Un monólogo para casting de Marc Egea: una actriz ensaya en el escenario

PARA ACTRIZ

Está cansada

Clara intenta que su hermana vuelva con la familia después de haber contado sus confidencias como anécdotas.

Drama

Su hermana, presente en la escena.

Edad

Adulta joven; el texto permite otras edades adultas.

Duración

1:30–2:00 min, aproximadamente.

Estimación con margen para las sonrisas, las rectificaciones y el cambio final de intención.

Qué puedes trabajar con este monólogo

Cambiar de táctica

Pasar de justificar lo ocurrido a ofrecer una solución, descubrir qué falla en ella y dejar de insistir.

Situación

Clara ha contado delante de la familia cosas que su hermana le había confiado sobre sus entrevistas de trabajo. Su hermana ha cortado la conversación y se ha retirado a una habitación. Su madre manda a Clara a buscarla para que baje a comer.

En casa de sus padres, poco antes de comer. Clara llega a la habitación donde está su hermana.

Clara: Mamá dice que ya está la comida. Le he dicho que estás cansada. Me ha mandado a ver si te animo a bajar. Yo pensaba que lo del ascensor podía contarlo. Tú te reías el otro día. Es que tenía gracia: equivocarse de planta, bajar seis pisos corriendo… (Sonríe.) Joder: no me extraña que llegaras a la entrevista sin aire. (Sonríe de nuevo.) Me lo imitaste y todo. Nos reímos las dos. (Busca su mirada. Deja de sonreír.) Lo de las otras entrevistas sobraba. Y lo de tener que presentarte en inglés para reponer yogures. Pero como tú lo cuentas así… Bueno. Baja, anda. Yo no digo nada más. Y si papá sigue con que no se te puede decir nada, le cuento lo del lunes. Que tienes otra entrevista, que te han vuelto a llamar… (Se frena.) Pero te prometí que no diría nada. Joder. (Baja la vista; abandona el intento de convencerla.) No tienes que bajar. Voy a decirle a papá que me he pasado yo. Que no la tome contigo. (Se dispone a salir, pero vuelve a mirarla.) Y el lunes… llámame si quieres. Me cuentas cómo te ha ido. No hace falta que tenga gracia.

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Claves escénicas

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Clara todavía se ríe de lo que recuerda.

La anécdota le hizo gracia cuando su hermana se la contó y vuelve a hacérsela ahora. Recordar que se rieron juntas le sirve para justificar haberla contado. La actriz puede dejar que esa justificación tenga fuerza al principio: Clara aún intenta recuperar la complicidad con la que compartieron la historia.

Al intentar defender a su hermana, está a punto de volver a contar una confidencia.

Ofrecerse a hablar de la entrevista del lunes parece una solución al comentario del padre. «Pero te prometí que no diría nada» interrumpe ese intento: Clara descubre el problema en lo que ella misma está proponiendo. A partir de ahí deja de pedir que su hermana baje y decide hacerse cargo de su propia conducta. El cambio se concreta en una acción; no necesita una reconciliación inmediata ni una respuesta añadida de la hermana.

«No hace falta que tenga gracia» cambia el sentido de la risa inicial.

Clara empezó defendiendo que la historia tenía gracia. Termina ofreciendo escuchar cómo le ha ido a su hermana aunque no haya nada divertido que contar: le importa lo que le sucede, también cuando no se convierte en una buena anécdota. La frase permite además un deseo afectuoso: ojalá esta entrevista salga bien y no deje otro fracaso que transformar en un relato cómico. Ambas lecturas pueden convivir. La segunda es una posibilidad interpretativa, no un resultado anunciado ni una exigencia de que consiga el trabajo. «Llámame si quieres» deja a la hermana decidir si vuelve a confiarle algo. El cierre ofrece otra manera de escucharse, sin dar por reparado lo ocurrido.

Para explorar la escena

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Seguir lo que Clara intenta conseguir en cada tramo.

Recorrer la escena intentando primero que su hermana baje. Observar qué hace con el recuerdo compartido, con la promesa de callarse y con la propuesta de hablar al padre. Dejar que el recuerdo de su promesa frene esa última solución. Explorar cuánto cambia la relación cuando deja de insistir, conservando las acotaciones y sin inventar réplicas para provocar cada transición.

Probar las dos resonancias de la última frase.

Hacer una pasada dando más peso a la disposición a escuchar, y otra al deseo de que la entrevista le vaya bien. Después probar cómo conviven. Mantener la atención en la hermana y en la posibilidad de volver a hablar con ella: la frase puede ser pequeña y cotidiana, sin prepararla como una sentencia ni buscar obligatoriamente el llanto.

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