Se están
equivocando
«¡Rosa, por favor! Ve a abrir. Y que no parezcas nerviosa. ¿Me oyes? Naturalidad. Trátalo normal. No nos hemos vuelto locas, ¿vale? Nosotras, no.»
Un hombre acusado de algo que no ha hecho. Y nadie que le dé la oportunidad de explicarse.
Un hombre es ridiculizado públicamente en un restaurante. A partir de ahí, parece quedar desproporcionadamente afectado por lo ocurrido. Su mujer y su cuñada no entienden por qué un incidente tan menor le ha hundido de esa manera.
A medida que avanza la obra, el espectador va descubriendo que la reacción de Ignacio tiene una explicación muy diferente a la que aparentaba. Una explicación que lo cambia todo.
- Una estructura dramática singular que mantiene al espectador en vilo y le depara una sorpresa que reencuadra toda la obra.
- Solo tres intérpretes y escenografía mínima — una mesa para la primera escena, un sofá para el resto.
- Un texto que oscila entre la comedia y el drama sin perder nunca el ritmo ni la credibilidad.
- El mismo vestuario en todas las escenas no es un error de raccord: es una pista deliberada que la dirección puede gestionar a su criterio.
- Ampliamente representada en España y América Latina desde 2012, con producciones en México, Andorra, Argentina y otros territorios.
Nota para productores: La información de esta sección revela el mecanismo narrativo de la obra, que el público descubre progresivamente durante la representación. Se ruega no difundirla en materiales de comunicación dirigidos al espectador: es uno de los principales atractivos de la obra y su sello distintivo.
Ignacio es señalado públicamente por un incidente en el baño. El público cree que esto es la causa de todo lo que viene después.
Ignacio está hundido. Rosa e Isabel tratan de animarle y le proponen salir a cenar. El público aún cree que el incidente del restaurante es lo que le ha destrozado.
Le han dicho que no hay nada que hacer: le despidieron con motivo. Empieza a asomar la historia real.
Rosa le cuenta a Isabel lo que sabe. Poco a poco aparece el dato que faltaba: Ignacio salió del trabajo sin permiso. ¿Para qué?
Ignacio llega con una caja de objetos de oficina. Le acusan de haber agredido a una compañera. Él solo fue a comprarle un abrigo de piel de mapache a su mujer.
← El público ve las escenas en este orden · El orden cronológico real es el inverso →
Los actores deben vivir un drama auténtico en sus personajes mientras sostienen los mecanismos de la comedia que hacen reír al público. El suspiro de Ignacio al entrar es real y cómico a la vez. Esa doble lectura es la esencia de la obra.
Ignacio lleva la misma ropa en todas las escenas porque todas ocurren el mismo día. Quien crea que las escenas son días distintos pensará que es un error de producción. No lo es. La dirección puede subrayar o dejar pasar esta pista.
En la primera escena, el maitre no aparece. Todo lo que dice se conoce a través del diálogo entre Ignacio y Rosa. La dirección debe resolver con precisión cómo ambos actores transmiten lo que ocurre fuera del campo visual.
La primera escena ocurre en un restaurante del que solo se ve una mesa. El resto en el apartamento: sofá y sillas. Un cambio de mantel puede ser suficiente para marcar el cambio de espacio.
El espectador puede descubrir el mecanismo en la tercera o cuarta escena, o esperar hasta la quinta. Cuanto antes lo descubra, antes dejará de reírse. La dirección puede jugar con esto: acelerar o retrasar la revelación con el ritmo y el tono.
Al reírse de Ignacio sin información suficiente, el espectador reproduce exactamente el comportamiento que la obra critica. Cuando lo descubre, lo sabe. Esa incomodidad es el tema de la obra.
Imaginad que veis a un hombre con sobrepeso correr hacia la parada del autobús gritando con voz aflautada: «Espeeere, espeeeere». El conductor no le oye, cierra sus puertas y se marcha. Puede que os provoque una sonrisa. No está bien reírse de las desgracias ajenas, dicen. Pero una pequeña sonrisa, oye, no tiene nada de malo.
Pero imaginad que ese hombre pretendía asistir a una entrevista de trabajo de vital importancia, y que al perder el autobús no va a llegar a tiempo, va a perder el subsidio del paro y le van a embargar el piso con su mujer embarazada y dos hijos, uno de ellos enfermo. La cosa cambia. Y sin embargo, recordad que antes os habéis reído.
Se están equivocando va de esto. La obra quiere mostrar el injusto y cruel trato que puede llegar a sufrir una persona cuando los demás carecen de información para valorar realmente su situación. Y no solo lo muestra: consigue que el público lo experimente en primera persona, porque durante noventa minutos ha sido parte de ese trato injusto.














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