Dramático tenso · Duración aproximada: 2:00–2:20 min · Edad: 45–60 años
Ponte la ropa
Un monólogo con tensión moral que empieza como una defensa apasionada del talento y acaba revelando, de golpe, un abuso de poder mucho más turbio de lo que parecía.
Texto del monólogo
Irene ha suspendido el trabajo de final de carrera de diseño. No está conforme con la nota que le ha puesto su profesor, Gabriel. Va a verlo a su despacho.
GABRIEL: Tu trabajo merecía más nota. Te he suspendido porque quería que vinieras hoy a mi despacho. El día de mañana, cuando presentes un proyecto, probablemente verás cómo lo rechazan, sin más, porque sí. Los clientes no saben lo que quieren pero sí saben lo que no quieren: cualquier cosa que no hayan diseñado ellos. Cuando eso pase, si crees que tu trabajo es el mejor posible, vas a tener que defenderlo, vas a tener que trabajar duro por él, mucho más que cuando te sentaste a diseñar. Tendrás que explicar la naturaleza de tu diseño -qué significa, qué transmite, qué lo hace especial, qué lo hace perfecto para esa empresa, para ese cliente, para ese momento particular-, y para eso tendrás conocer bien el porqué de la composición que has elegido, el porqué de la textura, el porqué de cada color, de cada trazo, tendrás que sumergirte en tu proceso creativo y vomitar una explicación con palabras, para que el cliente comprenda que ese diseño que le estás mostrando es el que él habría hecho si hubiera tenido el talento que tú tienes para dibujar. Tu trabajo no merecía un suspenso. Ni un aprobado. Merecía un sobresaliente, matrícula de honor, es el mejor proyecto que he visto en veinte años que llevo dando clase. Sólo tenías que decirme por qué merecía eso. Sólo quería oirte… hablar. Estás suspendida. Esto no es lo que tenías que hacer. Ponte la ropa, por favor.

Cómo funciona en escena
El monólogo funciona porque durante casi todo el recorrido parece ir hacia un lugar de exigencia profesional e incluso de admiración. Gabriel habla como alguien que reconoce el talento de Irene y que quiere llevarla más lejos. Ese arranque puede incluso resultar inspirador durante unos segundos.
La fuerza está en el quiebro final. Todo lo que parecía una lección severa sobre cómo defender el propio trabajo se contamina de golpe y revela una situación de abuso. El texto obliga al actor a sostener esa ambigüedad: no se trata de enseñar el monstruo desde el principio, sino de dejar que aparezca cuando ya ha ganado terreno.
- Permite trabajar autoridad verbal con mucha tensión interna.
- Da juego para sostener una falsa legitimidad que se resquebraja al final.
- Funciona muy bien en actores con presencia escénica y control del subtexto.
- Deja una impresión de inquietud, poder y oscuridad moral.
A veces lo más inquietante no es el abuso, sino la facilidad con que se disfraza de autoridad legítima.
Trabajar el texto
No conviene empezar subrayando desde el principio la intención turbia del personaje. Si el actor marca demasiado pronto el abuso, el monólogo pierde recorrido. Lo interesante es que Gabriel entre desde una autoridad creíble, incluso con un punto de brillantez pedagógica.
La parte central debe sostenerse con convicción real. Gabriel habla del proceso creativo, de la defensa del trabajo, de la relación con los clientes. Todo eso tiene que sonar verdadero, bien articulado, casi admirable. Ahí está la trampa del texto y también su potencia escénica.
El giro final no necesita grito ni violencia externa. Basta con que el actor deje caer la última frase con la naturalidad de alguien que cree tener derecho a decirla. Cuanto menos subrayado haya, más perturbador resulta.
El remate funciona mejor si toda la autoridad anterior no desaparece, sino que se revela contaminada. Gabriel no se rompe: se descubre. Y eso deja un efecto mucho más incómodo y más fuerte.
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• Soy bueno captando señales — cuando un personaje sostiene un discurso de aparente legitimidad mientras se delata moralmente, pero desde el cinismo empresarial y no desde el abuso de poder íntimo.
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Además…
Si, además de monólogos, también necesitas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

Preguntas frecuentes:
(responde Marc Egea)
¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.
¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.
¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.
¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.
¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.
