A fuego
lento
«Sara está en una habitación pequeña, en una especie de sótano, en algún lugar de esta comarca. O de la siguiente.»
Un secuestrador se entrega a la policía y propone un trato. La comisaria escucha. Y juega su propio juego.
Un joven inestable y peligroso se ha entregado espontáneamente a la policía y ha proporcionado la primera pista sobre el paradero de Sara, la joven que tiene secuestrada. Desde el primer momento queda claro que no ha venido a entregarse sino a proponer un juego: libertad y un millón de euros a cambio de la vida de la chica.
La comisaria lo escucha. Toma nota. Y empieza a jugar su propia partida.
Un interrogatorio de quince minutos que acumula tensión hasta un giro final que lo cambia todo.
- Thriller de sala de interrogatorios puro — la tensión se construye únicamente con texto y dos actores. No hace falta nada más.
- Escenografía mínima: una mesa, dos sillas, un reloj de pared y una estufa de butano. El atrezzo es parte del drama.
- Dos personajes con estrategias completamente distintas — cada uno cree estar ganando la partida. El público sigue el duelo sin saber quién tiene razón.
- Giro final que reencuadra todo lo que se ha visto. Una obra que funciona mucho mejor la segunda vez que se lee.
- Representada en Ecuador, España, República Dominicana y Venezuela. Probada en circuitos de microteatro profesional.
Sobria, buena profesional, de principios sólidos. Entra al interrogatorio sabiendo algo que el espectador aún no sabe. Juega con información asimétrica y lo hace con una frialdad que incomoda.
Inestable, cínico, cobarde, peligroso. Se cree más listo que la policía y lo demuestra sin pudor. Ha preparado cada movimiento. Excepto el último.
La comisaria sabe desde el principio algo que el espectador descubrirá al final. El director debe decidir hasta qué punto ese secreto se filtra en la actuación — si la comisaria está completamente fría o si hay momentos en los que casi se le escapa.
El reloj de pared no es decoración — es un personaje más. Marca el tiempo que le queda a Sara y a la obra. El sonido debe estar presente de fondo desde el principio y ganar peso en los silencios.
El elemento más inquietante de la obra aparece casi al final. La dirección debe decidir cómo preparar su presencia desde el principio — la estufa encendida en el rincón puede ser visible o ignorada hasta que la comisaria la orienta.
Guayaquil (Ecuador) · Madrid (España) · Santo Domingo (República Dominicana) · Santa Lucía y Caracas (Venezuela) · entre otros.
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