Un monólogo para casting de Marc Egea: una actriz ensaya en el escenario

PARA ACTRIZ

El héroe del metro

Mónica intenta quitar importancia a un impostor que aparece en televisión. Sus argumentos revelan una cercanía con el rescate que va más allá de la opinión de una espectadora.

Comedia

Una mujer intenta calmar a un hombre mientras ven una aparición televisiva

Edad

Personaje joven o adulto; admite distintas edades de interpretación sin una franja estrecha.

Duración

2:00 min – 2:45 min, aproximadamente.

Duración orientativa estimada, con margen para la reacción de su interlocutor y la risa que se le escapa al final.

Qué puedes trabajar con este monólogo

Dosificar una revelación

Acercar a Mónica a la identidad del héroe sin una confesión explícita.

Construir una argumentación

Calmar el enfado con razones para defender el anonimato.

Situación

Un hombre aparece en televisión atribuyéndose el rescate de un niño en el metro. Mónica trata de que su interlocutor no se enfade por esa impostura y defiende que el auténtico héroe no busca fama.

Mónica: No te enfades, anda, no es más que un oportunista, sólo busca sus 10 minutos de gloria —no va a engañar a nadie, este tío es mucho más alto que el “Héroe del metro”, lo ve cualquiera—. Y te equivocas si crees que el «Héroe del metro» va a hacer algo ahora. ¿Qué quieres? Que salga diciendo: «¡Eh! ¡Este tío es un impostor, yo soy el auténtico «Héroe del metro»! Ridículo. (Negando) Si es que le da igual, al “Héroe del metro” no le importan los farsantes como éste. No quiere fama. Si hubiese querido fama, se habría quitado la capucha nada más salvar al niño, delante de todo el mundo —al fin y al cabo, la heroicidad ya estaba hecha, fue el único que se atrevió a saltar a los raíles cuando los demás solo grababan con el móvil—. Pero no, dejó al niño en el andén y salió corriendo a llamar a Seguridad —como una bala—, porque el crío tenía un golpe en la cabeza y sangraba y había que avisar a una ambulancia: Porque se jugó el pellejo para salvar una vida, no para… esto (refiriéndose al impostor de la televisión, a lo que está haciendo). ¿Cómo le va a molestar que aparezca un payaso así en la tele?

Y, si al «Héroe del metro» no le molesta, a ti no te tiene que molestar, así que no te enfades, anda. (Él no parece muy convencido) No engaña a nadie, míralo. El “Héroe del metro” no era nada corpulento, era de complexión más bien… pequeña, hasta podría que ser que fuera una mujer, mira qué te digo —a nadie se le ha ocurrido pensar eso—, es probable que ahora mismo se esté riendo, no te enfades, mírame, yo (escapándosele un poco la risa)… No me enfado.

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Claves escénicas

Pulsa la frase o el signo + para desplegar la explicación

Mónica intenta modificar un enfado presente, no solo contar un rescate.

Sus argumentos están dirigidos a alguien que no termina de convencerse. La televisión aporta un tercer foco, pero el objetivo inmediato está en la persona que tiene delante. No hace falta representar al impostor ni añadir sus palabras.

La defensa del anonimato se apoya en acciones concretas.

No quitarse la capucha, poner al niño a salvo y buscar asistencia sostienen la idea de que el rescate importaba más que la fama. Es la explicación de Mónica; puede defenderla con firmeza sin convertir el discurso en una lección para el público.

Los detalles y las correcciones acercan a Mónica a la identidad del héroe.

La altura del impostor, la complexión pequeña y la posibilidad de que fuera una mujer preparan el final. El texto invita con fuerza a entender que fue ella, aunque no diga «yo lo hice». Conviene dejar que las pistas lleguen sin subrayarlas todas como secretos.

La risa interrumpe la distancia que mantenía al hablar en tercera persona.

Después de hablar de lo que hará o sentirá el héroe, llega «yo… No me enfado». La risa está indicada y cambia el modo de escuchar esa frase. Se puede explorar cuánto desea compartir con su interlocutor y cuánto se le escapa.

Para explorar la escena

Pulsa la frase o el signo + para desplegar la explicación

Dar a cada argumento una razón para aparecer en ese momento.

Probar cómo responde cada detalle a la resistencia de quien escucha: el impostor no se parece, el héroe no quiere fama, quizá ni siquiera era un hombre. Mantener el recorrido del texto y evitar anticipar la risa final.

Comparar una revelación ofrecida con otra que se escapa.

Sin añadir una confesión, explorar un cierre donde Mónica permite que la comprendan y otro donde la risa rompe su reserva. Observar qué cambia en el último «yo».

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