Cómico gestual · Duración aproximada: 1:25–1:40 min · Edad: 35-55 años
¿Señorita?
Una mujer atrapada en un ascensor mantiene una conversación telefónica serena y educada… hasta que una frase revela de golpe la verdadera situación.
Texto del monólogo
Gloria lleva media hora encerrada en un ascensor diminuto y… se la ve extraordinariamente tranquila. Hasta parece feliz. Habla por teléfono con dulzura, como si estuviera compandreando con una amiga. Mientras habla, se abrocha lentamente los botones de la blusa.
Gloria: Señorita, soy yo otra vez. La llamé hace media hora porque, verá, estoy en un ascensor del número 215 de la calle Juan XXIII, que se ha quedado detenido entre dos plantas. Si, la llamé hace media hora, ¿recuerda? No, no, tranquila, era sólo para comentarle que aún no ha venido nadie y me preguntaba si tardarían mucho esos operarios de emergencias que usted dijo. Sí, antes dijo que, en quince minutos, estarían aquí. No se preocupe, tranquila, lo único que ocurre es que este sitio, realmente, es bastante pequeño y empieza a resultar un poco claustrofóbico. Luego, además, tengo una reunión importante en el último piso y, a esta hora, habrán empezado sin mí. He intentando llevar la reunión desde aquí, pero es imposible. Tengo toda la documentación arriba, los informes, las presentaciones, todo, ¿sabe? No, no tranquila, no pasa nada, me lo figuro, estas cosas tienen su tiempo, sólo quería saber… el caballero que se ha quedado encerrado aquí conmigo y yo sólo queríamos saber si está la cosa en camino ¿No se han olvidado de nosotros, verdad? Se acuerdan, nos tienen presentes… Bien… ¿Sí?… En todo momento… ¿En todo momento?… ¿Cámara? ¿Qué cámara? (Se abrocha el último botón de la blusa. Busca con la mirada por el techo del ascensor, hasta dar con una cámara. Vaya. Luego mira al hombre que tiene a su lado)

Cómo funciona en escena
El monólogo funciona por contraste entre forma y fondo. Gloria habla con una cortesía exquisita, casi administrativa, y eso crea una superficie de normalidad que va tensándose poco a poco. La escena no necesita subrayar nada: basta con sostener esa educación extrema mientras el espectador percibe que hay algo profundamente anómalo en la situación.
La pieza está construida como una revelación final. Durante casi todo el texto, parece que asistimos a la queja de una mujer atrapada en un ascensor con otro desconocido. Pero la mención de la cámara y el gesto final reordenan retrospectivamente toda la escena. De pronto, la dulzura, la calma y el hecho de abrocharse la blusa adquieren otro sentido. El monólogo gana fuerza si esa información no se anticipa ni se “actúa” antes de tiempo.
- La cortesía telefónica debe sonar real, nunca irónica desde el principio.
- La progresión nace de pequeños aumentos de incomodidad, no de cambios bruscos.
- El gesto de abrocharse la blusa debe integrarse con naturalidad en la acción.
- La última mirada al hombre es el verdadero golpe escénico: sobria, precisa y limpia.
Aquí la inquietud no entra gritando: entra sonriendo.
Trabajar el texto
Conviene empezar trabajando la escena como si Gloria estuviera, de verdad, intentando no molestar. No es una mujer que explota ni que dramatiza: administra su incomodidad con educación. Esa contención es la base del monólogo. Si desde el inicio aparecen tonos de amenaza, cinismo o exceso de conciencia, la pieza pierde misterio.
El ritmo debe apoyarse en la lógica telefónica: pequeñas comprobaciones, repeticiones amables, frases que rellenan la espera. Hay que dejar que el discurso avance como una conversación funcional, casi banal. Precisamente por eso la escena inquieta: porque algo grave parece estar ocurriendo dentro de una forma verbal completamente civilizada.
Es importante afinar la relación con el hombre presente en el ascensor, aunque no hable. Gloria no puede comportarse como si estuviera sola. Ese “caballero” está todo el tiempo ahí, condicionando lo que dice y cómo lo dice. La actriz debe sostener una doble dirección: habla a la telefonista, pero también maneja la presencia física del otro.
El final exige precisión. La pregunta sobre la cámara no debe sonar como una frase preparada para rematar, sino como una sorpresa auténtica que desencadena la comprensión instantánea. La mirada al hombre tiene que cerrar la escena sin explicarla. Cuanto menos se fuerce ese remate, más perturbador resultará.
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Sobre este monólogo
Este monólogo forma parte de El libro de los monólogos para casting (para actrices), donde vienen acompañado de una extensa ficha de trabajo para que puedas extraer el máximo de él.
Además…
Si, además de monólogos, también buscas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

Preguntas frecuentes:
(responde Marc Egea)
¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.
¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.
¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.
¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.
¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.
