dramaturgo
Esta mañana, mientras scrolleaba por Instagram, el algoritmo me ha mostrado una entrevista tan interesante —en uno de esos podcasts visuales que no sabes que existen— que me ha llevado a hacerme una pregunta de repente: ¿quién es más probable que protagonice un gran éxito cinematográfico en el año 2030, Penélope Cruz o Aria Cruz?
De cruces va la cosa.
Todos más o menos sabemos quién es Penélope Cruz. No hace falta detenerse demasiado. Empezó muy joven en España, apareció en películas como Jamón, jamón, fue creciendo dentro del cine español, encontró un espacio muy reconocible en el trabajo con Almodóvar —Volver, por ejemplo— y terminó consolidando una carrera internacional con títulos como Vicky Cristina Barcelona. Más allá de los títulos, lo relevante es que es una figura asentada, con trayectoria y presencia en la industria. Pero… ¿quién es Aria Cruz?
Aria Cruz es una influencer digital generada por inteligencia artificial. Tiene presencia en redes como Instagram o TikTok y su contenido gira, precisamente, en torno a la creación digital, la tecnología y el uso de herramientas de IA. No estamos hablando de una actriz emergente, sino de una identidad construida para existir en ese entorno. No tiene recorrido vital en el sentido tradicional. Tiene diseño.
A partir de aquí, la pregunta empieza a tomar forma. Si uno se pone en la piel de un productor cinematográfico, la elección no pasa por criterios abstractos. Es una decisión bastante concreta: ¿a quién contratar? Y la respuesta, en términos empresariales, es directa. A la actriz que le reporte mayor retorno económico. Sea cual sea. Se llame como se llame. Dicho de otra manera, a aquella cuya diferencia entre lo que le cuesta y lo que le genera sea mayor.
A día de hoy, una actriz del perfil de Penélope Cruz cuesta mucho dinero, pero, a cambio, genera muchísimo dinero. ¿Y una actriz como Aria Cruz? A día de hoy, una actriz del perfil de Aria Cruz generaría muy poco dinero. Y a cambio costaría, también, muy poco dinero. Poquísimo, de hecho (ese “poquísimo” podría desglosarse con bastante precisión: por un lado, lo que cueste elaborar sus escenas con herramientas IA —muy poco—, y por otro, lo que su creador pueda pedir a cambio de ceder su imagen —presumiblemente, muy poco también—. Y ya está). Porque contratar a una Aria Cruz para protagonizar una película no lleva asociados los costes que suelen acompañar a la contratación de una estrella de Hollywood (apartamentos rodantes, asistentes personales, chófer privado, seguridad especial, servicios de maquillaje premium, peluquería, bienestar…). De hecho, ni siquiera lleva asociados muchos de los costes propios de contratar a una actriz cualquiera. Porque Aria no come, no duerme, no se cansa, no está sindicada. Aria Cruz no existe en la realidad. Y, a cambio, te hace cualquier cosa que se le pida —prompt mediante— con absoluta eficacia.
Recapitulemos. Por un lado, tenemos una Cruz, Penélope, que en términos empresariales tiene un coste muy alto y un retorno todavía más alto. Y por otro lado, tenemos otra Cruz, Aria, que en términos empresariales tendría un coste muy bajo, pero también un retorno muy bajo. Gana Penélope. El productor se quedará con Penélope.
Gana Penélope porque el público quiere ver a Penélope.
¿Y por qué no a Aria Cruz?
Si uno se detiene un momento a pensar por qué el público quiere ver a una actriz protagonizar una película, aparecen bastantes factores: el afectivo, el emocional, el valorativo, el sentimental… Factores en gran medida subjetivos, pero con algo en común. Si uno tira del hilo, hay un punto de partida claro e indiscutible: la conocen.
Y esto abre otra pregunta, ya puestos a especular. ¿Qué pasaría si a Aria, de repente, la conociera mucha gente? La conociera mucha gente y, además, conciliara esos mismos factores subjetivos —emocionales, valorativos, sentimentales— en el público. La consecuencia es bastante directa: ganaría Aria. Porque, a igual retorno, menor coste.
Estamos suponiendo, además, que ambas lucirían igual de bien en pantalla. Y ese es un asunto que los humanos probablemente van a querer poner en el centro de la discusión, porque ahí sienten que el terreno todavía les favorece. Penélope Cruz es actriz. Aria Cruz no.
De acuerdo.
Pero ahí mismo surge una pregunta que yo dejaré en retórica, y cuya falta de respuesta explícita puede acabar resultando un poco incómoda para algunos: ¿es un disparate pensar que una entidad generada por IA pueda actuar mejor que una actriz de carne y hueso en el año 2030?
(Silencio dramático)
2030. Un año en el que Penélope Cruz tendrá 56 años de edad, mientras Aria Cruz seguirá teniendo los mismos veintitantos que tiene ahora.
Con todo esto, volvemos a la pregunta inicial: ¿quién es más probable que protagonice un gran éxito cinematográfico en el año 2030, Penélope Cruz o Aria Cruz? Mi respuesta es esta: si ambas son igualmente conocidas —y aquí viene el plot twist, redoble de tambor—… Cualquiera de las dos.
Porque Penélope también podrá vender los derechos para que se utilice su imagen digital en un largometraje, ofreciendo al productor una Penélope virtual —a coste inferior— que no come, no duerme, no está sindicada y que, a cambio, te hace cualquier cosa que se le pida —prompt mediante— con absoluta eficacia.
De modo que, en ese punto, la variable decisiva pasará a ser la relevancia. Ser conocida. Activar en el público esos factores que decíamos antes —lo afectivo, lo emocional, lo valorativo, incluso lo sentimental—. Dicho de forma más directa: ocupar un lugar en la cabeza de la gente y, a partir de ahí, en su deseo.
Y para lograr esto se desatará una lucha por la relevancia, por la atención, por la visibilidad, donde es razonable pensar que las redes sociales y el marketing van a tener un peso aún mayor del que ya tienen hoy, configurando un terreno de juego mediático que todavía no alcanzamos a imaginar cómo será.
En medio de ese escenario, donde casi todo estará abierto, sí aparece una certeza bastante concreta. No tiene que ver con quién ganará, ni con qué tipo de trayectoria se impondrá, sino con algo más básico: con las condiciones en las que ese protagonismo se hará posible. Porque…
No sabemos qué Cruz tendría más probabilidades de protagonizar un gran éxito cinematográfico en el año 2030, pero sí podemos apostar por que, muy probablemente… no será humana.