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Ana, la de Tejas Verdes: la imaginación del personaje en escena

Los cambios de espacio y de personaje expresan la imaginación de Ana y acompañan su paso de la soledad a una vida compartida.

OBRA · ANA, LA DE TEJAS VERDES
RECURSO · ADAPTACIÓN TEATRAL
TIPO · UNA OBRA, UN ASPECTO

DE LA ESCRITURA AL ENSAYO

En esta sección (Mis obras por dentro) comento fragmentos de mis textos para mostrar cómo utilizo los recursos dramáticos que explico en el blog. El propósito es ayudar a entender su funcionamiento y ofrecer ideas que actores y directores puedan explorar al preparar un montaje.

Aviso de spoilers. Este análisis comenta el recorrido y el final de mi adaptación teatral de Ana, la de Tejas Verdes.

Ana es una niña huérfana que llega a Tejas Verdes, la granja de los hermanos Matthew y Marilla Cuthbert, con la esperanza de encontrar un hogar. Ellos esperaban a un niño que les ayudara con el trabajo. El error amenaza con dejarla de nuevo sin casa, pero Ana ya ha imaginado cómo será su vida allí. Esa capacidad de inventar algo mejor que lo que tiene la acompaña desde antes de conocer a los Cuthbert.

En mi adaptación teatral de la novela de Lucy Maud Montgomery, la imaginación de Ana también se expresa en la puesta en escena que propone el libreto. Los objetos cambian de uso, los actores se convierten en otras personas y los lugares aparecen ante el público con unos pocos elementos. El espectador conoce así a una niña imaginativa y, al mismo tiempo, colabora con ella: acepta que unos bancos sean un carruaje y que un mismo actor dé vida a personas distintas.

Imaginar lo que todavía no tiene

Durante el viaje desde la estación hasta Tejas Verdes, Ana cuenta a Matthew que en el orfanato inventaba historias sobre las otras niñas. Imaginaba, por ejemplo, que una de ellas era la hija de un conde, apartada de su familia. También fantaseaba con ser más bonita o con vivir en un lugar como la Isla del Príncipe Eduardo. Detrás de esas invenciones hay deseos muy concretos: ser querida, gustarse, pertenecer a alguien.

Esa imaginación le permite soportar la soledad, pero también expresa su entusiasmo. Ana cambia los nombres de los lugares porque los que tienen le parecen insuficientes para describir su belleza. En el camino que Matthew conoce de siempre, Ana descubre algo extraordinario y necesita contárselo. Al escucharla, Matthew empieza a conocer a la niña que ha ido a recoger.

Por eso no basta con presentar a la protagonista como una niña ocurrente. Sus fantasías tienen relación con lo que le falta y con lo que espera encontrar. Si el público comprende esa necesidad, también entiende por qué la posibilidad de quedarse en Tejas Verdes importa tanto.

El escenario participa en la imaginación de Ana

La obra comienza unos años después de aquella llegada. Ana viaja en un ferry y se dirige al público para contar su historia. Desde ese presente, la adaptación recorre distintas etapas de su infancia. Esa forma desplegada de adaptar la novela permite comparar cómo responde Ana a lo que le sucede a medida que crece. Para empezar su relato, Ana invita a los espectadores a imaginar que el barco es ahora una estación de tren. Después señala a uno de los pasajeros para que interprete a Matthew. Los demás le proporcionan una chaqueta y un sombrero, y la transformación se realiza ante los espectadores.

Este comienzo establece cómo se va a contar la obra. Ana necesita recuperar a las personas y los lugares de su infancia, y los otros intérpretes la ayudan a hacerlo. El público ve los preparativos y acepta que ese pasajero sea Matthew. Desde ese momento, imaginar es una actividad compartida entre la protagonista, sus compañeros y quienes están mirando.

Los bancos que forman un carruaje y después sirven para representar la escuela pertenecen a esa misma propuesta. Su interés va más allá de resolver varios espacios con pocos medios. Al cambiar su uso a la vista del público, los actores piden al espectador que vea algo distinto en un objeto que sigue teniendo delante. Es una operación muy próxima a la de Ana cuando transforma con sus palabras el paisaje del camino.

En el artículo sobre la puesta en escena de Los 39 escalones comenté cómo los cambios visibles forman parte del atractivo de una representación. En esta adaptación, los cambios de espacio y de personaje prolongan durante toda la obra la invitación inicial de Ana. La protagonista cuenta con los otros intérpretes y con la imaginación del público para reconstruir su historia.

Cuando la fantasía encuentra una dificultad real

La imaginación de Ana también la mete en problemas. En el episodio de la barca, la niña representa a una heroína romántica y se deja llevar por el río. Pero la barca empieza a hacer agua. Ana tiene que interrumpir la representación y buscar cómo salir de allí.

El libreto representa el episodio mediante siluetas y sombras. El público disfruta de esa ficción teatral mientras Ana descubre que representar una aventura la ha puesto en peligro. Gilbert, un compañero de escuela con quien está enemistada, aparece para ayudarla. A la dificultad de ponerse a salvo se añade su resistencia a aceptar un favor de ese muchacho.

El aprendizaje de Ana no consiste en perder la imaginación. La barca muestra una ocasión en la que su entusiasmo le impide calcular lo que está haciendo. En otros momentos, esa misma capacidad la acerca a las personas. Diana, la vecina que se convierte en su amiga, disfruta de sus invenciones. Lo que antes ayudaba a Ana a sobrellevar la soledad empieza a formar parte de una amistad real.

Encontrar una forma propia de expresarse

El cambio también se muestra en dos recitados. En la escuela, Ana intenta impresionar con una voz solemne y gestos exagerados. Más adelante, durante el recital del Hotel White Sands, los nervios la llevan a repetir esa forma de actuar. Reconoce el error, intenta corregirse y se bloquea. Entonces escucha el violín de Diana, que toca para acompañarla, y consigue comenzar de nuevo.

Esta vez Ana recita con su propia voz. El poema sigue hablando de sueños y del futuro, pero la niña ya no necesita representar cada palabra ni adoptar una pose grandiosa. Al escuchar el violín de Diana, Ana se calma y consigue continuar. La amistad que antes compartía sus fantasías le ayuda ahora a expresarse ante los demás.

Imaginar a quienes ya forman parte de su vida

Al final regresamos al ferry. Ana se marcha para estudiar en la Academia Queen’s y convertirse en maestra. Lleva una maleta, como cuando llegó, pero su situación ha cambiado: ahora tiene un hogar y personas a las que quiere.

Matthew, Marilla y Diana aparecen al fondo y se acercan a ella. Ana aclara que los tres no están en el barco, aunque siente que la acompañan. El público los ve llegar hasta su lado y permanecer allí mientras ella mira hacia su futuro.

En esa despedida, los cambios realizados a la vista del público a lo largo de la obra adquieren un sentido afectivo: los actores hacen presentes a quienes Ana lleva en el recuerdo. Así, la forma escénica expresa lo que considero esencial en la novela: la fuerza imaginativa de una niña que cambia gracias a su vida en Tejas Verdes. Ana conserva la capacidad de imaginar, pero ahora tiene una vida compartida que recordar.