Ironía protectora · Duración aproximada: 1:35–1:55 min · Edad: 25-55 años
El héroe del metro
Una mujer defiende con demasiada pasión al desconocido que salvó a un niño en el metro y, sin querer, empieza a revelar algo más de lo que pretende.
Texto del monólogo
Mónica: No te enfades, anda, no es más que un oportunista, sólo busca sus 10 minutos de gloria —no va a engañar a nadie, este tío es mucho más alto que el “Héroe del metro”, lo ve cualquiera—. Y te equivocas si crees que el «Héroe del metro» va a hacer algo ahora. ¿Qué quieres? Que salga diciendo: «¡Eh! ¡Este tío es un impostor, yo soy el auténtico «Héroe del metro»! Ridículo. (Negando) Si es que le da igual, al “Héroe del metro” no le importan los farsantes como éste. No quiere fama. Si hubiese querido fama, se habría quitado la capucha nada más salvar al niño, delante de todo el mundo —al fin y al cabo, la heroicidad ya estaba hecha, fue el único que se atrevió a saltar a los raíles cuando los demás solo grababan con el móvil—. Pero no, dejó al niño en el andén y salió corriendo a llamar a Seguridad —como una bala—, porque el crío tenía un golpe en la cabeza y sangraba y había que avisar a una ambulancia: Porque se jugó el pellejo para salvar una vida, no para… esto (refiriéndose al impostor de la televisión, a lo que está haciendo). ¿Cómo le va a molestar que aparezca un payaso así en la tele?
Y, si al «Héroe del metro» no le molesta, a ti no te tiene que molestar, así que no te enfades, anda. (Él no parece muy convencido) No engaña a nadie, míralo. El “Héroe del metro” no era nada corpulento, era de complexión más bien… pequeña, hasta podría que ser que fuera una mujer, mira qué te digo —a nadie se le ha ocurrido pensar eso—, es probable que ahora mismo se esté riendo, no te enfades, mírame, yo (escapándosele un poco la risa)… No me enfado.

Cómo funciona en escena
Este monólogo funciona bien cuando la actriz sostiene la negación como motor principal. Mónica parece estar calmando a otra persona, pero en realidad está conteniendo algo propio. Cuanto más intenta restarle importancia al impostor de la televisión, más información da sobre el auténtico héroe y más sospechosa se vuelve su implicación emocional.
La gracia de la pieza está en ese desplazamiento. Empieza como una defensa razonable y poco a poco va entrando en una zona más comprometida: conoce demasiados detalles, entiende demasiado bien al héroe y termina rozando una confesión. No conviene precipitar ese giro. Tiene que escapársele.
Es un monólogo que mezcla naturalidad conversacional, ironía suave y subtexto. La actriz puede mostrar control, inteligencia y una revelación final muy fina sin necesidad de grandes estallidos.
- Permite trabajar subtexto con mucha claridad.
- Da juego para una ironía ligera y precisa.
- Funciona bien para mostrar una verdad que se escapa sola.
- Tiene un remate final sutil y eficaz.
Lo defiende tanto porque quizá no lo está imaginando: lo recuerda.
Trabajar el texto
Conviene empezar desde la calma y el sentido común. Mónica no entra a contar una heroicidad, sino a quitarle importancia a un impostor televisivo y a enfriar el enfado del interlocutor. Si la actriz entra demasiado misteriosa o demasiado intensa, el texto pierde naturalidad.
También ayuda mucho trabajar la relación con el otro. Ella no habla sola: rebate, corrige, tranquiliza y guía la mirada del interlocutor. Esa escucha imaginaria mantiene vivo el monólogo y hace que cada argumento tenga una función clara.
Los detalles sobre el héroe deben aparecer con precisión, pero sin parecer una exhibición deliberada. Ahí está la clave: Mónica sabe demasiado, pero parece no darse cuenta de lo mucho que está revelando. Esa inconsciencia parcial vuelve la escena más rica.
El final no debe subrayarse en exceso. Ese “yo… No me enfado” funciona mejor si la risa se le escapa apenas, como una grieta pequeña pero decisiva. Ahí la actriz puede dejar sembrada toda la verdad del personaje sin necesidad de explicarla.
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Sobre este monólogo
Este monólogo forma parte de El libro de los monólogos para casting (para actrices), donde vienen acompañado de una extensa ficha de trabajo para que puedas extraer el máximo de él.
Además…
Si, además de monólogos, también buscas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

Preguntas frecuentes:
(responde Marc Egea)
¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.
¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.
¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.
¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.
¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.
