dramaturgo
Cómico amargo · Duración aproximada: 1:40–2:15 min · Edad: 35–55
Un monólogo ligero y muy jugable que arranca como confidencia entre amigas y acaba revelando, con humor, una necesidad bastante menos inocente de lo que parecía.
Elsa: O sea, que tú le dices que tienes una contractura en la espalda y él te empieza masajeando la espalda pero a los diez minutos sus dedos se van por los lados y acaba masajeándote esta parte de aquí donde empieza el pecho… Que luego acerca sus labios a tu nuca y dice que lo hace para aplicar calor… Que no deja de repetirte lo guapa que eres y te acaba proponiendo ir a su casa para hacerte un masaje en una camilla especial que tiene allí… Chica, yo creo que no hay duda. Y, mira, te diré algo: hace un tiempo, tú me vienes con esto y te hubiera dicho: “¡Pero qué haces tía, te has vuelto loca, que estás casada y él también!” Ahora, en cambio te digo: “¡A-de-lan-te!”. No vayas a pensar que no estoy bien con Jorge. Soy feliz: Jorge me quiere mucho, adoro a mis dos hijos y mi vida es maravillosa. Sólo que a veces voy un poco estresada: los niños, el trabajo, el inglés, el gimnasio, la casa, el baloncesto de los niños, mis padres, mis suegros… Me gusta mucho mi vida, soy muy feliz, pero estoy empezando a tener un poco de estrés y creo que me está afectando al sueño, a veces tengo como mareos, creo que se me agarrotan los músculos, que se me hacen como contracturas en la espalda, creo que… Voy a necesitar que me descontracturen…
El monólogo funciona porque parece una conversación práctica y hasta moralizante, pero poco a poco va girando hacia otro lugar. Elsa empieza analizando lo que le ha pasado a una amiga con aparente lucidez y termina revelando, sin decirlo del todo, que quizá ella misma necesita exactamente eso que al principio observaba desde fuera.
Su fuerza está en el desplazamiento. No hace falta cargarlo de intención desde el comienzo. Cuanto más natural, cotidiano y reconocible sea el arranque, mejor aparece el humor del final y más claro queda el deseo escondido bajo el discurso.
Combina ligereza superficial con un trasfondo melancólico que lo vuelve muy humano.
No conviene empezar buscando el chiste. Elsa no está haciendo humor, está razonando. Si se interpreta desde la comicidad evidente, el texto pierde recorrido.
Es clave sostener la parte central de enumeración: ahí aparece la verdad del personaje. Más que graciosa, es una mujer saturada que empieza a justificarse.
El final funciona cuando llega como conclusión natural, no como remate. Es un pensamiento que se le escapa, no una frase preparada.
Este monólogo forma parte de El libro de los monólogos para casting (para actrices), donde aparece desarrollado como herramienta pensada para el trabajo real en ensayo, casting y videobook.
Si quieres trabajar diálogos (textos para 2 intérpretes), tienes escenas de libre disposición en el Laboratorio Dramático.

(responde Marc Egea)
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No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.
¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.
¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.
¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.
