dramaturgo y guionista
Tokio: Me llamo Tokio. Y cuando comenzó esta historia YA me llamaba así. Mis padres me llamaron Tokio para… recordar el lugar en el que me concibieron: el hostal pensión Tokio, aquí en el centro –creo que todavía existe–. Querían ir a la Pensión Albergue de las Religiosas Ursulinas Católicas pero no quedaban habitaciones aquel día. Menos mal. ¿Imagina el nombre que me habría quedado? Aunque… (piensa) viéndolo ahora, no habría sido peor. A ningún creativo de la tele se habría ocurrido llamar a alguien Religiosa Ursulina Católica. Cada vez que digo mi nombre –Tokio–… puede suponerlo, la broma fácil –“Recuerdos a Nairobi”, “Saludos al Profesor”, jiji, jaja…– hay hasta quien cree que soy peligrosa como la Tokio esa de papel. ¡Y no! ¡Yo no soy como esa Tokio! ¡Yo me llamo Tokio! ¡Me llamo Tokio! ¡Y la farsante ésa, no! ¡Ya estoy harta! Apunte eso: ¡Harta! Quiero cambiar de nombre porque estoy harta. Es un motivo suficiente, verdad, señor (el funcionario no sabe qué responder) ¿Verdad? (amenazadora)
A tener en cuenta:
Tokio ha ido al registro civil a cambiarse el nombre. El funcionario le indica que es necesario un motivo de peso para hacerlo. “Necesito que me cuentes algo convincente”, le dice, con cierta suficiencia. Así que Tokio le cuenta su historia. Y a medida que habla, aflora el motivo por el que realmente quiere cambiarse el nombre: porque está harta de que la asocien con la Tokio de “La casa de Papel”.
Esto, en lo que se refiere al personaje. Pero este monólogo ofrece juego más allá de la ficción:
En la serie de Netflix, “La casa de Papel” , el monólogo que pronuncia el personaje de “Tokio” (Úrsula Corberó) es un monólogo grave, sentido, doloroso. Cualquiera que frecuente un poco los círculos de actores y/o las agencias de casting, sabrá que ése ha sido un monólogo muy utilizados por actrices (¡y actores!) en audiciones. Y, por este motivo, un monólogo, cuyo contenido, difícilmente puede sorprender.
El arranque de este otro monólogo es idéntico al original: “Me llamo Tokio”, de modo que, quien lo escuche, creerá que está oyendo por enésima vez el monólogo de “La casa de Papel”. Pero, enseguida, el monólogo se desvía y toma un camino distinto –más divertido, imprevisible– que debería, cuando menos, activar la curiosidad del oyente.
Monólogo fresco, que intenta ser ocurrente: combina humor, ritmo, parodia y un estallido final que permite a la actriz brillar con personalidad propia. Mezcla guiños pop, indignación real y un tono cada vez más frenético, ofreciendo un material adecuado para demostrar energía, comicidad y dominio del tempo interpretativo.
Tokio intenta justificar ante un funcionario por qué quiere cambiarse el nombre, pero su explicación deriva en un estallido divertido y frenético contra años de bromas y comparaciones con el personaje televisivo. Una propuesta ágil y divertida.
Cómico, directo, contemporáneo; combina parodia, ironía y un guiño meta-teatral al célebre monólogo de La casa de papel, con un ritmo rápido e inesperados quiebros humorísticos.
Humorístico con toques de indignación y locura simpática; un tono que empieza ligero, coquetea con lo dramático y termina en una efervescencia cómico-amenazadora que puede descolocar y divertir.
Medio–alto: requiere precisión rítmica, agilidad verbal, control de la escalada emocional, carisma cómico y la habilidad de jugar con la parodia sin caer en el exceso.
Apropiado para actrices de 20 a 45 años; funciona especialmente bien en intérpretes jóvenes o adultas con frescura, energía y capacidad de comedia.
La identidad propia frente a la etiqueta impuesta por los demás.
Recuperar el control sobre su propia identidad y dejar de ser reducida a un chiste o a una referencia televisiva; ser vista por quien realmente es.
“No quiero ser un personaje para los demás: quiero ser yo, y estoy agotada de fingir que no me afecta.”
El monólogo busca que el espectador simpatice primero y, casi sin transición, perciba el hartazgo real de alguien que está cansada de explicarse, de ser confundida y de que su identidad se convierta en un chiste recurrente.
¿Se puede adaptar al género masculino?
Sí, es fácilmente adaptable.


(responde Marc Egea)
¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.
¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.
¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.
¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a internet?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.
¿Cómo puedo saber cuándo escribes nuevos monólogos?
Aviso en Instagram cada vez que publico un nuevo monólogo para casting.
Esto del libro de monólogos… ¿va en serio?
Si la idea gusta… sí.