Un monólogo para casting de Marc Egea: una actriz ensaya en el escenario

PARA ACTRIZ

Debes decidirlo tú

Conchita asegura que su hija debe elegir por sí misma. Cada recuerdo, cada elogio y cada comparación hacen que esa libertad pese de otra manera.

Comedia

Una madre aconseja a su hija sobre su próxima boda

Edad

Madre de una mujer de treinta años; admite distintas edades de interpretación compatibles con esa relación.

Duración

3:00 min – 4:15 min, aproximadamente.

Duración orientativa estimada, con margen para las sonrisas indicadas, los cambios de valoración y la comparación final.

Qué puedes trabajar con este monólogo

Sostener una doble lectura

Dar libertad de elección mientras las palabras pueden inclinar la respuesta.

Construir una argumentación

Enlazar recuerdos, contrastes y una comparación para hacer pensar a la hija.

Situación

Conchita habla con su hija, de treinta años, sobre su intención de casarse con Martin Sharpe, una estrella de cine a la que admira desde niña. La madre responde a sus dudas recordando su propia elección de pareja.

Conchita: Cariño, no tienes que preguntarme. Yo elegí a tu padre en contra de la opinión de toda mi familia. Y he sido feliz. Te tuve a ti. (Sonríe cálidamente) ¿Es el hombre de tu vida? Pues, adelante, qué voy a decirte yo: tienes treinta años, ya no eres una niña… ¿A qué vienen las dudas, corazón? ¿Es por lo que opinas tú o por lo que habla la gente? No hagas caso de lo que diga la gente. Piensa por ti misma. Piensa en ti. ¿Dices que casarte con ese hombre te hará feliz? Pues, ya está. Eso es lo único que importa. Yo sé que estás sinceramente enamorada de él. Siempre lo has estado. Desde que tenías diez años. Por ese hombre me hiciste apuntarte a baile, ¿te acuerdas, que tú dudabas porque te daba mucha vergüenza y yo decidí por ti? Seguro que, cuando le miras a la cara, aún ves al Martin Sharpe de los “Los reyes del baile” o de “Danza conmigo”. Qué voy a decirte yo. Si crees que te hará feliz, adelante. Yo no deseo nada más que tu felicidad, hija mía (sonríe complaciente). Te vas a casar con el capital Marley de “Tormenta en los mares del sur”, con el Jack Balance de “Puños de gloria”, con el príncipe desterrado de “Jaque a la corona”… Un hombre maravilloso, sin duda. No te podrá convertir en reina, ni se pegará por ti en un ring, ni te llevará a navegar en un barco pirata por los mares del sur, ni podrá sacarte a bailar. Tiene más de ochenta años, ya. Pero sigue siendo Martin Sharpe, la leyenda Hollywood, la estrella que enamoró a medio mundo durante más de cuarenta años. Y aún conserva esa mirada seductora. Y con esa mirada, aunque ya no hable —porque ya no habla—, te ha elegido a ti. ¿Quieres casarte con él? No me toca a mí decidir… como no le correspondería decidir a la mamá que acaba de dar a luz en ese hospital de enfrente sobre tu relación con su bebé dentro de cuarenta años… si te enamoraras de él. (se sorprende) ¡Mira qué ejemplos tan disparatados me haces poner! Hija, no me preguntes, debes decidirlo tú.

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Claves escénicas

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Conchita concede libertad mientras ofrece razones que pueden pesar en la decisión.

Insiste en que solo importa la felicidad de su hija, pero contrapone los personajes admirados con las limitaciones actuales de Martin. Esa coexistencia sostiene la escena. Puede intentar disuadirla con cuidado o considerar que solo la ayuda a pensar; el texto no obliga a una estrategia fría y calculada.

La madre recuerda una elección propia y otra que tomó por su hija.

Eligió al padre contra la opinión familiar, y después recuerda que decidió apuntar a la niña a baile cuando esta dudaba. Ambos recuerdos afectan a su autoridad para aconsejar. La calidez y la sonrisa complaciente están indicadas: pueden convivir con la necesidad de orientar la elección.

Los héroes de las películas se enfrentan al hombre con quien la hija quiere casarse.

Reina, boxeador y pirata forman un mundo de posibilidades que Conchita va negando después. La edad de Martin y el hecho de que ya no hable aparecen en su discurso, no como una valoración del narrador. El contraste puede producir humor sin convertirlo en una imitación del anciano.

La comparación con el bebé hace concreta la diferencia de edad.

Conchita imagina una relación futura, dentro de cuarenta años, para devolverle a su hija otra perspectiva. No describe una relación presente con un menor. La sorpresa está acotada; puede explorarse como hallazgo al hablar o como una forma de retirarse de una comparación que ya ha surtido efecto.

Para explorar la escena

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Probar cuánto necesita Conchita obtener una respuesta concreta.

Una pasada puede partir del deseo de que su hija reconsidere la boda; otra, de ayudarla a examinarla sin renunciar a su propia opinión. Mantener las sonrisas y todas las palabras. Comparar qué peso adquieren «adelante» y «debes decidirlo tú» en cada recorrido.

Relacionar cada promesa cinematográfica con lo que la madre niega después.

En una copia, enlazar los personajes y las acciones que evocan con la enumeración de lo que Martin no podrá hacer. Recorrer esos contrastes dirigiéndolos a la hija, sin representar las escenas de las películas ni añadir gestos al personaje ausente.

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