El blog de Marc Egea

Soy bueno captando señales

Cínico grave · Duración aproximada: 1:45–2:05 min · Edad: 35–50 años

Soy bueno captando señales

Un empresario encara a su socio para justificar una traición, sosteniendo que la vio venir desde el principio con una seguridad tan rotunda como inquietante.


Texto del monólogo

Abel: (con gravedad) Desde el primer momento en que te vi supe que me ibas a traicionar -no te molestes en negarlo, era una intuición-, pero tiré adelante y trabajé duro para levantar esta firma, contigo -nuestra firma-, sabiendo que un día me traicionarías, estaba seguro… ¿Cómo lo podía saber? Fácil, porque lo transmitías, siempre lo has transmitido. Las personas emitimos señales involuntarias, ¿sabes?, y yo soy bueno captando señales -expresión corporal, lenguaje no verbal, eso clase de cosas-: para mí siempre has sido como un faro en medio de la noche: evidente. ¿Que qué ha pasado? Muy sencillo, se resume fácil -y no quiero que nos enfademos-: Que la semana pasada descubrí una oportunidad de mercado y la aproveché. Ya está. Una oportunidad para uno solo, lo siento. Y, por favor, no se te ocurra insinuar que me estoy llevando nuestra cartera de clientes (negando con la cabeza): porque son los clientes que están eligiendo venirse conmigo.

No me mires así, cualquiera habría hecho lo mismo. ¡Marriot Abogados! ¿Cuántos años hace que no entra un abogado nuevo en Marriots Abogados? Vi que había una oportunidad y la aproveché. No era fácil. Marriots no avisó de nada, pero yo supe verlo, supe ver la ocasión. Soy bueno captando señales. Si tú lo hubieras visto habrías hecho lo mismo: habrías corrido a verlos y les habrías puesto nuestra cartera de clientes en la mesa, y me habrías dejado tirado, en la miseria -lo sé, estoy seguro, lo transmites, (grave de nuevo) eres un faro en medio de la noche: solitario, egoísta, retorcido (rotando el dedo como la luz de un faro)-. No se te ocurra cabrearte porque el cabreado aquí soy yo. Desde el primer momento supe que me ibas a traicionar, y lo habrías hecho si hubieras podido…


Cómo funciona en escena

El monólogo funciona porque el personaje habla desde una seguridad ofensiva. Abel no se disculpa, no vacila y no intenta reparar nada: construye un relato en el que él aparece casi como víctima preventiva de una traición que aún no ha ocurrido. Esa inversión da al texto una energía muy particular.

La fuerza está en la impostación. Todo el discurso parece una justificación brillante, pero debajo asoma una maniobra bastante miserable. El actor tiene que sostener esa suficiencia sin desbordarse demasiado, porque lo interesante no es que Abel grite, sino que logre parecer verosímil mientras se delata.

  • Permite trabajar cinismo con gran presencia verbal.
  • Da juego para sostener autoridad mientras el personaje se contradice.
  • Funciona muy bien en actores con precisión rítmica y seguridad escénica.
  • Deja una impresión de dureza, inteligencia verbal y ambigüedad moral.

Hay personajes que no se justifican para convencernos: se justifican para no mirarse de frente.

Trabajar el texto

No conviene empezar desde la caricatura del villano. Abel no se percibe a sí mismo como un cínico de opereta. Habla como alguien que cree tener razón, o que al menos necesita desesperadamente sostener esa apariencia. Si el actor lo hace demasiado evidente desde el principio, el monólogo pierde interés.

La gravedad del arranque es importante porque fija un marco casi solemne. Después el discurso puede ganar viveza, incluso cierto nervio agresivo, pero sin perder del todo esa base de seguridad. Lo interesante es ver a alguien que domina la situación verbalmente mientras se hunde moralmente.

Hay que cuidar mucho las repeticiones de la idea de las “señales”. No son una simple coletilla: son la coartada mental del personaje. Cada vez que vuelve a ellas, Abel intenta reforzar un castillo de argumentos que en realidad está construido sobre intuiciones y autoengaño.

El final funciona mejor si se mantiene la dureza sin caer en la explosión. Abel no necesita estallar para resultar inquietante. Cuanto más convencido parece, más claro se vuelve el cinismo del texto.

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Además…

Si, además de monólogos, también necesitas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

Preguntas frecuentes:

(responde Marc Egea)

¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.

¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.

¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.

¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.

¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.

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