dramaturgo
Satírico incómodo · Duración aproximada: 1:15 – 1:35 min · Edad: 30–55 años
Una empresaria cuenta con aparente calma una humillación del pasado. Pero lo que parece una confesión termina revelándose como una proposición tan sorprendente como lógica.
Carmen: Mira, te voy a contar algo –te puedo tutear, ¿no?–. Yo siempre he querido ser actriz. Actriz de cine, de teatro, de lo que sea. Actriz. Y creo que se me da bien, que soy buena. Hace… hará cosa de diez años fui a una audición para una película, a un casting. (Explica) Hice mi prueba. Y me fui. Al día siguiente me llama el director de la película. Y yo voy. Y me dice que le he gustado, que cree que soy buena, que encajo perfectamente en su película. Pero también me dice que hay unas cincuenta chicas tan buenas como yo que también encajan en su película. Y me dice –así directamente– me dice que si me acuesto con él –allí mismo, en ese momento–, me da el papel a mí. Si hubiera aceptado, ahora no estaría aquí. Esa película habría lanzado mi carrera de actriz, estoy segura. Pero le dije que no. No quise acostarme con él. No creas que te estoy soltando un discurso feminista, reivindicativo, bla bla bla. No. Respeto a ese hombre. Él me propuso algo a cambio de algo. Yo elegí libremente. No estaba interesada en lo que me proponía. Me fui por donde había llegado. No voy a criticarle. La película era suya. Después de eso, fui ascendiendo en la empresa donde trabajaba y surgió la ocasión de fundar una nueva empresa, propia. No fue algo fácil. Ni seguro. Arriesgué todo mi dinero. Y aquella pequeña empresa de material de oficina se convirtió en esto que ves hoy. ¿Cómo me has dicho que te llamas? ¿Manuel? Manuel. Tengo a cincuenta candidatos para el puesto de mozo de almacén. Me vale cualquiera. ¿Estás dispuesto a hacer algo para diferenciarte del resto, Manuel? Libremente.
Este monólogo funciona por replanteamiento. Empieza como el recuerdo sereno de una humillación y acaba revelándose como una reproducción del mismo mecanismo de poder.
La escena no necesita gritar su contundencia. Lo llamativo es en la tranquilidad con que Carmen expone su lógica, como algo razonable, respetuoso y casi administrativo.
La fuerza del texto está en que Carmen no justifica su posición: la presenta como una simple opción de mercado.
La dificultad no está en cargar el monólogo de rabia o denuncia. Si Carmen parece demasiado herida o demasiado vengativa desde el principio, el texto pierde el filo más incómodo que tiene.
Conviene trabajarlo desde alguien que se ha integrado por completo en una lógica de poder. Carmen no se desborda: recuerda, ordena, compara y llega a una conclusión que para ella resulta perfectamente natural.
Es un monólogo especialmente útil para mostrar control, incomodidad moral y capacidad para sostener una escena que se vuelve inquietante no por lo que grita, sino por lo que normaliza.
Si te interesa este tipo de violencia elegante y de poder ejercido con aparente naturalidad, también pueden servirte estos otros monólogos:
Este monólogo forma parte de El libro de los monólogos para casting (para actrices), donde aparece desarrollado como herramienta pensada para el trabajo real en ensayo, casting y videobook.
Si quieres trabajar diálogos (textos para 2 intérpretes), tienes escenas de libre disposición en el Laboratorio Dramático.

(responde Marc Egea)
¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.
¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.
¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.
¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.
¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.
