dramaturgo y guionista
Eva ha regresado de un viaje por Estados Unidos con su novio. Y visita a su madre.
Eva: ¿Que me he casado, mami? ¿Quién te ha dicho eso? A ver, voy por orden. El viaje muy bien, todo muy bonito, Los Ángeles, San Francisco.. ahora, lo mejor, Las Vegas. Una locura, Las Vegas. Pues eso que la segunda noche, salimos del casino, fuimos a dar una vuelta en limusina y… Sí, mami, en limusina, es que ganamos en el casino. Gané yo. Pedro jugó a todo –a la ruleta, a las cartas, a todo– y no ganó nada y yo dije “Déjame a mí”, metí una moneda en una de esas máquina tragaperras, le di a la palanca –como en las películas, zas, zas– y, joder, se encendió una luz roja, sonó una alarma, como si fuera una sirena de la policía y empezó a caer dinero –no he dicho joder, mami, he dicho jolín…–. “Ostras”. Pensé: “Ostras, me la he cargado, qué he hecho”. Pero no. Era el premio gordo, mira tú. No habíamos recogido todo el dinero que ya teníamos a cuatro tíos ofreciéndonos todos los lujos que te puedes imaginar: espectáculos, ropa cara, suites, limusinas, cenas de lujo, de todo. Elegimos una limusina –rosa– y nos fuimos a dar una vuelta, como estrellas del rap. Champán, caviar, de todo. Y en estas que vimos una capilla, en una calle perdida, con luces de neón y eso, y Pedro me dice “¿Qué…? ¿Entramos?” Yo me acordé de ti –pensé: con lo le gustan a mi madre las bodas tradicionales, verdad, de blanco y todo eso– pero oye, entramos. Nos casamos. Y salimos. Nos casó Elvis Presley, mami. El testigo fue una señora gorda que pasaba por la calle. La invitamos a caviar –qué contenta se puso–. Y luego nos fuimos a dormir.
Pues sí, es verdad, me casé. ¿Quién te lo ha dicho? Cómo vuelan las noticias –si acabo de llegar–. Pero no te importa, ¿verdad, mamá? No te importa… ¿verdad?…. ¿Mami?…
(Sí le importa. Mucho)
A tener en cuenta:
Mami siempre soñó con una boda tradicional para su querida ‘hijita’, con muchos invitados, un gran banquete, cura, iglesia…
Eva no tiene demasiada evolución en este monólogo (solo al final se quiebra un poco cuando ve la cara de su madre), quien evoluciona es justamente su ‘mami’. El reto del monólogo está precisamente ahí: en dar vida a esa madre que no se ve.
Monólogo dinámico que permite jugar con el humor, el desparpajo y la narración veloz, mientras se insinúa una capa emocional más madura que solo aparece al final. Combina ligereza y honestidad sin necesidad de grandes quiebres dramáticos.
Eva regresa de un viaje con su novio y, a toda velocidad, le cuenta a su madre cómo acabaron casándose en Las Vegas… hasta que se da cuenta de que para su madre no era el sueño que esperaba.
Narrativo, fresco, directo, con ritmo acelerado y cadencia casi de anécdota divertida que encubre un fondo delicado.
Ligeramente humorístico, vital, despreocupado en apariencia; con un giro final emocional cuando surge, sin decirse, la herida de la madre.
Medio: el mayor reto está en mantener un ritmo constante y rápido, sostener la frescura del relato y, al final, dejar aparecer una grieta emocional mínima pero significativa. El trabajo con la madre invisible es clave.
Actriz de 25–40 años, pudiendo ampliarse según propuesta estética.
El choque entre una boda impulsiva y las expectativas de una madre.
Eva quiere que su madre lo reciba todo con alegría, como si su impulsiva boda fuera una aventura más y no un desvío radical del sueño de “mami”. Quiere evitar conflictos, agradar y restarle importancia a algo que para ella ha sido espontáneo, pero sabe que para su madre no lo es.
Mientras Eva habla emocionada y atropellada, late el miedo a que su madre no apruebe su decisión. Cuando pregunta “¿no te importa… verdad?”, el subtexto es un temor infantil a decepcionar, seguido del reconocimiento silencioso de que sí, a su madre le importa.
El monólogo busca que el espectador sienta la energía atropellada de alguien que habla rápido porque todo le pasa a la vez: los nervios, la ilusión y las ideas desordenadas.
La actriz que interpreta este monólogo trabaja con dos presencias a la vez: la hija que habla y la madre que nunca aparece, pero que se va revelando a través de lo que la hija dice. El reto está en construir a la madre sin representarla, dejando que surja en negativo, como una figura reflejada.
Para construir a la madre sin representarla, la actriz puede apoyarse en cómo la hija reacciona a lo que dice y descubre mientras habla. La madre aparece en esas pequeñas variaciones: un cambio de tono, una duda que asoma, una idea que intenta sostener y que se le deshace mientras sigue hablando deprisa. No hace falta mostrarla; basta con dejar que la hija se vaya recolocando a medida que enlaza recuerdos, expectativas y temores. Esa evolución interior —hecha de pistas, contradicciones y humor involuntario— permite que el público perciba a la madre como una presencia creciente, aunque nunca esté en escena.
¿Se puede adaptar al género masculino?
Sí, funcionaría bien: la anécdota, el ritmo y la impulsividad pueden mantenerse íntegros.


(responde Marc Egea)
¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.
¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.
¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.
¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a internet?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.
¿Cómo puedo saber cuándo escribes nuevos monólogos?
Aviso en Instagram cada vez que publico un nuevo monólogo para casting.
Esto del libro de monólogos… ¿va en serio?
Si la idea gusta… sí.