortunas por cuadros que son incluso más feos que éste. Lo sé. Pero, cariño, también sé —he oído decir— que hasta el más feo de esos bodrios que valen tantísimo dinero tiene un motivo, aunque sea pequeño, que esos cuadros los pintan para expresar algo. Y por eso pagan tanto por ellos: por el mensaje que tienen detrás. «Este cuadro lo pintó después de viajar a la India y descubrir la pobreza extrema», «Este lo pintó cuando murió su hermano», «Este lo pintó para conmemorar la guerra tal»… Dime cariño, tú… ¿qué estás queriendo decir con este cuadro? ¿Hay algo detrás de… esas líneas azules? ¿De ese círculo marrón? ¿De esos manchurrones de ahí? ¿De esos goterones? ¿De esas rayas? ¿De esos brochazos? (Lee) «Sin título número uno». No me molesta que hayas encontrado un hobby que te ilusione. ¿Crees que no me alegra ver como corres a coges los pinceles nada más terminar de cenar? Total, para lo que dan en la tele. No me molesta, de verdad. Me pides mi opinión y te la doy. Lo encuentro horrible. Pero es tu criatura. La criatura que no expresa nada. Miremos la parte positiva: esta pintura no dice nada… Nos dejará dormir por las noches, no habrá que llevarla al médico cuando se ponga malita, ni darle de comer cinco veces al día, no tendremos que comprarle ropa que se le quedará pequeña al poco tiempo, ni habrá que reñirle porque no haga los deberes, ni llegará tarde a casa por la noche, ni nos dará el disgusto de nuestra vida cuando le descubramos un cigarrillo en el bolsillo, ni irá con amigos que no nos gusten a pesar de que él diga que son buena gente, ni acabará buscándose una pareja que no será la que tu y yo hubiéramos elegido pero que tendremos que acabar aceptando de todas formas, ni llegará el día en que nos dirá, sin la solemnidad que hubiéramos esperado, que se marcha de casa, no. Lo tendremos siempre ahí, con nosotros… Va a empezar la película, cariño. Me parece horrible. ¿Algo más?

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Claves escénicas

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La opinión sobre el cuadro abre una conversación que ya contiene historia de pareja.

Elena dice que quiere ser sincera y que el hobby no le molesta. Puede haber una valoración estética real junto a frustración, distancia o necesidad de ser escuchada. No hace falta decidir que cada frase encubre una mentira ni convertirla desde el principio en un ataque uniforme.

La palabra «criatura» enlaza la pintura con el hijo que no tuvieron.

Elena llama al cuadro «tu criatura» antes de enumerar lo que no hará. La acotación establece su deseo de tener hijos y que ese momento ha pasado; no explica por qué. Puedes explorar el peso que adquiere esa palabra en la relación sin atribuir a Guillermo una prohibición o inventar una causa médica.

Cada «ni» lleva a una etapa distinta de una vida que no ocurrió.

Dormir, alimentar, vestir, hacer deberes, salir de noche, elegir pareja y marcharse de casa construyen un recorrido. Presentadas como problemas evitados, esas experiencias también dibujan una ausencia. La repetición permite variar el impulso y el peso de cada imagen sin convertir todas las frases en la misma lamentación.

El regreso a la película devuelve el dolor a la rutina cotidiana.

Después de imaginar hasta la marcha del hijo, Elena vuelve al cuadro que seguirá allí y a la película que va a empezar. «Me parece horrible» conserva su referencia a la pintura, pero puede llegar cargado por lo que acaba de decir. El final admite distintas formas de cerrar el contacto; no exige lágrimas ni demuestra una ruptura.

Para explorar la escena

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Recorrer la lista como una sucesión de edades, manteniendo sus negaciones.

En una copia, señala qué etapa aparece en cada cuidado o conflicto. Di el pasaje siguiendo ese crecimiento imaginado, sin cambiar palabras ni añadir acciones. Compara qué ocurre cuando cada imagen tiene un destinatario concreto en Guillermo y cuando pesa más para Elena al nombrarla.

Probar distintos grados de apertura antes de volver a la película.

Haz una pasada en la que Elena procure mantenerse en la opinión sobre el cuadro y otra en la que se permita compartir más del deseo frustrado. Conserva la lectura del título y el cierre completos. Observa cómo cambia el regreso a «Me parece horrible» sin imponer un estallido emocional.

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