dramaturgo y guionista
Carlos regresa a casa después de un viaje. Parece que acaba de sorprender a su mujer con un amante. Ésta, no obstante, se enfrenta a su marido, entre triste y desafiante.
Ana: No mires en el armario de la habitación, Carlos. (Habla despacio, eligiendo bien las palabras) Vete. Sal a dar un paseo. Vuelve a entrar por esa puerta dentro de media hora y haz como si esto no hubiera pasado, como si no me hubieses visto salir de la cama, a las seis de la tarde, desnuda, con la respiración alterada… sólo porque no has vuelto en el vuelo en que dijiste que ibas a volver.
Mientras, me vestiré, haré la cama, bajaré a la cocina y empezaré a preparar la cena, tranquilamente, como si no hubiese pasado nada: como si el martes no hubiese tenido el estúpido impulso de llamarte al trabajo para decirte cuánto te quiero y así no hubiese podido averiguar –por tu secretaria– que esa ‘agotadora y estúpida’ feria de muestras era en realidad un viaje a París para dos personas…
No mires en el armario, Carlos…
Situación: Ana pensaba que su marido, Carlos, estaba de viaje de trabajo, pero descubrió -cuando llamó a la oficina de su marido- que en realidad estaba de viaje romántico con una ‘amiga’. Entonces, Ana, despechada, decidió acostarse con un hombre -en su propia casa, en su propia cama- y ahora que su marido la ha pillado in fraganti, lejos de generar ‘una escena’, le hace saber a su marido -sibilinamente- que descubrió su mentira y le ha pagado con la misma moneda… y no va a permitir que haya ninguna ‘escena’. No tiene derecho.
Monólogo breve con una carga emocional grande. Permite brillar sin necesidad de elevar el volumen ni exagerar: todo está en el subtexto, en la respiración y en la verdad del momento.
Una esposa pide a su marido que no abra un armario que lo cambiaría todo, mientras intenta recomponer una historia que ya se ha roto.
Directo, sobrio, emocional sin exageración; basado en la palabra elegida con precisión y el silencio que la rodea.
Tenso, contenido, dolido y a la vez firme.
Medio-alto: requiere sutileza, escucha interna y manejo de matices.
Actrices de 30–45 aproximadamente, aunque puede ampliarse según la propuesta del casting.
La mentira —la dicha y la recibida— asomando en un matrimonio que ya no se sostiene.
Proteger un resto de dignidad y evitar que el daño sea aún mayor, intentando que la conversación no acabe de destruir lo que queda.
“No mires” significa “no confirmes lo que los dos ya sabemos”, y al mismo tiempo: “no estoy preparada para enfrentar las consecuencias”.
¿Se puede adaptar al género masculino?
Sí, perfectamente. Funcionaría con un actor si se mantiene la misma contención y la sensación de estar a un paso del derrumbe.
Solo habría que ajustar referencias de pareja (mujer → marido/pareja), pero el conflicto es universal: infidelidad, culpa, necesidad de control.
Funcionaría con un actor si se mantiene la misma contención y la sensación de estar a un paso del derrumbe. La fuerza del monólogo no depende del género, sino del desajuste emocional y la urgencia del momento.
Este monólogo forma parte de El libro de los monólogos para casting (para actrices). Esta ficha proporciona una orientación básica; en el libro puedes encontrar la ficha completa.

(responde Marc Egea)
¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.
¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.
¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.
¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.
¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.
