dramaturgo
Dramático íntimo · Duración aproximada: 1:45–2:20 min · Edad: 35–45 años
Un monólogo breve, seco y muy eficaz, construido desde la contención. Ideal para trabajar dolor, dignidad y una amenaza emocional que no necesita elevar el tono.
Carlos regresa a casa después de un viaje. Parece que acaba de sorprender a su mujer con un amante. Ésta, no obstante, se enfrenta a su marido, entre triste y desafiante.
Ana: No mires en el armario de la habitación, Carlos. (Habla despacio, eligiendo bien las palabras) Vete. Sal a dar un paseo. Vuelve a entrar por esa puerta dentro de media hora y haz como si esto no hubiera pasado, como si no me hubieses visto salir de la cama, a las seis de la tarde, desnuda, con la respiración alterada… sólo porque no has vuelto en el vuelo en que dijiste que ibas a volver.
Mientras, me vestiré, haré la cama, bajaré a la cocina y empezaré a preparar la cena, tranquilamente, como si no hubiese pasado nada: como si el martes no hubiese tenido el estúpido impulso de llamarte al trabajo para decirte cuánto te quiero y así no hubiese podido averiguar –por tu secretaria– que esa ‘agotadora y estúpida’ feria de muestras era en realidad un viaje a París para dos personas…
No mires en el armario, Carlos…
El monólogo funciona por la calma con que Ana administra una situación extrema. No discute, no se justifica de forma desordenada ni se derrumba. Habla desde un lugar de herida muy consciente, y precisamente por eso el texto tiene tanta tensión.
Su fuerza está en la inversión de posiciones. Todo parece indicar que Ana ha sido sorprendida, pero en pocas líneas la escena se recoloca y entendemos que no está pidiendo perdón: está devolviendo el golpe. Ese cambio hace del texto un material muy útil para trabajar autoridad emocional y subtexto.
Aquí no habla la culpa: habla alguien que ya ha entendido todo.
La clave es no empezar desde el escándalo. Ana no está fuera de sí. Está midiendo cada palabra. Si la actriz entra demasiado rota o demasiado agresiva, el monólogo pierde su filo y se vuelve más obvio de lo que es.
Conviene cuidar mucho el ritmo de la primera mitad. La invitación a salir, volver y fingir no es solo una ocurrencia brillante: es una manera de imponer una nueva situación y de marcar quién entiende realmente lo que ha pasado. Ahí está gran parte del poder del texto.
El remate final debe llegar limpio. “No mires en el armario, Carlos…” no necesita más carga que la que ya trae detrás. Cuanto más simple suene, más inquietante resulta.
Este monólogo forma parte de El libro de los monólogos para casting (para actrices), donde aparece desarrollado como herramienta pensada para el trabajo real en ensayo, casting y videobook.
Si quieres trabajar diálogos (textos para 2 intérpretes), tienes escenas de libre disposición en el Laboratorio Dramático.

(responde Marc Egea)
¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.
¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.
¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.
¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.
¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.
