El blog de Marc Egea

Por diez minutos

Dramático emocional · Duración aproximada: 2:10–2:35 min · Edad: 35-50 años

Por diez minutos

Una mujer llega por sorpresa a casa de su hermana tras diez años sin verse. Un detalle aparentemente trivial hace emerger una herida mucho más profunda.


Texto del monólogo

Andrea se presenta por sorpresa en casa de su hermana. Llevan diez años sin verse. Andrea, de repente, ha querido conocer a su sobrino.

Andrea: Diez minutos (cansada). Diez minutos (trata de ocultar el enfado que lleva dentro). Nueve horas en tren, una hora y media de autocar, y cuarenta y cinco minutos andando —¡a qué puñetero rincón del mundo has ido a vivir! —y me dices que hace diez minutos que has puesto a dormir al niño. Diez minutos. Ya es mala suerte. ¡Por diez minutos! En fin, como veo que no haces el gesto de ir a su habitación a ver si quizá está despierto —ni se me ocurre pedirte que lo despiertes para mí—, pues nada, yo me iré tal como he venido: andaré los seis kilómetros que hay desde esta preciosa urbanización hasta el pueblo ese tan solitario, tomaré el autobús que lleva a la ciudad, y allí veré si, de madrugada, aún sale algún tren hacia mi casa. No te preocupes. Diez minutos son diez minutos. Lo entiendo (la hermana no dice nada)

Es lo que tiene la vida moderna. ¿Te acuerdas de cuando éramos pequeñas? Qué despacio iba todo. En verano. Mamá nos daba la merienda y pasábamos la tarde entera con el bocadillo en la mano, sin decir nada, hasta que se hacía de noche. Y no pasaba nada. No hacía falta que pasara nada. Nos sobraba el tiempo. Estábamos bien. Ahora, nada está bien. Parece que en diez minutos puede cambiar todo.

¿Quién la dijo más gorda aquel día, Marta? ¿Quién empezó, tú o yo? ¿Qué coño nos dijimos? Ya no me acuerdo. ¿Tuvo algo que ver tu marido? ¿Tuvo algo que ver mi trabajo? Joder, ni me acuerdo. ¡Sólo discutimos diez minutos! ¡Qué son diez minutos en diez años! (Ríe)

Ayer fui al médico. El dolor de cabeza ese que tenía… No lees mis mensajes, verdad. Ayer fui al médico. Llevaba unos días con un… Llevaba una temporada con dolor de cabeza. Me hicieron unas pruebas. Ayer fui a buscar el resultado. ¿Sabes qué hice al salir del hospital? ¿Sabes qué fue lo primero que hice? Tomar un tren, y un autocar y patear una carretera interminable. Me acordé de mi pequeño sobrino. Eso hice. Y pensé que me gustaría verlo una vez antes de irme. Ya ves. Qué lástima. Por diez minutos, Marta. Por diez minutos.


Cómo funciona en escena

El monólogo está construido sobre un desplazamiento muy preciso: comienza como una queja concreta y perfectamente comprensible —un viaje inútil por llegar diez minutos tarde—, pero poco a poco se transforma en la revelación de una distancia emocional de diez años. Ese deslizamiento es la clave de su eficacia.

Andrea no viene a hacer una escena “grande”. Viene cansada, molesta, incluso un poco ridícula en su insistencia con los diez minutos. Pero esa insistencia es lo que permite que el texto se abra. El conflicto real aparece cuando ya no puede sostener la anécdota y empieza a hablar del pasado compartido y de la ruptura.

La aparición del dato médico cambia completamente la lectura. Hasta ese momento, el espectador puede interpretar la escena como una discusión familiar más. A partir de ahí, todo se resignifica: el viaje, la urgencia, el deseo de ver al sobrino, el peso de lo no dicho. Ese giro debe aparecer sin subrayado.

  • El arranque debe apoyarse en cansancio físico real, no solo en enfado.
  • La repetición de “diez minutos” debe evolucionar en significado.
  • El recuerdo de la infancia necesita sencillez y verdad, sin lirismo añadido.
  • El giro final (médico) debe caer limpio, sin anticiparse emocionalmente.

Diez minutos pueden no ser nada… o pueden ser diez años.

Trabajar el texto

Es fundamental construir bien el estado físico de Andrea desde el inicio. Ha viajado durante horas y eso debe notarse en el cuerpo, en la respiración, en la forma de hablar. No es un detalle decorativo: es el punto de entrada emocional del personaje.

La actriz debe resistirse a “ir al drama” demasiado pronto. Durante buena parte del texto, Andrea se protege en la anécdota, en la ironía y en el reproche ligero. Cuanto más tiempo se mantenga ahí, más potente será la aparición del conflicto real.

El recuerdo de la infancia funciona como una zona de verdad compartida. No debe sonar construido, sino recordado. Es un momento donde el ritmo baja y aparece una intimidad que contrasta con la tensión previa.

El final exige mucha precisión. No es un golpe melodramático, es una revelación sencilla: Andrea ha venido porque necesitaba ver a alguien antes de algo importante. Si se dice con limpieza, sin cargarlo, el impacto es mucho mayor.

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Sobre este monólogo

Este monólogo forma parte de El libro de los monólogos para casting (para actrices), donde vienen acompañado de una extensa ficha de trabajo para que puedas extraer el máximo de él.

Además…

Si, además de monólogos, también buscas diálogos —textos para dos intérpretes—, en el Laboratorio Dramático de Marc Egea encontrarás escenas breves pensadas para ensayo, trabajo en clase o entrenamiento, que también pueden utilizarse en castings, reels o videobooks.

Preguntas frecuentes:

(responde Marc Egea)

¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo?
No.

¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?
No hace falta. Puedes utilizar cualquiera de mis monólogos para casting sin pedir permiso.

¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?
También puedes usarlos en tu videobook (reel) y/o subirlos a redes sociales, o emplearlos como herramienta para tu entrenamiento actoral, lo que tú quieras.

¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si subo un video a redes sociales?
No hace falta, pero se agradecerá si lo haces. También puedes poner un enlace a la web, si quieres.

¿Vale la pena adquirir el libro?
Si quieres tener los monólogos bien ordenados, con un índice temático que te ayude a encontrar el monólogo adecuado para cada ocasión, sí. Además, las fichas del libro son exhaustivas.

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